Transformaciones territoriales en las sierras de Córdoba (Argentina): lógicas de actuación y posibilidades emergentes *
Territorial Transformations in the Low Mountain Ranges of Córdoba (Argentina): Logics of Action and Emerging Possibilities
Transformações territoriais nas serras de Córdoba (Argentina): lógicas de ação e possibilidades emergentes
Denise Mattioli
, Luciana Trimano
Transformaciones territoriales en las sierras de Córdoba (Argentina): lógicas de actuación y posibilidades emergentes *
Cuadernos de Vivienda y Urbanismo, vol. 19, 2026
Pontificia Universidad Javeriana
Denise Mattioli a mattioli@unrn.edu.ar
Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (INRAD), Argentina
Luciana Trimano
Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS), Argentina
Recibido: 16 julio 2025
Aceptado: 16 marzo 2026
Publicado: 02 octubre 2026
Resumen:
Esta investigación analiza cómo las sierras de Córdoba (Argentina) se han transformado en escenarios de disputa donde convergen procesos que tensionan lógicas de actuación territorial antagónicas. Por un lado, el desarrollo urbano intensifica la presión sobre ecosistemas naturales; por otro lado, emergen habilidades y acciones colectivas para su defensa y cuidado. A partir de un enfoque etnográfico no-metropolitano, relacional y multiescalar, se indagan las racionalidades y las tensiones inherentes a ciertas dinámicas socioespaciales contemporáneas. En este marco, se propone una vía de conceptualización que plantea que las localidades de la serranía cordobesa pueden ser comprendidas como espacios intersticiales, que operan como catalizadoras de redes de procesos relacionales. Se busca aportar al campo de los estudios urbanos y de la movilidad mediante una lectura crítica de las transformaciones de las periferias, consideradas no solo en términos de su creciente vulnerabilidad, sino también como escenarios potenciales dotados de agencia frente a la metropolización.
Palabras clave:desarrollo urbano, movilidades, territorios no-metropolitanos, extractivismo urbano-inmobiliario, conservación de la naturaleza.
Abstract:
This research analyzes how the low mountain of Córdoba (Argentina) have been transformed into scenarios of dispute where processes converge to create tensions between antagonistic logics of territorial action. On the one hand, urban development intensifies the pressure on natural ecosystems; on the other hand, collective skills and actions emerge for their defense and care. From a non-metropolitan, relational and multiscale ethnographic approach, the rationalities and tensions inherent to certain socio-spatial dynamics are investigated. In this framework, a conceptualization approach is proposed that suggests that the localities of the Cordoba low mountain ranges can be understood as interstitial spaces that operate as catalysts of networks of relational processes. The aim is to contribute to the field of urban and mobility studies through a critical reading of the territorial transformations of the urban peripheries, considered not only in terms of its growing vulnerability, but also as a potential scenario endowed with agency in the face of metropolization.
Keywords: Urban Development, Mobilities, Non-Metropolitan Territories, Urban-Real Estate Extractivism, Nature Conservation.
Resumo:
Esta pesquisa analisa como as serras de Córdoba (Argentina) foram transformadas em cenários de disputa onde convergem processos que criam tensões entre lógicas antagônicas de ação territorial. Por um lado, o desenvolvimento urbano intensifica a pressão sobre os ecossistemas naturais; por outro, surgem habilidades e ações coletivas para sua defesa e cuidado. Com base em uma abordagem etnográfica não metropolitana, relacional e em várias escalas, são investigadas as racionalidades e as tensões inerentes a determinadas dinâmicas socioespaciais. Dentro dessa estrutura, propõe-se uma abordagem de conceitualização que sugere que as localidades do planalto de Córdoba podem ser entendidas como espaços intersticiais, que operam como catalisadores de redes de processos relacionais. O objetivo é contribuir para o campo dos estudos urbanos e de mobilidade por meio de uma leitura crítica da las transformações territoriais em as periferias urbanas considerado não apenas em termos de sua crescente vulnerabilidade, mas também como um cenário potencial dotado de agência em face da metropolização.
Palavras-chave: desenvolvimento urbano, mobilidades, territórios não metropolitanos, extrativismo urbano-imobiliário, conservação da natureza.
Introducción
Durante un recorrido de campo en la localidad de Nono (Traslasierra, Córdoba), un grupo conformado por técnico/as del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), vecino/as y funcionarios municipales se reunió en la cola del dique La Viña, en pleno julio del 2024. Estaban allí con el propósito de planificar una reserva natural de usos múltiples, que garantice la conservación y manejo sustentable del sector. El paisaje era sombrío: el dique estaba seco, la tierra árida, el viento soplaba con intensidad y las escasas probabilidades de lluvia ofrecían un reflejo inquietante de una crisis que parece irreversible.
Tras unos instantes de contemplación, el silencio fue interrumpido por una vecina que, con entusiasmo, destacó la belleza del lugar. A su lado, una investigadora que lleva años siguiendo de cerca las trayectorias demográficas y urbanísticas en los valles de la serranía cordobesa reaccionó con una advertencia: “Me gustaría poder decir lo mismo, pero el paisaje está cambiando, la expansión urbana es imparable”. Seguidamente, un empleado municipal, conocedor de las problemáticas de la región, agregó resignado: “El panorama es angustiante; el dique La Viña está muy por debajo de su nivel máximo”. Las palabras generaron una atmósfera de contraste entre el asombro y la inquietud; una muestra de las presiones que franquean la región.
Un técnico del INTA intervino en un intento de animar al grupo: “Más allá de la complejidad de la situación, en estos territorios de pequeña escala aún quedan zonas conservadas de bosque nativo. Con esto quiero decir que todavía podemos hacer algo para ordenarlas y evitar que esto siga desbordándose”. El adverbio de tiempo “todavía” resonó como un tenue hilo de esperanza y pareció otorgar cierto alivio a quienes, por un momento, se habían quedado sin respuestas frente al panorama planteado.
Si bien la incertidumbre se mantuvo latente, surgieron nutridos puntos de vista sobre la creación de la reserva: “¿Estamos frente a soluciones a largo plazo o se trata de ‘parches’ que solo buscan contener superficialmente la problemática?”, planteó una técnica del INTA. A la par, dos investigadoras, motivadas por los debates suscitados, formularon interrogantes para explorar el dilema emergente: “¿Es viable conciliar la creciente demanda de suelo por parte del sector inmobiliario y turístico con la conservación socioambiental?”, inquirió una de ellas. “¿Cómo garantizar la protección del territorio ante un desarrollo urbano que avanza casi sin restricciones?”, añadió la otra, con evidente preocupación.
Ese día, a orillas del río Los Sauces, los participantes se enfrentaron a preguntas incómodas. Las problemáticas demandaban respuestas claras, pero en ese entorno seco parecían difíciles de resolver. El debate sobre la creación de la reserva iba más allá de trazar los límites de un área de conservación. Ante el avance del desarrollo urbano, implicaba repensar los territorios y sus ordenamientos en términos de los efectos sobre sus modos y medios de vida. Al mismo tiempo, abría la discusión sobre cómo articular iniciativas colectivas para incidir en una región que experimenta transformaciones vertiginosas.
La escena etnográfica se convirtió en el punto de partida para presentar las dinámicas socioespaciales en conflicto que atraviesan la serranía cordobesa, y exponer los supuestos teóricos que fundamentan esta investigación. En estudios anteriores, planteamos que las localidades serranas no deben concebirse como meros reservorios de una naturaleza prístina o idealizada. Por el contrario, constituyen un escenario complejo donde se plasman tensiones y polaridades que surgen al calor del desarrollo inmobiliario y su lógica extractiva. Esto pone en evidencia que la expansión de la frontera urbana en territorios dotados de atributos naturales se levanta como un componente cardinal de la especulación financiera (Mattioli y Trimano, 2023; Trimano y Mattioli, 2023a; Trimano y Mattioli, 2023b).
En este trabajo, buscamos comprender dicho fenómeno retratando conceptualmente las racionalidades o lógicas de actuación territorial antagónicas que subyacen a determinados ordenamientos y procesos de territorialización. Por un lado, damos cuenta de la lógica impulsada por el boom desarrollista de los últimos veinticinco años, vinculada a la expansión turístico-residencial y a la consolidación del modelo urbano-inmobiliario en áreas periféricas. Por otro lado, exponemos una racionalidad emergente, basada en iniciativas colectivas orientadas a la defensa y al cuidado del hábitat, así como a la promoción de estrategias sustentables frente a los impactos de la creciente degradación socioambiental.
El objetivo de esta investigación, entonces, es evidenciar las sinergias que vienen impulsando la transformación de la región. Este proceso la ha alejado de los atributos que históricamente la definían como rural y natural, para convertirla en un escenario de disputas donde se entrecruzan visiones e iniciativas sustentadas en racionalidades opuestas. Sin embargo, en línea con este primer supuesto, consideramos que no se trata únicamente de territorios en conflicto donde entran en pugna paradigmas dicotómicos. En cambio, advertimos que justamente dicha coyuntura abre ventanas de oportunidad para comprenderlos en su potencial heurístico. Dicho de otra manera, para concebirlos como una lupa desde la que ganar perspectiva para imaginar, diseñar y construir colectivamente nuevas formas de relación con el hábitat.
En este devenir —y retomando el uso del adverbio “todavía” sugerido por el técnico del INTA—, la investigación plantea un segundo supuesto. Se sostiene que los valles serranos, por su localización geográfica, su escala territorial (pequeños pueblos y localidades intermedias) y las redes de confianza interpersonal que allí se tejen, funcionan como espacios intersticiales, capaces de catalizar redes de procesos relacionales que motoricen un habitar más justo y comprometido.
La pesquisa 1 se sustenta en un trabajo de campo etnográfico 2 de carácter relacional, multisituado y multiescalar. A lo largo de más de una década, a través de este enfoque, se fueron comparando las experiencias de dos valles serranos: Paravachasca, al sur provincial, y Traslasierra, al oeste. Considerando dicho acervo de datos, en esta oportunidad, la unidad de análisis se extiende a los tres valles restantes que componen el ecosistema de bosque chaqueño serrano y el corredor turístico mediterráneo. De este modo —a partir del material etnográfico y documental actualizado— se describen los cambios demográficos y espaciales que atraviesan Paravachasca, Sierras Chicas, Punilla, Calamuchita y Traslasierra. Con este conjunto de herramientas metodológicas se fundamentan las lógicas expuestas y se analizan las tensiones que se establecen entre formas diferentes de producción y reproducción social del espacio.
El marco temporal se recorta en dos hitos contemporáneos: la crisis político-económica de 2001 3 y la pandemia de la COVID-19 en 2020. Ambos eventos aceleraron dinámicas vinculadas a lo urbano —intensificadas por las movilidades turísticas y residenciales (De Abrantes y Trimano, 2021)—, adquiriendo tal magnitud, que hoy ocupan un lugar central en la agenda pública. En consecuencia, el abordaje diacrónico de los procesos regionales, así como la identificación de patrones, relaciones y configuraciones territoriales contribuyen a comprender la producción social del espacio serrano contemporáneo en el contexto del extractivismo urbano-inmobiliario (Pintos y Astelarra, 2023) y la financiarización de la tierra y la vivienda (Rolnik, 2021).
Finalmente, este artículo busca aportar al campo de los estudios urbanos y de la movilidad desde el estudio de las transformaciones que acontecen en las periferias. Por ello, en el contexto de la crisis civilizatoria también se inscribe en un ámbito emergente de investigación: el de las transiciones posibles y deseables en espacios afectados por la vulnerabilidad territorial bajo la hegemonía del sector inmobiliario-financiero.
Transformaciones territoriales en las sierras de Córdoba
Las sierras de Córdoba, 4 situadas en la provincia homónima, en el centro de Argentina, se destacan por su diversidad paisajística y ambiental. Cerros, bosques, ríos y microclimas componen un paisaje idílico imponderable. Con esta topografía como marco, la región, antaño, sostuvo una economía rural atada a actividades agrícolas, ganaderas y forestales. Debido también a estas características, en los últimos veinticinco años comenzó a consolidarse como un polo de desarrollo urbano vinculado a la expansión turístico-residencial (Figura 1).

La antesala de esta gran transformación se sitúa en las reformas político-económicas de los años noventa, cuando la desindustrialización y la apertura de nuevos mercados reorientaron el modelo neoliberal hacia el sector financiero y de servicios (De Mattos, 2007). Hasta ese momento, la serranía fue concebida y gestionada como un polo periférico y subsidiario de las dinámicas metropolitanas o rurales tradicionales. Sin embargo, desde comienzos del nuevo milenio, la emergencia de un boom desarrollista con base en el sector de bienes raíces abrió una nueva frontera espacial para la valorización de áreas vacantes.
La exaltación del “urbanismo como modo de vida” y su propagación hacia las periferias impulsó la creación de un mercado de tierras suburbano, rural o alejado de las grandes ciudades, que dio paso a la “urbanización regional extendida” (Brenner, 2013), expansiva, difusa y de baja densidad (Irós, 2020). En consecuencia, la progresiva ocupación y cambio en los usos del suelo (de rural a urbano) multiplicó exponencialmente el espacio de acumulación (Federici, 2020). Al mismo tiempo, desencadenó mutaciones sustanciales en la organización, el funcionamiento, la morfología y la apariencia de las sierras de Córdoba (Martina et al., 2020).
El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 5 (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INDEC], 2023) arrojó datos reveladores sobre la variable demográfica, 6 un componente clave para retratar el proceso de transformación territorial que experimenta la región (Tabla 1).

La provincia de Córdoba se posicionó como el segundo distrito más poblado del país, concentrando el 8,6 % del total de Argentina. El crecimiento provincial de los últimos doce años escaló un 16,1 %, por encima del promedio nacional (14,4 %). Para la región serrana se constata que la tendencia alcista no solo se mantuvo respecto de los registros previos, sino que aumentó considerablemente: la variación intercensal 2001-2010 fue de 19,1 % y la de 2010-2022, de 31,5 %.
Mientras que el Censo 2010 evidenciaba un proceso de explosión demográfica centrífugo —desde la ciudad de Córdoba hacia el Área y la Región Metropolitana de Córdoba (AMC - RMC)—, el de 2022 muestra que el crecimiento lo experimentaron, mayoritariamente, los territorios no-metropolitanos (pequeños pueblos y localidades intermedias). La tendencia demográfica refleja, entonces, un proceso de expansión urbana fragmentado que se dirige hacia pequeñas aglomeraciones turísticas y centros urbanos intermedios. La ejecución de redes viales facilitó el acceso a áreas rurales y de bosque nativo desancladas de las tramas urbanas consolidadas, allanando el movimiento hacia localizaciones periféricas dispersas y escarpadas (Figura 2).

Los valles de Paravachasca (47,5 %, departamento Santa María) y Calamuchita (38,7 %, departamento Calamuchita) registran los valores de evolución porcentual de habitantes más altos para el periodo 2010-2022. Son, en efecto, emplazamientos contiguos que se extienden más allá del AMC y RMC y que reciben la mayor presión inmobiliaria por su ubicación privilegiada que combina centralidad, accesibilidad y conectividad con la capital provincial y la región. La arteria vial RP5 está impulsando nuevos circuitos comerciales y habitacionales en una geografía que aún conserva en relativamente buen estado su estructura ecosistémica. Las localidades que más crecieron son Falda del Carmen (940 %), Valle de Anisacate (265 %), Potrero de Garay (168 %), Villa Ciudad Parque (400 %), Yacanto (179 %) y Los Reartes (109 %).
Aunque en menor medida que los anteriores, Sierras Chicas (departamento Colón) y Punilla (departamento Punilla) también registran incrementos demográficos significativos. En Sierras Chicas —que creció un 31,3 %—, las localizaciones más elegidas fueron La Granja (68 %), Salsipuedes (65 %) y Mendiolaza (43 %). En Punilla, Estancia Vieja (156 %), Mayu Sumaj (129 %) y San Roque (119 %) registraron los mayores incrementos, con un total departamental del 24 %. El crecimiento poblacional propició la conurbación de localidades en torno a las vías de circulación y a enclaves turísticos importantes.
Sierras Chicas es un exponente claro del proceso de urbanización regional: se trata de un valle que en la década previa (2001-2010) había experimentado un alza pico de 31,6 % y que en esta oportunidad mantuvo en valores casi idénticos. Factores como su conectividad con la ciudad de Córdoba (RP E-53) y la incidencia de políticas habitacionales lo convirtieron en un territorio atractivo dentro del AMC. Sin embargo, la saturación progresiva de infraestructuras, servicios y equipamientos públicos desencadenó una mutación radical del perfil de sus localidades en muy pocos años, pasando de ser apacibles poblados turísticos a vigorosas ciudades dormitorio (La Calera, Mendiolaza, Río Ceballos). La conflictividad socioambiental que atraviesa pone en relieve un desarrollo urbano-territorial no planificado (Chiavassa et al., 2017).
El valle de Traslasierra 7 (departamentos San Alberto y San Javier) registra el menor porcentaje de incremento, debido, en gran parte, a su acceso restringido y su lejanía con la ciudad de Córdoba. No obstante, sostiene la tendencia in crescendo con valores porcentuales similares entre los periodos contemplados: variación intercensal 2001-2010 (14 %) y 2010-2022 (16,1 %). Las localidades más elegidas por sus paisajes, virtudes ambientales y por el impulso de políticas públicas orientadas a la promoción del turismo son Luyaba (190 %), San Javier-Yacanto (135 %), Los Hornillos (103 %), Villa de las Rosas (81 %) y Nono (80 %).
Finalmente, áreas rurales que no participan de los entramados económicos de mayor atracción turística —como los departamentos de Pocho y Minas, ubicados en la región Noroeste— mantienen estabilidad o incluso decrecimiento. Esto se explica porque ambos, a pesar de poseer riqueza natural, son escenarios autoidentificados —todavía— como rurales: la ganadería y la agricultura constituyen casi exclusivamente la base de su economía.
La evolución demográfica y los cambios en la distribución espacial de la población permiten inferir que las periferias serranas de la región del centro provincial se están alejando definitivamente de sus connotaciones rurales para convertirse en el epicentro de un campo de disputas en torno a lo urbano. El ritmo y la escala de las transformaciones, en la actualidad, no tiene precedentes. En esa línea se advierte que el mercado inmobiliario —principal promotor y productor de tierra urbana— impacta ostensiblemente en la reconfiguración socioespacial de comunas y municipios, pero también —y, en consecuencia— aviva la emergencia de agenciamientos creativos orientados al cuidado del territorio (Deón, 2023; Trimano y Mattioli, 2023b).
Lógicas de actuación territorial antagónicas
En este apartado se elaboraron dimensiones heurísticas con el propósito de acercar una propuesta conceptual. Hasta acá, se repusieron las transformaciones territoriales que tienen lugar en las sierras de Córdoba para fundamentar por qué se viene convirtiendo en un escenario marcado por desigualdades y asimetrías de poder, es decir, en un campo de disputas, donde se tensionan visiones, iniciativas y ordenamientos sustentados en racionalidades contrapuestas.
Ahora bien, antes de exponer los aspectos que organizan la inteligibilidad de la problemática, es importante subrayar que la región oscila entre lo abstracto —el capital financiero sin rostro— y lo sensible —los cuerpos en el territorio—. En este devenir pendular —en el que coexisten actores, prácticas, intereses e historias—, el desafío fue comprender qué hay detrás de esta aparente polaridad.
En el registro de una mirada crítica, el espacio nunca es neutro; es de forma simultánea generador de relaciones de producción y reproducción, y fuente de desigualdad, exclusión e injusticia (Lefebvre, 2020). Por ello, de manera general, una respuesta radica en que, de manera evidente, aquí confluyen dos perspectivas diferenciadas: por un lado, una que concibe el mundo como un espacio ilimitado y transgrede las fronteras planetarias; y, por otro lado, una visión que reconoce la eco e interdependencia y que procura crear cambios o generar el menor impacto posible. Esta dualidad sociedad-naturaleza —extensamente explorada— pone de manifiesto paradigmas en disputa, reflejo de las tensiones históricas inherentes al territorio (Escobar, 2025; Smith, 2020; entre otros).
Con este cuadro como horizonte, nos preguntamos: ¿por qué las sierras se configuran como un escenario de disputa? ¿Qué se pone en juego en esta confrontación? ¿Qué emerge en el seno de este campo social en conflicto? ¿Qué alternativas podrían rebasar la instancia del conflicto? ¿Existe autonomía entre los polos o están imbricados?
El derrotero de interrogantes y la interpretación de la dialéctica experiencial alumbraron una respuesta aún más precisa: la identificación de lógicas de actuación territorial antagónicas, que operan con sentidos onto-epistémicos diferentes. Estas lógicas traen consigo formas específicas de producir y habitar el espacio que son legitimadas, aceptadas o rechazadas según el contexto (Arzeno y Fernández, 2021). De este modo, autorizan procesos de degradación, desplazamiento, estratificación o exclusión, pero también gatillan alternativas situadas que permiten resistirlos.
Lógica privatista/abstracta
Como se viene retratando, en las sierras de Córdoba se ha profundizado un modelo de desarrollo que responde a la expansión del capital sobre áreas con cobertura rural o natural para la explotación urbanística. Detrás de este mecanismo encontramos una lógica que denominamos privatista/abstracta, debido a que las dinámicas de reestructuración del espacio se asientan en una racionalidad instrumental que persigue la funcionalidad y la productividad por sobre la sostenibilidad socioambiental del territorio.
Bajo un ideal de progreso y desarrollo socioeconómico, las transformaciones en curso han trastocado el metabolismo ecosistémico de la región: el acelerado crecimiento urbano altera el equilibrio ecológico y la relación con la biodiversidad. En este sentido, se trata de un periodo marcado por un profundo desacople entre las dinámicas del desarrollo y los ciclos históricos y vitales del territorio, lo que compromete de manera estructural sus dimensiones física, social y ambiental.
En tal sentido, el incremento de problemáticas ambientales provocadas por la urbanización no planificada 8 es señalado por los habitantes locales, quienes, en el marco de instancias de lucha y defensa territorial, enfatizan la necesidad de comprender el ecosistema serrano. Al respecto, un integrante (35 años) de la Asamblea Ambiental Paravachasca sostiene que “el monte nativo no se reduce a un conjunto de árboles autóctonos, sino que conforma una trama compleja de vida en la que se reproducen los ciclos del agua y del carbono, de la flora y la fauna”. En una línea convergente, otra integrante de la Asamblea (43 años) remarca que este entramado ecológico es, además, “fuente de materiales, alimentos, medicina y sabiduría ancestral, por ello integrar estas dimensiones en la planificación es fundamental para un desarrollo sensible al lugar”.
Así, en un contexto de deterioro ambiental y de cambio climático generalizado, surgen nuevas conceptualizaciones que problematizan las tendencias globales del desarrollo urbano y su relación con la crisis planetaria (Chalamanch, 2024). Categorías como antropoceno, urbanoceno, capitaloceno o chthuluceno intentan explicar los cambios del paisaje derivados de la acción humana, así como los desafíos que estos plantean para afrontarlos. Todas estas nociones remiten a la consagración de una “nueva era urbana global” (Brenner, 2013), en la cual las divisiones entre lo rural y lo urbano se redefinen a partir de configuraciones socioespaciales de mayor complejidad y envergadura, cuya expansión se produce a expensas del medio natural en el que se insertan (Figura 3).

En los valles serranos se advierte, entonces, que la modificación de los regímenes de tenencia y de usos de la tierra rural los ha convertido en un sitio altamente disputado. Esta situación incrementó la presión sobre territorios de bosque protegidos y otros habitados por comunidades originarias y de bajos ingresos, quienes se ven expuestos a una mayor vulnerabilidad socioespacial. La construcción de estigmas territoriales alusivos a lo primitivo, lo regional o lo salvaje allana el camino de la desposesión y la expulsión, arguyendo la necesidad de modernización.
El modelo comunicativo 9 que utilizan las empresas dedicadas a la comercialización de proyectos inmobiliarios se asienta en representaciones simbólicas del territorio como tabula rasa: “Las sierras son nuestras: abrimos caminos y les llevamos el progreso”, refleja un anuncio de un grupo desarrollista con presencia en la región. En contraposición a esta asunción apropiativa, tecnocrática y despolitizada del espacio, en reiteradas jornadas de trabajo en territorio se ha advertido la preocupación de los lugareños ante el acelerado crecimiento urbano. En ese sentido, un vecino de la región señaló con resignación que “el negocio de los loteos es imparable” (habitante de Punilla, 51 años).
De manera coincidente, otro habitante del mismo valle manifestó su inquietud al afirmar que “quienes tienen chacras más o menos grandes son tentados por las inmobiliarias para que se las vendan” (habitante de Punilla, 65 años). Finalmente, otro entrevistado (62 años) de Sierras Chicas advirtió que “muchos terminan cediendo: en poco tiempo aparecen carteles que promocionan la venta de barrios residenciales exclusivos”.
En el plano físico-espacial, la continua y creciente interconexión de los flujos urbano-rurales condujo al surgimiento de conurbaciones entre localidades como nueva morfología espacial de la metropolización (Irós, 2020). Esto da cuenta de un progresivo desdibujamiento y de una homogeneización de los contornos, los usos y las características intrínsecas de las periferias. Cada vez es más frecuente oír entre los nuevos habitantes serranos la necesidad de automóvil para sus desplazamientos cotidianos: “Vivo en La Bolsa, mis hijos van al colegio a Alta Gracia y hago deporte en el club de Anisacate, vivo arriba del auto”, comentó una vecina del valle de Paravachasca (45 años).
Asimismo, la idiosincrasia de los pueblos se desborda y redefine constantemente, creando territorios polifacéticos y contradictorios donde coexisten vivencias heterogéneas y variopintas. En consonancia con las tendencias en boga en torno a la conquista de hábitos saludables —reforzadas por el auge de la industria del bienestar—, muchas localidades abandonaron su impronta campera, pueblerina o aldeana para convertirse en áreas exclusivas (pueblos-marca) orientadas a capitalizar el confort asociado al contacto con la naturaleza. Otras, en cambio, producto del acelerado crecimiento experimentado, pasaron a integrarse en álgidos conglomerados turístico-residenciales
Bajo el ideal de un habitar consciente —proyectando sobre lo rural un modo y medio de vida tranquilo y seguro—, se anexó —especialmente desde la pospandemia— un componente especulativo que refuerza la visión urbanocéntrica y alimenta la lógica privatista que prevalece en la región. La opción de “vivir de rentas”, “sacar provecho a la belleza del lugar” o “generar ingresos pasivos con alquileres temporales” amplificó sustancialmente la crisis habitacional por la incidencia del mercado inmobiliario-financiero.
Anuncios como “Invertir en tierra es la mejor forma de ahorrar. Compra tu terreno en las sierras y desarrolla tu emprendimiento soñado” o “En Serrano Desarrollos estamos comprometidos con transformar la tierra en proyectos con excelente proyección de valorización” realzan una cualidad ampliamente promovida: el espíritu creador del sujeto emprendedor. Apelando a la retórica de la diversificación de ingresos, la independencia financiera y la realización individual, estos discursos producen una abstracción del territorio. La promesa de “inversiones que cambian vidas”, a su vez, funciona como un enunciado performativo que legitima procesos de acumulación y reconfiguración territorial en clave extractiva.
De esta manera, el modelo urbano se naturaliza como la forma privilegiada de valorización, transformando el bosque nativo y sus cuencas hídricas en nuevas urbanizaciones, rutas escénicas y guetos para el consumo. Las sierras de Córdoba, así, se suman a una larga lista de territorios que atraviesan procesos de “destrucción creativa” (Harvey, 2011), a través de emprendimientos de elitización, amenitización, marketinización, securitización, verticalización, turistificación, gentrificación, preservación por adquisición, desarrollo sostenible, entre otros (Janoschka, 2016; Kern, 2022) (Figura 4).

La lógica privatista/abstracta enfatiza asimetrías históricas vinculadas al acceso a la tierra y a la vivienda. Asimismo, contrapone nociones como autonomía, libertad, autodeterminación y autorrealización. El conflicto surge cuando estos valores se banalizan en un contexto sociocultural que fetichiza la calidad de vida asociada al éxito material —oponiendo lo individual a lo colectivo—, ignorando que, en realidad, tales cualidades constituyen, en efecto, la base del ethos relacional (Escobar, 2025) para abordar la crisis ecológica y habitacional.
Lógica de cuidado/afectiva
En el extremo de la hipérbole, advertimos la emergencia de un modelo de acción colectiva orientado a la defensa y el cuidado territorial, respaldado en una aptitud de escucha y pertenencia comunitaria, es decir, fundado en una ética de cuidado por los saberes locales, las costumbres, las identidades y la integridad del ecosistema serrano. A dicha alternativa la llamamos lógica de cuidado/afectiva, vinculada a una modulación de lo sensible —a diferencia de la privatista/abstracta— y encarnada por una población activa que entiende que trivializar las trayectorias históricas es la forma más eficaz de vaciarlas de sus condiciones de existencia y de su contenido político. Como diría Heidegger (2018), la amnesia se afina en la indiferencia, en ese “mirar hacia otro lado”. Por ello, incluso en un contexto donde el progreso avanza a fuerza de topadoras, la comunidad resiste, insiste en organizarse para cuidar el territorio en una “temporalidad vivida”.
Entre los indicios que impulsan a sostener la fuerza de la comunidad organizada encontramos, como señala Massey (2008), que el territorio importa porque lo sentimos. Este registro sensible se vincula con la posibilidad que otorga la convivencia con el entorno natural y la cercanía social de la pequeña escala.
Durante un encuentro de capacitación interbrigadas realizado en la localidad de Nono, en el valle de Traslasierra —al que asistimos como observadoras—, las brigadas forestales de Córdoba se reunieron en asamblea. En ese espacio relataron que su organización surge de la experiencia de habitar los territorios serranos y del compromiso frente a los procesos de devastación ambiental. En este marco, una de las brigadistas (45 años) definió la identidad colectiva del movimiento en los siguientes términos: “Somos brigadistas territoriales y comunitarios, habitantes organizados en la defensa de nuestros territorios. Formamos parte del movimiento de brigadas comunitarias que nace en 2020 en la provincia de Córdoba 10 como una respuesta civil ante la urgencia de la devastación”.
Esta definición fue retomada y profundizada por representantes de otras regiones. Uno de ellos, oriundo de Sierras Chicas (32 años), explicó que “el surgimiento de las brigadas comunitarias implicó construir formas propias de organización desde el arraigo y la vida en el monte”. En la misma línea, otro integrante (35 años) sostuvo que “las brigadas surgen como una construcción colectiva y autónoma. Nos organizamos desde la escucha y la alianza con estas tierras y sus múltiples formas de vida”. En los relatos se evidencia una comprensión de los incendios forestales, no como eventos aislados, sino como expresiones de un entramado socioambiental más amplio.
El vínculo cotidiano con el territorio se traduce en prácticas concretas de cuidado y restauración. Así lo relató una brigadista del valle de Punilla (28 años): “Trabajamos en la prevención, el combate y la reforestación. Recorremos las sierras, conocemos los montes, juntamos semillas y volvemos a plantar”. Estas acciones apuntan a recomponer equilibrios alterados, ya que la pérdida de bosque nativo afecta directamente la capacidad de las cuencas para sostener los ciclos del agua.
Los incendios son vividos por las comunidades como experiencias sensibles y colectivas. Un integrante de la Asamblea Ambiental del valle de Paravachasca (52 años), consultado tras un incendio, recordaba: “Es desolador ver el monte lleno de vida quemarse en segundos”. A la par, otra vecina de la misma organización (31 años) destacaba el carácter movilizador y solidario del acontecimiento: “Fue fuerte ver cómo la gente se organizó, desde las donaciones hasta poner el cuerpo para frenar el fuego y acompañar el dolor”.
De este modo, lo comunitario se despliega en múltiples frentes. Aquí damos cuenta de los más significativos por su urgencia y presencia territorial: la respuesta frente a los incendios y la defensa del agua como bien común. Las comunidades denuncian el avance de obras ilegales que afectan las cuencas —captaciones para barrios privados, riego de canchas de golf y construcción de redes viales— y condensan estas disputas en consignas contundentes tales como: “El agua es para los pueblos y no para las autovías” o “El agua de tu canilla sale del monte”.
En este contexto, lo evidente o manifiesto se hace presente en los relatos locales, en los que el “colapso ecológico” (Svampa y Viale, 2020) se toca, es palpable. La vivencia directa de fenómenos como la escasez de agua o los incendios forestales se traduce en expresiones como “nos secamos”, “nos quemamos” o “nos organizamos para combatir incendios”. Estas frases son el reflejo de una relación próxima y corporal con el entorno, quizá porque la experiencia cotidiana en la naturaleza refuerza el sentido de pertenencia a ella.
Igualmente, la “comunidad chica” —menos densamente poblada— es uno de los principales patrimonios de las localidades bajo estudio (De Abrantes y Trimano, 2021). La escala, en este sentido, posibilita el despliegue de un lazo social más estrecho, de redes más estables y de prácticas de ayuda mutua. Incluso la injerencia en la política pública toma otro cariz. En muchos pueblos, los decisores políticos están atravesados por las problemáticas de sus localidades, pudiendo involucrarse cara a cara en situaciones específicas. Esta cercanía permite que la gestión pública pueda atender demandas y necesidades de manera menos burocratizada y desarrollar acciones —si se quiere— más sensibles y contextualizadas (Figura 5).

La peculiaridad de este fenómeno radica, entonces, en que, en un escenario penetrado por el desarrollo urbano, resulta llamativo cómo —a la par, aquí, “todavía”— se reproducen, fortalecen y multiplican las tramas comunitarias. Esta tensión introduce la posibilidad de concebir a la serranía cordobesa, no solo como un campo de disputas, sino también de posibilidades. Desde esta perspectiva —en la que el conocimiento está anudado a una inscripción biográfica y territorial—, la producción del espacio se construye en coordinación intersubjetiva e interespecies (Haraway, 2019).
Bajo este giro, se activan espacialidades y temporalidades capaces de introducir cruces que generan rupturas. Como señalamos al inicio, se configura un marco que viabiliza racionalidades e instituye relaciones generadoras de “contra-espacios” (Arzeno y Fernández, 2021), acciones “contrahegemónicas” (Lefebvre, 2020; Moreira, 2011) o “territorialidades subalternas” (Sevilla Buitrago, 2008). En todos los casos emerge una lógica de actuación distinta: aquella que sustenta “procesos colectivos de resistencia orientados a la defensa y el cuidado socioterritorial” (Trimano y Mattioli, 2023b). Estas expresiones y experiencias permiten imaginar la construcción de horizontes posibles a través de prácticas reflexivas y activas, protagonizadas por las mismas comunidades.
Entre los proyectos de matriz local encontramos, desde emprendimientos vinculados a la ecología y la sustentabilidad —como huertas agroecológicas, ferias y mercados comunitarios, cooperativas de trabajo en construcción artesanal y bioconstrucción— hasta la conformación de espacios dedicados al resguardo del territorio. Las asambleas ambientales y las brigadas forestales ejemplifican la capacidad de agencia para prevenir y combatir incendios o desmontes, muchas veces generados por el desarrollismo inmobiliario (Figura 6).

Para finalizar, es importante recalcar que las lógicas, en su elaboración, solo se desglosaron con fines analíticos. En lo empírico, no deben comprenderse como dualidades o polos opuestos, sino como tesituras diferentes que coexisten en un territorio donde se yuxtaponen e intersecan relaciones de fuerza. En la intersección entre el territorio entendido como sitio de la querencia y el proceso de urbanización regional, los límites ecológicos y los político-económicos oscilan entre la tradición y la modernidad, entre la sostenibilidad y el colapso. En este despliegue, intentamos reconstruir esas conexiones profundas entre las geografías de la destrucción y la esperanza (Harvey, 2011). Esto porque, como advierten Hedges y Sacco (en Gordillo, 2018), la era contemporánea se caracteriza tanto por procesos de devastación como por la consolidación de movimientos de resistencia.
Aquí “todavía” o aquella “recuperación aún posible”: campo intersticial y redes de proceso
Hasta acá, la indagación nos ha permitido plantear —en términos dimensionales— la emergencia de lógicas de sentido, cuyos principios ontológicos se adhieren a impactos de hecho o de actuación territorial disímiles. Siguiendo a Lefebvre (2020), este encuentro se da porque a través del espacio y su producción, las contradicciones y luchas de cualquier formación social se vuelven tangibles.
No obstante, la propuesta conceptual toma fuerza cuando observamos que ambas lógicas, al ser puestas en relación —al reparar que se determinan recíprocamente en una mecánica reactiva—, no solo confirman tensiones, sino que permiten localizar grietas, pliegues, hendiduras. Así, más allá de los impactos particulares que cada una entraña, pensar en la profundidad de su encuentro conduce a abrir una distancia, un espacio para oxigenar la tensión. En el intersticio de la fricción lógica se conforma un espacio de posibilidad que abre paso al surgimiento de alternativas de interacción socioespacial afectivas, colectivas y coyunturales, que, lejos de ser predefinidas, se gestan en la contingencia.
En esta inflexión, ciertas racionalidades se alzan frente a los embates extractivos que engendra el capitalismo. Es una especie de llamamiento a un rediseño ontológico relacional del territorio (Escobar, 2025), que parte del lugar habitado y que contempla la dimensión material, pero también subjetiva, que participa de los procesos de apropiación del espacio (Hiernaux-Nicolás, 2020). Como en un proceso de gelivación, la acumulación y la sedimentación de estas tensiones propician la irrupción de formas inéditas de organización y sentido. En palabras de Mark Healey (en Gordillo, 2018), emerge una “invitación a la transformación” que viabiliza el entusiasmo y la potencia de construir otros horizontes posibles, superadores del modelo extractivista.
En este contexto de huellas, signos y sentidos —retomando el adverbio “todavía” sugerido por el técnico del INTA y siguiendo a Donna Haraway (2019), quien propone nuevas formas de relación multiespecies para tejer mundos aún posibles en tiempos urgentes—, el paisaje serrano se convierte en un espacio entre, en un campo de interacción intersticial del que pueden florecer redes de procesos relacionales. La autora sugiere que lograr este objetivo requiere “pensar con otros, hacer con otros y configurar mundos en compañía”.
Bajo esta tesitura, la potencia de la pequeña escala se levanta como una oportunidad. Aquí “todavía” existe la contingencia de que las cosas sean en su naturaleza. Esta idea nos acerca a la experiencia en sí misma, al encuentro cercano con los otros, al “diálogo de saberes” (Freire, 2005). Todos rasgos imprescindibles para recuperar la memoria de los territorios, interconectar experiencias y construir narrativas tentaculares que sellen marcas políticas. Así, a pesar de las microsituaciones emergentes, dichos escenarios se perfilan como espacios viables con potencia heurística para imaginar y construir colectivamente otras formas de vinculación sociedad-naturaleza. Desde allí, el paradigma de las transiciones justas o civilizatorias resuena como horizonte de inspiración activa para desandar el camino que perpetúa la lógica privatista/abstracta hacia el colapso ecológico.
Reflexiones finales
Esta investigación permitió comprender y presentar a las sierras de Córdoba, en la actualidad, como un campo de disputas donde convergen procesos socioespaciales tensionados por lógicas de actuación territorial antagónicas: por un lado, una lógica privatista/abstracta; por otro lado, una lógica de cuidado/afectiva. En líneas generales, el análisis se centró en las racionalidades que subyacen a estas dinámicas y en sus tensiones palmarias.
Desentrañar las múltiples aristas —territoriales, afectivas, políticas— de este fenómeno requirió llevar adelante un ejercicio analítico orientado a facilitar su comprensión. Así, las lógicas en disputa, en tanto dimensiones heurísticas, fueron concebidas como categorías de la experiencia para hacer de lente e imaginar espacios de lo posible. A través de un enfoque etnográfico no-metropolitano, relacional y multiescalar, y un abordaje documental, se identificaron las mutaciones más significativas de los valles serranos durante los últimos veinticinco años. En este periplo se fueron revelando aquellas pulsiones vedadas y ostensibles que vienen traccionando el presente de la serranía, dejando en evidencia tanto su fragilidad como su potencia.
Si bien se recuperó la transformación territorial regional, aquí, el hallazgo central fue el reconocimiento de esas racionalidades en pugna que, justamente, la activan. De este modo, luego de postular que el territorio serrano se constituye como un campo de sentido atravesado por disputas y posibilidades, se propuso una lectura teórica superadora: entenderlo también como un campo intersticial, es decir, como un nodo activo de redes de procesos relacionales. Esta categoría nos permitió trascender miradas dicotómicas y funcionalistas, habilitando una comprensión del espacio como ámbito de agencia, significación y contingencia. Así, la propuesta tiene en su base la intención de aportar, desde una mirada situada, nuevas perspectivas al debate urbano-territorial y móvil.
El caso serrano es paradigmático porque ilumina tensiones estructurales propias del vínculo sociedad-naturaleza y objetiva una problemática contemporánea extensible a otras latitudes: la expansión de la urbanización especulativa sobre ecosistemas frágiles. Este acontecer plantea desafíos urgentes para la planificación territorial, la conservación ambiental y la garantía de derechos comunes. Así, mientras desde las agendas globales los territorios parecen tornarse desechables, bajo la lógica de un progreso inalcanzable, a la par, emergen racionalidades in situ que resisten el avance extractivo con sus propias agendas.
La escena etnográfica con la que iniciamos este recorrido —la creación de la reserva natural de usos múltiples en Nono— ejemplifica cómo se abren instancias de diálogo interinstitucional, intersectorial y transdisciplinario en la búsqueda de soluciones a conflictos territoriales. Volver a los interrogantes surgidos durante aquella jornada de campo en el dique La Viña permite dimensionar lo difícil que resulta conciliar la presión inmobiliario-turística con la conservación socioambiental. Sin embargo, estas sinergias locales vislumbran un camino posible hacia la incursión en las micropolíticas de la transición que se avivan en las grietas del modelo dominante.
Desde esta perspectiva, el habitar serrano se plantea como una práctica situada en los intersticios de visiones e iniciativas polarizadas, desde donde promover formas relacionales de gestión, producción y convivencia en ecosistemas frágiles y fluctuantes. Particularmente, en la pequeña escala con atributos ambientales y paisajísticos, redefinir la planificación urbano-territorial desde una mirada de sustentabilidad integral —que priorice el cuidado, la participación y la proximidad— se vuelve crucial para afianzar alternativas frente al avance del capital inmobiliario.
“Vivir en la naturaleza”, en este sentido, no tiene nada que ver con el consumo de una postal idealizada; por el contrario, implica asumir la complejidad de territorios marcados por tensiones, contradicciones y disputas. Lejos de ser bordes pasivos de la expansión metropolitana, las sierras se levantan como espacios activos de transformación y resistencia. Son, en definitiva, laboratorios heurísticos desde los que se puede repensar nuestra relación con el entorno, explorar horizontes de convivencia y proyectar futuros posibles frente a los retos socioambientales contemporáneos.
Referencias
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Notas
*
Artículo de
investigación
1
Este trabajo se sustenta en una trilogía teórica (Trimano y Mattioli, 2023a; Mattioli y Trimano, 2023; Trimano y Mattioli, 2023b), cuya unidad argumental es el estudio de las transformaciones territoriales en la serranía cordobesa. La investigación fue financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). En el valle de Traslasierra comenzó en el año 2010 y en Paravachasca, en el 2014.
2
Se utilizó una metodología mixta combinando entrevistas en profundidad, observaciones, recorridos comentados y fuentes documentales (archivos históricos, censos e imágenes satelitales).
3
Crisis político-económica argentina —conocida como corralito financiero— que implicó la confiscación de los depósitos bancarios de la población. Su posterior liberación incentivó operatorias en el mercado inmobiliario, promoviendo la inversión en ladrillos como resguardo de ahorros y destino de excedentes empresariales.
4
Presentan tres unidades orográficas (de norte a sur): el Cordón Oriental o Sierras Chicas, el Cordón Central o Sierras Grandes y el Cordón Occidental. Entre las cadenas montañosas se extienden prolongadas depresiones que albergan los valles de Paravachasca, Traslasierra, Calamuchita, Punilla y Sierras Chicas.
5
Presenta limitaciones y sesgos: 1) diferencias en desagregación geográfica: los datos del Censo 2022 se publicaron por municipios, no por localidad; 2) cambio de base conceptual: el Censo 2010 fue de hecho, el 2022, de derecho; 3) autoempadronamiento; 4) efecto de movilidades internas y actualización de domicilio.
6
La variable demográfica es relativa: al ser una región turística concentra población permanente y transitoria.
7
Para la Agencia Córdoba Turismo, la región transerrana se divide en dos áreas: Noroeste (Pocho y Minas), que representa un atractivo turístico en desarrollo, y Traslasierra (San Alberto y San Javier), que apropiándose del nombre del valle consolida su marca turística. Aquí focalizamos en la última por responder a las dimensiones del análisis.
8
Los impactos del extractivismo urbano-inmobiliario se detallan en Mattioli y Trimano (2023).
9
Un estudio de los discursos que moviliza el sector empresarial para alentar la comercialización de bienes raíces e instalar como nicho de mercado el “vivir en la naturaleza” se encuentra en Trimano y Mattioli (2023a).
10
Un análisis extendido de esta experiencia puede encontrarse en Trimano y Mattioli (2023b).
Notas de autor
a Autora de correspondencia. Correo electrónico: dmattioli@unrn.edu.ar
Información adicional
Cómo citar: Mattioli, D. y Trimano, L. (2026). Transformaciones territoriales en las
sierras de Córdoba (Argentina): lógicas de actuación y posibilidades
emergentes. Cuadernos de Vivienda y
Urbanismo, 19.
https://doi.org/10.11144/Javeriana.cvu19.ttsc