Aqua Sapiens: un manifiesto escénico para encenegar el pensamiento y resalvajar la creatividad *

Aqua Sapiens: A Theatrical Manifesto for Enswamping Thought and Rewilding Creativity

Aqua Sapiens: um manifesto cênico para alagar o pensamento e reselvaginizar a criatividade

Eloísa aramillo Arango , Camilo Andrés Sierra Pacheco

Aqua Sapiens: un manifiesto escénico para encenegar el pensamiento y resalvajar la creatividad *

Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas, vol. 21, núm. 2, 2026

Pontificia Universidad Javeriana

Eloísa aramillo Arango

Profesora del Departamento de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia


Camilo Andrés Sierra Pacheco

Actualmente cursa la Maestría en Estudios Culturales y el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana, Colombia


Recibido: 09 enero 2026

Aceptado: 06 marzo 2026

Publicado: 01 julio 2026

Resumen: Este artículo es un ensayo escénico de frontera que busca proponer, en torno a la inteligencia del agua, conexiones entre sistemas vivos para resalvajar la creatividad y encenegar el pensamiento. A través de diversos gestos especulativos, tejemos hilos de agua en los que historias, teorías, declaraciones y experiencias se conectan, llevándonos a sumergir nuestra imaginación en las tierraguas de la ciénaga de la Virgen y de la selva de la Amazonía, de modo que su (in)flujo nos permita devenir criaturas cenagosas y selváticas. Como resultado de este proceso creativo de escritura a cuatro manos, presentamos un manifiesto que performa una ontoepistemología cenagosa y selvática de la que emergen posibilidades para humedeSer. Finalizamos con una invitación a poner en escena prácticas acuosas de pensamiento, basadas en la escucha ecosomática, la inmersión y el compostaje para imaginar porvenires que conjuren la vida al margen de las narra-tivas apocalípticas del futuro. Este artículo forma parte del proyecto de investigación+creación Aqua Sapiens.

Palabras clave:agua, posthumanismo, manifiesto, ecosomática, Amazonía, ciénaga de la Virgen.

Abstract: This article is a theatrical, peripheral essay that attempts to link living systems with the purpose of rewilding creativity and enswamping thought around the intelligence of water. Through various speculative gestures, we weave threads of water in which stories, theories, declarations and experiences come together, moving us to submerge our imaginations in the landwaters of the Ciénaga de la Virgen and the Amazonian rainforest, in such a way that their (in) fluence might allow us to become marshy, jungly creatures. As a result of this four-handed creative writing process, we present a manifesto that performs a swampy, marshy, jungly ontoepistemology, from which opportunities to wetxist ourselves emerge. We end this proposal with an invitation to act out aqueous thought practices, based on ecosomatic listening, immersion and composting, to imagine hereafters that conjure a life on the edges of our apocalyptic stories of the future. This article is a part of the artistic-research project Aqua Sapiens.

Keywords: water, posthumanism, manifesto, ecosomatics, Amazon rainforest, Ciénaga de la Virgen.

Resumo: Este artigo constitui um ensaio cênico de fronteira que visa propor, em torno da inteligência da água, conexões entre sistemas vivos para reselvaginizar a criatividade e alagar o pensamento. Através de diversos gestos especulativos, tecemos fios de água nos quais conectam-se histórias, teorias, declarações e experiências, levando-nos a mergulhar a imaginação nas terráguas da Ciénaga de la Virgen e da floresta amazônica, de modo a devir criaturas lamacentas e selvagens sob seu (in)fluxo. Como resultado desse processo criativo de escrita a quatro mãos, apresentamos um manifesto que performa uma ontoepistemologia lamacenta e selvática da qual emergem possibilidades para humedeSer. Concluimos com um convite para encenar práticas aquosas de pensamento, baseadas na escuta ecossomática, imersão e compostagem, para imaginar porvires que conjurem a vida além das narrativas apocalípticas do futuro. Este artigo faz parte do projeto de pesquisa-criação Aqua Sapiens.

Palavras-chave: água, pós-humanismo, manifesto, ecossomática, Amazônia, Ciénaga de la Virgen.

Lo que hace tan interesante al tiempo que estamos viviendo (y por lo cual todavía creo que es útil hacer esto manifiesto por medio de un manifiesto) es que estamos descubriendo progresivamente que, justo en el momento en que la gente está desesperada al darse cuenta de que podría, al final, “no tener futuro”, de pronto tenemos muchos porvenires. Latour (2010, 486)

HumedeSer

Este planeta, cuyo nombre más conocido es Tierra, está compuesto principalmente por agua. El agua, en sus múltiples estados, permea todos sus cuerpos; está presente en el citosol que contienen las células, al igual que en los lahares y magmas que expulsan los volcanes: agua plasmática, lodosa, ardiente. Existimos, como lo señala James Love-lock (2021, 74), en un planeta oceánico. Nuestras existencias están impregnadas por el agua. Somos seres húmedos. La humedad conecta nuestros múltiples cuerpos y entornos, facilitando los intercambios de materia, energía e información entre ellos. En este momento, nuestros cuerpos celulares respiran y, al hacerlo, expulsan agua. Respiramos y exhalamos agua en forma de vaho. Estamos humdeSiendo.

Barad (2007) nos invita a pensar el mundo como un proceso abierto y dinámico de intra-actividad, en el que nada preexiste a sus relaciones, pues todo lo que existe emerge a través de las intra-acciones específicas que se materializan continuamente en los fenómenos, por medio de los cuales pueden definirse los límites, las propiedades y los sentidos de las entidades que intra-actúan. En otras palabras, que la materia adquiere significado y forma a través de la realización de diferentes posibilidades agenciales (141). De esa manera, en cuanto cuerpos materiales que cobran forma, vida y sentido en cada encuentro a cada instante, estamos implicadxs en el devenir del universo, y tenemos la responsabilidad de agenciar relacionalmente posibilidades que sostengan su/ nuestra vitalidad.

Por eso, cuando hablamos de “nosotrxs”, no lo hacemos para referirnos a una colectividad integrada por “individualidades”. No nos referimos, en sentido individualizante, a lxs humanxs que se supone que escribimos este texto o a aquellxs que se supone que lo están leyendo. Nos referimos a los millones de cuerpos micro y macroscópicos que se entrelazan entre sí continuamente para darles forma a estos pensamientos y hacer posible esta escritura: cuerpos mojados, atravesados e influidos por el agua; cuerpos fronterizos cuyas membranas semipermeables están en flujo constante. Haraway (2008), siguiendo el llamado de Barad (2007), sostiene que “todxs lxs 1 agentes se vuelven quienes son en una danza de relaciones” (25), una danza en la que lxs danzantes se enredan y recomponen a través de las formas que ponen en escena.

Nuestra invitación, entonces, es a entrar en una danza de relaciones con las aguas: dejarse impregnar, permear, humedeSer. Deseamos que de las exploraciones que proponemos en este ensayo escénico broten otros modos de sentir, pensar, imaginar y devenir en relación con las aguas, y que las conexiones entre agentes vivos nos permitan resalvajar nuestra creatividad y encenegar nuestro pensamiento. Que el agua que pasa por nuestros cuerpos disuelva las fronteras entre ellos y nos sumerja en una danza acuosa que inunde la escritura y desborde su puesta en voz. Que esta escritura destinada a la escena nos recuerde. Que recuperemos el vínculo sagrado con el agua: que intuyamos su consciencia, su memoria antigua, su misterio.

Desde hace tiempo, quienes escribimos venimos investigando sobre cuerpos de agua en Colombia desde aproximaciones transdisciplinares, que van desde las artes y los estudios culturales al derecho y las ciencias sociales. En nuestros trayectos, a unx de nosotrxs, en una inmersión selvática de varios años, lx devoró la selva; a otrx, que nació en Cartagena y durante la mayor parte de su vida solo escuchó de playas y caños, se lx tragó una ciénaga. Para ambas, el contacto con la selva amazónica, en particular con el río Amazonas, y con la ciénaga de la Virgen nos afectó de tal modo que devinimos otrxs: nuestras vidas, así como nuestros procesos de pensamiento y creación, se transformaron profundamente; y las aguas de esos cuerpos, que, a pesar de su distancia parecen compartir el mismo “destino final”, nos juntaron de tal modo que empezamos a investigar y crear juntxs.

Escribimos este manifiesto escénico como un ensayo fronterizo “a cuatro manos”, en un fluido escritural y de pensamiento, buscando mimetizar la operación del agua que se mez-cla, se amolda, sigue su curso, todo lo humedece y todo lo transforma. Este ejercicio de escribir juntxs y de imaginar los vínculos entre la ciénaga de la Virgen y el río Amazonas es una apuesta por pensar en relación, yendo y viniendo como los flujos materiales del agua, adaptándonos a los ritmos y las circunstancias de quienes escribimos, en un continuum sin rumbo predeterminado, agregando siempre algo a nuestras experiencias de pensamiento y de creación. Es una activación acuática del pensar juntxs, un ejercicio imaginativo que nos lleva a desplazar nuestra condición de sapiens del homo al aqua; una forma de encarnar la cognición ecológica en nuestros procesos creativos e investigativos.

Brotes de agua

Las narrativas dominantes sobre el futuro están repletas de visiones apocalípticas. La ciencia ficción viene construyendo desde hace décadas imágenes en las que se acaba el agua, sobrevivientes de la especie humana viven en socavones, las máquinas lo dominan todo y en la Tierra se destruyen todos los “ecosistemas naturales”. A su vez, muchas investiga-ciones científicas afirman con datos y pruebas que estamos en un punto de no retorno, y corrientes del activismo ambiental nos construyen una cotidianidad llena de sensaciones culposas y de impotencias. Es un imaginario de urgencia y sin salida. El río Amazonas no escapa a esas narrativas. La ciénaga de la Virgen tampoco.

Se dice que el río Amazonas se seca y, al mismo tiempo, que la ciénaga de la Virgen es una cloaca. Se identifica la ciénaga con el olor fétido de la podredumbre; se hacen explotaciones de petróleo en la selva que agrietan el suelo, debilitan el subsuelo y generan derrames devastadores. Se expulsan los desechos de los humanos que visitan y residen en Cartagena en la ciénaga de la Virgen; nos dan cifras alarmantes sobre la deforestación de hectáreas de bosque tropical que crece a cada minuto; y nos anuncian que el agua dulce del Caribe desaparecerá en pocos años.

¿Qué hacer con esas narrativas catastróficas?

¿Qué efectos producen en nosotrxs?

¿Hacia dónde nos conducen?

Creemos que esas narrativas nos llevan a la inmovilidad de la parálisis, que parece abocarnos irremediablemente hacia la aridez en este planeta acuático. Krenak (2022) nos convoca a dejar de pensar el catastrófico “fin del mundo” para pensar en los fines de los mundos que se expanden en estos tiempos, en esas orillas costeras que transportan tantas aguas con tantas historias que no conocemos, que generan mundos que son y que podrían ser. Sus palabras nos alivian frente al desasosiego que provocan las narrativas del fin:

Nosotrxs no podemos rendirnos a una narrativa del fin del mundo que nos aterra y ensombrece, porque esa narrativa solo sirve para hacernos desistir de nuestros sueños, y dentro de nuestros sueños están las memorias de la Tierra y de nuestrxs ancestrxs. Vivimos en un mundo que nos obliga a sumergirnos profundamente en la Tierra para recrear mundos posibles. 2 (20)

Nos interesa sumergirnos en las aguas de este planeta y contar historias de las que broten otras posibilidades para pensar en alianza y con-vivir. Coincidiendo con Lovelock (2021), creemos que necesitamos otra ruta que no sea la del pensamiento lógico “clásico” y lineal. No es haciendo más estudios ni más aplicaciones de los conceptos establecidos a través de métodos analíticos que lograremos cruzar las fronteras de los paradigmas científicos y artísticos vigentes. Necesitamos prácticas artísticas generativas y ciencias sociales complejas, que nos ofrezcan alternativas para pensar y vivir más allá del antropocentrismo, los determinismos, la linealidad y los reduccionismos (Maldonado 2016). Nosotrxs, que pensamos en lo imposible como un modo de lo posible, decidimos optar por las espirales y remolinos que encontramos en nuestros caminos para contar historias juntxs. Por eso, en este ensayo escénico, decidimos dejarnos salpicar, arremolinar, inundar, desbordar, compostar, fluir, escurrir y poner en el centro el pensamiento intuitivo para explorar posibilidades inusitadas, porvenires que ni siquiera hemos alcanzado a imaginar, maquetas de mundos que nos permitan entrar en lo impredecible y pensar lo impensado.

Nos seduce la idea de pensar en historias del futuro. Creemos que pensar el futuro es, de alguna manera, prefigurarlo. No solo se trata de pensar lo que no existe, ni parece posible, ahora; se trata, sobre todo, de adentrarse en los fractales de la (im)posibilidad que le dan forma al túnel material del espacio-tiempo, y jugar con las similitudes y diferencias de los patrones trazados por los fractales. La ciencia ficción nos ha llevado a experimentar tantas (im)posibilidades que nos parece un camino adecuado para futurizar y dar vida a inexisten-tes actuales que virtualmente podrían llegar a ser. Le Guin (2021) nos propone pensar la ciencia ficción en los siguientes términos:

La ciencia ficción correctamente concebida, como toda ficción seria, por divertida/extraña que sea, es una forma de tratar de describir lo que realmente está sucediendo, lo que la gente realmente hace y siente, cómo las personas se relacionan con todo lo demás en esta vasta bolsa, esta panza (vientre) del mundo, este vientre de cosas por ser y tumba de las cosas que fueron, esta historia interminable. (14)

En “tiempos de catástrofes”, nos parece importante juntarnos para contar historias que humedezcan la aridez del gran relato que nos han contado y nos muevan a sumergirnos en los océanos de historias (re)generativas que contiene el vientre de este planeta. Es necesario que reconozcamos que “importa qué mundos mundializan mundos. Importa qué historias cuentan historias” (Haraway 2019, 69); y que “tenemos una desesperante necesidad de otras historias, […] de historias que narren cómo se pueden transformar algunas situaciones cuando quienes las padecen logran pensarlas juntxs”, que versen “sobre el pensar juntxs como ‘obra por hacer’, que nos permitan “repoblar el desierto devastado de nuestras imaginaciones” 3 (Stengers 2017, 130). Despret (2022) reconoce que las historias tienen la capacidad de poner(nos) en movimiento y abrirnos a otros devenires; que cada historia que contamos compromete en un doble sentido: no solo se implica en la trama de las otras al producir nuevas historias, sino que modifica su alcance en cuanto les ofrece nuevas significaciones.

Este manifiesto adopta la forma de un cauce por el que fluyen historias comprometidas que nos mueven a pensar, sentir e imaginar otros sentidos, rutas y devenires para nuestros presentes y porvenires en este planeta. Es un cauce que se materializa simpoiéticamente a través de las relaciones entre nuestros cuerpos acuosos. Nos interesa desplegar un ensayo escénico en el que podamos tantear futuridades y futurizar a partir de las infinitesimales gradaciones, expansiones y curvaturas de lo posible para cambiar la forma de los sentidos sobre “el Futuro” y “la Vida” que tendemos a imaginar, esos que suelen desfuturizarnos, es decir, despojarnos de futuros. Proponemos, a través de diversos gestos especulativos, recolectar en este ensayo historias, teorías, declaraciones y experiencias que nos conduzcan a sumergir nuestra imaginación en las aguas de una ciénaga y en las de un río amazónico, de modo que su (in)flujo nos lleve a devenir criaturas cenagosas y selváticas. Para enredar nuestras historias con otras tantas historias, nos gustaría partir de otro punto y retorcer la génesis de nuestro pensamiento. Proclamamos, entonces, que agua somos y en agua nos convertiremos. Es hora de abandonar el polvo y los futuros desérticos, cenizos, ardientes. Es hora de volver a sumergirnos en las aguas de las cuales, no hace mucho, emergimos.

Manifestaciones

Desde mediados del siglo XIX, los manifiestos han estado asociados a declaraciones artístico-políticas de principios de vanguardia sobre el futuro. Esas declaraciones, al mismo tiempo que afirman principios, se distancian, denuncian, rompen o plantean alternativas a aquellos valores que las precedieron y que ordenaron las formas humanas dominantes de vivir, conocer y experimentar. El primer manifiesto en este sentido fue el Manifiesto comunista, publicado en 1848, cuyo efecto mariposa conllevó una serie de vientos arremolinados que impulsaron los manifiestos de las vanguardias artísticas del siglo XX: la patafísica, el futurismo, el surrealismo, el dadaísmo, el creacionismo, el cubismo, el estridentismo, y otros movimientos se impulsaron entre sí con las potencias de sus procesos creativos.

El fantasma que dicho manifiesto anunciaba recorrería Europa en 1848 y se extendería a las Américas más allá de las artes. Hacia finales del siglo XX, en medio de otras coyunturas y necesidades, este fantasma inspiró la figura espectral del cíborg que ensayó Haraway en su Manifiesto cíborg (2020), publicado en 1985, el cual revolucionó los estudios sociales de las ciencias, las tecnologías y las culturas con su invitación a rechazar las divisiones binarias esencialistas (por ejemplo, entre lo natural y lo artificial) y a moverse más allá de las fronteras establecidas por los órdenes humanistas, capitalistas y desarrollistas modernos. El trabajo de Haraway ha actuado como una fuente generadora de múltiples posibilidades creativas y, en particular, como cantera para otros manifiestos, como el Manifiesto de las especies de compañía (Haraway 2003), el Manifiesto xenofeminista (Hester 2018) o el Manifiesto por unos estudios poshumanos de la creatividad (Harris y Holman Jones 2022).

Latour (2010) ensayó también su propio manifiesto, movido por las provocaciones de Haraway (a quien lo dedicó), el cual nombró con el neologismo “composicionista”, que pone de presente que las cosas pueden (y deben) reunirse sin sacrificar su heterogeneidad para com-poner figuras, mundos y seres como nosotros mismos. En ese ensayo, Latour se preguntaba por qué escribir un manifiesto para explicar el viraje del futuro al porvenir cuando el tiempo del manifiesto “ha pasado hace mucho”. Expresa, entonces, que los grandes manifiestos del siglo XX estaban basados en la idea del tiempo lineal inevitable e irreversible sostenida por la narrativa belicosa moderna, que actuaban como gritos de guerra destinados a acelerar el movimiento y la marcha del progreso. Estos dispositivos, entre otras cosas, permitían distinguir a quienes fueran “progresistas”, “arcaicos” o “reaccionarios”.

En una época similar al tiempo en el que escribimos este ensayo, en medio de la celebración de la 30º Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC) en Brasil, Latour (2010) ejemplificaba esas divisiones categóricas con las posiciones de lxs participantes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de Copenhague (COP15) para mostrar que un manifiesto podría no ser tan inútil en momentos como este, en cuanto permitiría manifestar cambios sutiles pero radicales en proceso: en el caso de su manifiesto, un desplazamiento de la noción de progreso inevitable a la de progresión tentativa y preventiva, es decir, “un cambio en la definición de lo que significa progresar, procesar hacia delante y encontrar nuevos prospectos” (473), no como un grito de guerra para acelerar a toda prisa, sino como un cambio en la forma de avanzar y de moverse en el tiempo.

Por eso, en medio de tiempos extraños en los que proliferan narrativas apocalípticas, individualistas, de discursos extremistas que resucitan doctrinas expansionistas, queremos expresar, por medio de un manifiesto, los cambios que nos han transformado en nuestros procesos creativos y que nos han llevado a dinamitar la autoría individual, a humedeSer y resalvajar nuestra creatividad, a encenegar el pensamiento, a movernos de otros modos y en otras direcciones al investigar y al crear. Inspiradxs por los manifiestos de nuestrxs antecesorxs, queremos volver sobre la etimología de la palabra manifiesto y recuperar el sentido de “coger con las manos” o “captar in fraganti” para expresar el contacto, la espontaneidad y la potencia creativa que acarrean las manifestaciones que proponemos. Al pensar en el manifiesto como forma de expresión creativa, imaginamos un calamar bioluminiscente que navega por el fondo abisal: sus destellos encuentran por sorpresa a otros seres en medio de la oscuridad del lecho marino; con ellos, manifiestan su llegada y el “fin” de sus presas, a las cuales confunde cuando se mimetizan con la luz de la superficie.

Deseamos acercarnos a los porvenires con atención, esperanza y apertura a las posibles sorpresas que podamos experimentar en la confluencia de procesos actuales y virtuales. Nos interesa, entonces, declarar algunos principios que actúen como las aguas de un río que fluye por su cauce hacia su encuentro por venir con las aguas marítimas y oceánicas. Por ello, hemos decidido escribir un manifiesto cenagoso selvático, creado en compañía de otros seres más-que-humanxs, en medio de las circunstancias de nuestra vida contemporánea que nunca halla el vacío ni el silencio, que dificulta el encuentro y que captura nuestras atenciones en un sinnúmero de estímulos. Aun así, queremos insistir, intentar, apostarle a la posibilidad de una escritura acuosa, fluida y relacional, en la que se diluyan las fronteras para que la agencia creativa actúe como una fuerza extensiva que circule por nuestros cuerpos.

Manifiesto cenagoso selvático

Este manifiesto sigue el ejercicio de activar una escucha ecosomática del río Amazonas, la ciénaga de la Virgen y las relacionalidades que les unen y nos conectan con sus aguas. Presentamos 14 principios para abordar nuestras investigaciones, atendiendo a los flujos y movimientos que nos permitan activar creatividades selváticas y cenagosas para navegar entre escalas, temporalidades y materialidades.

  1. 1. Confiaremos en la creación, en sus incertidumbres y en su potencial de ampliar el campo de lo conocido, de imaginar lo inimaginable y de maquetar mundos.

  2. 2. Validaremos la intuición. Iremos al cuerpo y lo consideraremos brújula para nuestro quehacer investigativo.

  3. 3. Inventaremos nuevas palabras y conceptos. Creemos que muchos de los existentes ya no dan cuenta de la complejidad de nuestro mundo y han dejado de responder a las formas de nombrar que necesitamos en estos tiempos.

  4. 4. Investigaremos desde una ecología enraizada en tierragua, siempre en interconexión radical, y nos asociaremos con otros seres existentes para devenir creativxs.

  5. 5. Encenegaremos nuestro pensamiento y optaremos por hundirnos en la frondosidad de la experiencia sin ceder a los estándares científicos de la transparencia, la asepsia y la productividad incesantes.

  6. 6. Resalvajaremos nuestra creatividad. Haremos de la investigación un proceso de inmersión y composición de mundos que nos permita explorar otras escalas y posibilidades sensoriales, más allá de las formas y rutas domesticadas.

  7. 7. Asumiremos la acuosidad de nuestros cuerpos como una disposición del pensamiento: no fijaremos nada, optaremos por la adaptación flexible, es decir, por la vida como proceso que emerge a través de multiplicidad de formas y alianzas.

  8. 8. Para futurizar e imaginar juntxs porvenires, nos ensamblaremos entre nosotrxs, humanxs, y nuestros parientes más-que-humanxs.

  9. 9. Nuestro pensamiento-escritura será en movimiento: caminando, danzando, nadando, jugando. Nos aventuraremos a hacer experimentos y a interesarnos por las experiencias con las que nos encontremos en nuestros procesos, saliéndonos de los corsés disciplinares (auto)impuestos y abriéndonos a que el contacto con lo nuevo nos transforme.

  10. 10. Haremos de nuestra práctica acuosa una ontoepisteme. Que el ir haciendo se vuelva nuestro método para humedeSer, mundificar y construir conocimientos.

  11. 11. Nos entregaremos a la incertidumbre del porvenir con optimismo y adoptaremos un compromiso especulativo con las imaginaciones de futuros radicalmente distintos a los imaginados por las narrativas del colapso.

  12. 12. Aprenderemos y educaremos para impulsar activaciones creativas relacionales y ecológicas que nos permitan pensar la complejidad de las experiencias que nos atraviesan.

  13. 13. Asumiremos la investigación como una forma de vida ecosomática que nos permita atender con cuidado a las relaciones entre los cuerpos-entornos que nos conforman, escuchar lentamente sus ritmos y armonizar con sus vivacidades.

  14. 14. Concebiremos la noción de tecnología en un sentido amplio. Incluiremos las tecnologías selváticas y cenagosas, probablemente primas hermanas de las tecnologías digitales.

Crear con la ciénaga y con la selva: una inmersión con sistemas sociales vivos

Cuando leemos o escuchamos la palabra ciénaga, ¿en qué pensamos?, ¿qué imágenes se forman en nuestras mentes al pensar en una ciénaga? En nuestro caso, lo primero en que pensamos es en agua, en mangle, en jaibas, en el sol ardiente; entonces, nuestro olfato evoca el olor que emana una ciénaga cuando respira… una ciénaga respira, vive. Una ciénaga no solo está compuesta por organismos que viven; una ciénaga está viva. ¿Por qué será que cuando no conocemos una ciénaga pensamos en ella e imaginamos un paisaje inerte e, incluso, muerto?

Cuando leemos o escuchamos la palabra selva, ¿en qué pensamos?, ¿qué imágenes se forman en nuestras mentes al pensar en una selva? En muchas imágenes de la literatura y de la historia del arte, la selva ha sido considerada una entidad femenina y un territorio conquistable. Por esa misma vía, en los últimos cien años, múltiples empresas han visto en la selva un lugar para la extracción de recursos. Ven en ella árboles maderables, caucho, quina, oro, pieles, petróleo, es decir, unos commodities de las especies vegetales, animales y minerales, que, extraídos de su lugar de origen, contribuirán a la acumulación de capital. También de la mano de este imaginario femenino (misteriosa, maligna, cósmica, conquistable) está el atributo de ser salvaje. La selva virgen es aquella que crece de modo silvestre; sus formas de organización son ajenas y opuestas a las de los regímenes civilizatorios. Un territorio previo. Anacrónico. Primigenio. Originario. ¿Por qué será que cuando los Estados, las empresas y una gran proporción de humanxs conciben la selva, piensan en ella como un paisaje intacto, “virgen” e, incluso, “vacío”?

Nos preguntamos por lo que las palabras ciénaga y selva denotan y evocan porque creemos que el acto de nombrar entraña unos problemas con los que vale la pena seguir. Al pensar en una ciénaga o en una selva como imágenes fijas, nombramos y vemos un ecosistema, un paisaje, un charco de agua, un territorio, un espacio acotado del planeta. En ocasiones, podemos ver más que un bosque o un cuerpo de agua, nombrar algunos de sus “componentes” y resucitar experiencias con ellas. Sin embargo, al pensar en ellas, solemos descomponerlas, taxonomizarlas, de modo que nuestra mirada solo ve fragmentos de aquello que está en su superficie. ¿Es eso una ciénaga? ¿Es eso una selva? Creemos que esas imágenes componen un mundo ya pensado, fijado por la mirada humana que toma la posición todopoderosa de sujeto que conoce, se apropia y dispone de aquello con lo que entra en contacto. Solemos, de hecho, olvidarnos del contacto. Por eso, consideramos que para aproximarnos a eso que nombramos como “ciénaga” o como “selva” debemos adentrarnos en pensar lo impensado; sumergirnos en sus aguas para avizorar mundos posibles no conocidos y no comprendidos, mundos que coexisten con ese que solemos llamar real, pero que no vemos porque nuestra experiencia ha sido moldeada por formaciones antropocéntricas.

Frente a las trampas del sujeto y lo humano, proponemos que los no humanxs producen conocimiento: tienen agencia epistémica. Esto quiere decir que la mente y la creatividad no son exclusivamente humanas. La inteligencia y la vida atraviesan constitutivamente la materia. Así, en los ecosistemas que componen los paisajes de esta época designada como Antropoceno, encontramos muchos seres (ontos) e inteligencias (epistemes) que se distribuyen y comunican a través de sus interconexiones. En contraste con las aproximaciones que han regido las representaciones sobre la selva amazónica y las ciénagas, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, y, en coherencia con la búsqueda de una forma no antropocéntrica de aproximarnos y entrar en contacto con ellas, proponemos atravesar las fronteras entre lo vivo y lo no vivo para explorar los paisajes cenagosos y selváticos desde otro modo, uno que nos conduzca a un acercamiento e inmersión en esos sistemas para pensar con ellos su complejidad.

Si seguimos la teoría de la vida como adaptación flexible que propone Bedau (2016), tendríamos que asumir la selva y la ciénaga como formas de vida primaria. Esto implica aproximar-nos a ellas como sistemas vivos, como cuerpos de vida extendida, como sistemas que viven en su conjunto. En estos sistemas, sus integrantes (árboles, hongos, animales, bacterias, entre otrxs) funcionarían como miembros de un cuerpo cuya cohabitación lo mantiene vivo, así que serían inseparables sistema y co-constituyentes. Si, además, pensamos en ellas como sistemas sociales complejos, podríamos estudiar las relaciones sociales dentro de esos sistemas vivos y sus relaciones con otros sistemas sociales naturales, artificiales y humanos (Maldonado 2016, 2020). Consideramos que la selva y la ciénaga no son entidades abstractas e individualizables. Para nosotrxs, la ciénaga y la selva son sistemas sociales vivos que se adaptan flexiblemente a las condiciones cambiantes de sus entornos. Para profundizar en esta idea, expondremos algunos aspectos que nos permitirán acercarnos a su vitalidad y sociabilidad.

El primer aspecto que nos gustaría señalar es que tanto la ciénaga como la selva son sistemas inteligentes, sistemas de información húmedos o wetwares, esto es, redes de interconexiones que se reconfiguran a altas velocidades y tiempos. En cuanto tales, su materialidad comunica e informa. Además, si imaginamos los sistemas vivos y artificiales que se conectan para dar forma a la ciénaga y a la selva, podemos pensar en ellas como ecosistemas que desbordan cualquier noción de entidad aislada. Para conocerlas, debemos prestar atención a la “ecología de sus cohabitantes” y a los procesos que les dan forma. Por eso, creemos que los estudios multiespecie pueden ayudarnos a explorar en profundidad sus entrelazamientos constitutivos en escalas nano, micro, meso y macro, así como a sumergirnos en las historias de coevolución e hibridación entre los distintos agentes vivos que las conforman. Ello implica focalizar los procesos y afectos que conectan las distintas especies que las constituyen, lo cual permite dar cuenta de las conexiones entre sistemas y organismos microbianos, animales, vegetales, tecnologías, artefactos, máquinas, sentidos, infraestructuras, procesos y prácticas. Si pensamos que “la materia es un lienzo para crear nuevas formas” (Hernández García et al. 2021, 102), la estética posthumana nos provee de sensibilidades y herramientas para experimentar y pintar otros mundos posibles y alternativos en el lienzo de la materia.

El segundo aspecto que abordaremos es la dinámica de la vida-muerte-vida. La selva y la ciénaga se organizan a partir de movimientos termodinámicos de no equilibrio, lo que quiere decir que constantemente intercambian materia y energía. Esos flujos impulsan reacciones fisicoquímicas que les permiten desarrollar formas de autoorganización para adaptarse a la indeterminación de sus condiciones. Los existentes nacen, se disuelven y emergen de otra forma, lo cual constata que todo lo viviente pasa por estadios que están en permanente transformación. Sobre el enigma que plantea Bedau (2016) alrededor del continuo entre lo vivo y lo no vivo, podríamos sostener que en esa dinámica de la vida-muerte-vida todo está en potencia. Cuando algo está vivo, contiene la potencia de lo no vivo, y viceversa. Esta dinámica de no equilibrio sobrepasa la idea del tiempo lineal y nos invita a imaginar cuerpos-mentes-vidas siempre cambiantes, que circulan y escapan a la fijación en cualquier instancia: los pensamientos, las teorías, los métodos, las formas.

El tercer aspecto sobre la agencia vital de la selva y la ciénaga es su difícil acceso, su mis-terio, su incomodidad, es decir, sus mecanismos de defensa. Proponemos volver al olor de la ciénaga que mencionábamos antes. Ese olor, tan característico del paisaje cenagoso, es producto de la actividad de bacterias anaeróbicas que descomponen la materia orgánica que se asienta bajo el agua y produce el “cieno” que da nombre a la ciénaga. Como consecuencia de la actividad de las bacterias, el ecosistema libera sulfuro de hidrógeno en forma de gas, cuyo olor “fétido” es señal de su buena salud. Esa intraactividad entre bacterias y materiales orgánicos que hacen que el agua “respire” nos convoca a explorar las diferentes escalas y dimensiones implicadas en la conformación de ese paisaje que llamamos “ciénaga”.

La selva, a su vez, tampoco es un lugar de fácil acceso por sus condiciones climáticas, su geografía, su enmarañamiento. La selva se resiste a ser nombrada, categorizada, cartografiada, capturada por el logos y el capital. Al considerar que la selva y la ciénaga son una forma primaria de vida, nos referimos a sus increíbles mecanismos de adaptación flexible. No nos referimos necesariamente al territorio específico de la Amazonía o la ciénaga de la Virgen en Cartagena, sino a procesos que se forman a través de relaciones en múltiples escalas y dimensiones; procesos que se despliegan como fractales en nuestros cuerpos, en nuestra microbiota, en nuestros jardines.

El cuarto aspecto tiene que ver con sus simbiosis con lo artificial. Si, por ejemplo, nos aproximamos a la ciénaga y la selva desde diferentes escalas, nos encontramos con infraestructuras viales, tecnológicas, de abastecimiento de agua, energía o disposición de residuos que confluyen en torno a la ciénaga o a la selva; pensamos en las escalas de tiempo y proyecciones involucradas en su construcción, así como en las alteraciones que produjeron, producen y producirán en la composición de la ciénaga, la selva y las formas de vida que las constituyen. En el caso de las infraestructuras de “conectividad” vial, nos preguntamos cuántas conexiones y desconexiones han generado. Si, por otro lado, pensamos en las edificaciones alrededor de la ciénaga o la selva, nos preguntamos por las “lagunas artificiales” que han construido los condominios, en la tierra removida, los árboles talados, los organismos despojados. Nos encontramos, entonces, con una serie de intervenciones para construir paisajes mediante la destrucción de otros; configuraciones que desfiguran los paisajes existentes. En el caso de la ciénaga, para convertirla en un “atractivo turístico”, una “superciudad”… ¿Para quiénes? ¿Cómo piensan habitar? En el caso de la selva, para volverla un espacio de extracción de recursos, un espacio de conservación, un baldío… ¿Para quiénes? ¿Con qué propósitos?

Si la etimología de la palabra artificial remite a aquello que se hace o fue hecho con destreza o habilidad, a aquello que no surge espontáneamente, lo artificial puede ser entendido como aquello que hacen o hicieron entidades inteligentes, con capacidad de crear, entre las cuales se incluyen humanxs y no humanxs. Es, por tanto, importante desfamiliarizar la definición antropocéntrica de lo artificial que reduce el término a “lo hecho por el hombre”. Si retomamos también la noción etimológica de paisaje, que refiere un campo o extensión observable, un panorama, entonces podríamos pensar en los paisajes artificiales como extensiones materiales constituidas por entidades inteligentes a partir de combinatorias de posibilidades derivadas de procesos creativos en sus relaciones sociales.

Buscar estos nuevos imaginarios, encontrar estos balbuceos sobre una nueva noción de la ciénaga o la selva a partir de la integración de la teoría de la vida como adaptación flexible, la teoría de los sistemas sociales complejos, la termonidámica no lineal y las ecologías líquidas nos conducirá, al menos en nuestros procesos creativos e investigativos, a desprendernos de las nociones de individualidad y humano para entregarnos a una dinámica relacional, de vínculos y reciprocidades interespecie.

Una selva cenagosa y una ciénaga selvática

En pocas palabras, una consciencia del “tiempo profundo” es lo que orientará a las ciencias sociales del futuro. Chakrabarty (2017, 42)

En el tiempo profundo, llovió en este planeta durante más de un millón de años. Aquella lluvia empezó con un cometa: de ese cometa manó la primera fuente de agua en la Tierra, una fuente que ebulló y se condensó en las nubes con los compuestos químicos atmosféricos que hicieron caer la lluvia milenaria. La gran lluvia cósmica formó los océanos y cambió la forma del planeta para siempre. En los océanos, se gestaron las primeras células, y allí vivieron a través del intercambio acuoso entre sus membranas. Los años pasaron y la luz del sol fue atravesando progresivamente la atmósfera y disipando los nubarrones milenarios. En esas condiciones de acuoluminiscencia, una familia de bacterias empezó a sintetizar luz solar para impulsar sus procesos metabólicos: utilizando los pigmentos de sus cuerpos, como la clorofila, fueron capaces de adaptarse para obtener energía de la luz solar. Con el tiempo, aprendieron a sintetizar agua y luz para obtener más energía, liberando oxígeno en el proceso. Las cianobacterias del tiempo profundo liberaron el oxígeno que respiramos hoy: sus adaptaciones evolutivas transformaron la atmósfera del planeta e hicieron que los océanos respiraran como antes no lo habían hecho; fueron ellas las maestras de las plantas.

El agua milenaria es la misma agua que está ahora con nosotros. Ha hecho su viaje cíclico por diferentes estados durante millones de años. Ha sido líquida, gaseosa, sólida y tunelar. Se ha mezclado con otras sustancias y se ha separado de ellas; ha recorrido todas las superficies y se ha comunicado con todos los seres desde su cualidad dúctil y fluida. El agua de nuestros cuerpos es la misma que estuvo en el cuerpo de los dinosaurios; el agua del océano antes fue río y lago, saliva y charco. El agua que hoy bebimos antes fue rocío, nieve y mar; luego será sudor y agua embotellada. El agua es la misma desde el tiempo profundo. ¿Cómo no detenernos a escuchar su memoria antigua? ¿Cómo no preguntarnos por su inteligencia?

La inteligencia del agua es una expresión de la inteligencia de la vida. El agua es una especie química que participa activamente en la generación de la vida orgánica. Al igual que la vida, el agua tiene la forma de un proceso: emerge en la interconexión de hidrógeno y oxígeno, permeando todo a su alrededor; tiene la capacidad de conducir información eléctrica y adaptarse computacionalmente a nuevas situaciones; puede disolver y absorber, transmutarse y precipitarse hacia otras formas. Si hacemos un experimento de imaginación y nos preguntamos por las condiciones para el procesamiento de información en las especies carbónicas (como las plantas, los humanos y las tecnologías digitales), podemos pensar en el agua como un agente que activa la inteligencia de esas especies. El agua, así pensada, es indispensable para el funcionamiento del sistema fitonervioso en las plantas, del sistema nervioso en los humanos y del sistema de cables submarinos de los que depende casi todo el internet en el planeta.

Calvo (2024) nos invita a asumir la inteligencia como la capacidad de anticiparse a las experiencias y de actuar con respecto a esta posibilidad predictiva. Esto, nos dice Calvo, no es exclusivo de los humanos o de los animales. Ocurre, según él, también en el reino vegetal, donde pueden rastrearse muchas operaciones en las que las plantas modelan sus comportamientos de acuerdo con una información previa que ha llegado a ellas gracias a su sistema fitonervioso. Por una vía similar, nos aventuramos a asumir que el agua también tiene una capacidad predictiva, que se comunica, que tiene consciencia. En otras palabras, propondremos que el agua no solo participa en la activación de la inteligencia de otras especies, sino que es, en sí misma, una entidad cognitiva, un agente inteligente, una especie que piensa.

Con esta propuesta, buscamos disolver las fronteras erigidas por las posturas que ven el río Amazonas y la ciénaga de la Virgen como entidades aisladas. Proponemos adentrarnos en una “zona de contacto” (Haraway 2008) que nos permita explorar cómo piensan las selvas y las ciénagas, tomando como aspectos centrales su acuosidad, frondosidad y humedad. La selva y la ciénaga tienen unas increíbles estrategias adaptativas; pueden llegar a ser escenarios hostiles, misteriosos o salvajes para los humanos, y probablemente son parientes entre sí (o son la misma entidad). Nos aventuramos a imaginar sus vínculos, sus intercambios y sus comunicaciones: a pensar una selva cenagosa y una ciénaga selvática.

El agua, en el gran laboratorio de la Amazonía, hace sus experimentos cósmicos: llueve mucho, se evapora todo rápidamente, todo permanece en humedad, hay un ciclo del agua rápido y permanente. Las características ecosistémicas del bosque tropical hacen que el agua sea detonante, catalizador, origen y destino, es decir, el agua en la selva es una gran inteligencia que se comunica con todas las materialidades, penetrando en ellas y volviéndolas a dejar cuando, al parecer, ya está dotada de una información que escapa a nuestra percepción humana. Entonces el agua viaja. De forma líquida recorre un cauce, se convierte en el río Amazonas y llega hasta el océano Atlántico, donde desemboca. De forma gaseosa, el agua del Amazonas se convierte en ríos voladores que llegan hasta el páramo en forma de las lluvias que caen en las cordilleras. Quienes escribimos creemos que las aguas del Amazonas llegan hasta la ciénaga de la Virgen y allí llevan un mensaje, y que de la ciénaga de la Virgen al Amazonas también ocurre un viaje acuático que las pone en contacto.

Los flujos acuosos entre la ciénaga de la Virgen y el Amazonas van más allá de los ciclos hídricos que impulsan los cauces que conducen las aguas por la tierra y los cielos. Bajo tierra, las raíces de las plantas se conectan y leen los cambios en su entorno; se comunican con hongos, bacterias y los moradores de los suelos; son capaces de entrelazarse con las raíces de otras plantas que están lejos, o de diseminar su información vital a través de esporas que viajan por el planeta. Los nenúfares gigantes que habitan en el Amazonas colombiano son parientes de los mangles que pueblan la ciénaga de la Virgen, y, además, comparten información sobre lo que significa vivir entre el agua y la tierra. Esos nenúfares se sostienen por un rizoma que extiende sus raíces hasta las profundidades del río. Al igual que las raíces de los mangles, sus raíces son gruesas y fuertes; se han adaptado a los cambios relativos de sus entornos para vivir sumergidas y proporcionar estabilidad al resto de la planta. Los intricados sistemas radiculares de estas especies tienen la capacidad de prevenir la erosión mediante la “captura” de sedimentos. Aunque sus formas sean distintas, las interacciones de estas plantas con sus entornos les han permitido aprender a lidiar con los cambios ecológicos y a no depender enteramente de lo que ocurra en la superficie o en el espacio submarino.

También podríamos pensar en otro ejemplo de la maleabilidad del agua. El agua pareciera adaptarse a todo. Toma la forma del recipiente donde está, no se resiste a los estímulos: se calienta, se enfría, se mezcla. La permeabilidad del agua es una expresión de su inteligencia, y nos invita a concebir el pensar como un proceso de conectarse con otrxs, permearse y dejarse permear. Los manglares son especies muy inteligentes, pues se han adaptado físicamente a las condiciones de sus entornos encenegados al extender sus raíces hacia el aire, unas formaciones conocidas como neumatóforos, lo cual les permite respirar fuera del agua y afincarse en sus ambientes. Esas raíces aéreas son, a su vez, el entorno de otras muchas especies vivas, como las abejas. Los mangles rojos tienen una relación simbiótica profunda, pues su abundancia en polen atrae a abejas melíferas que polinizan sus flores y contribuyen a su reproducción. Esto nos muestra que la comunicación ocurre por todas las vías, incluso, por una vía cuántica. Una molécula de agua a la que un pájaro le canta en la ciénaga transmite esta información a una molécula de un lago amazónico. Una abeja amazónica percibe la pérdida de los manglares que talan en la ciénaga, aunque no lleguen a encontrarse directamente.

La figura de las abejas es estimulante para pensar de otra manera. Siguiendo esa figura, proponemos pensar como enjambre a través de la multiplicidad de experiencias de las abejas en el planeta. Aunque solemos asociar las abejas solo con la especie de abejas melíferas, que fueron introducidas en nuestro continente por los europeos, nos parece interesante prestar atención a otras especies de abejas, que, de hecho, son polinizadoras más efectivas que las abejas melíferas, y, además, producen otras mieles y se organizan de otras maneras. Es el caso de las abejas meliponas, que se caracterizan por no tener aguijón y construir sus colmenas en espiral. Estas formas espirales, que podrían percibirse como desordenadas o irregulares si nos fijamos en la forma hexagonal convencional, pue-den explicarse a partir de las interacciones de las abejas y las condiciones de los entornos andino-amazónicos donde habitan.

Asimismo, la ausencia de aguijón les ha permitido a estas abejas desarrollar otras estrategias inteligentes para adaptarse a las condiciones de sus medios y sobrevivir, por ejemplo, construir sistemas de ventilación para regular el flujo de aire frente a las variaciones de temperaturas, o distraer a los depredadores en los laberintos de sus colmenas “desorganizadas”, o moldear con cera blanda las entradas de sus nidos para que puedan cerrarlas en caso de que anticipen la llegada de depredadores. Las experiencias de estas abejas (lo que hacen) nos invita a salir de las formas convencionales de pensar y nos acerca a pensar como enjambre, a moldear nuestras vidas en formas irregulares, flexibles, maleables como la cera, que nos permitan adaptarnos a las condiciones inciertas del presente y anticiparnos a otros futuros, futuros con mieles dulces y no mieles tóxicas.

Esa capacidad de anticipación de lo viviente resuena con la idea de Kohn (2022), según la cual “la vida, y solamente la vida, involucra las maneras en que el futuro afecta el presente” (321). Kohn pone el ejemplo del jaguar que se abalanza sobre el saíno que camina por la selva para ilustrar cómo el jaguar anticipa la posición futura del saíno, a través de la información que obtiene del entorno, trayendo el futuro al presente. Desde su perspectiva, estar vivo en el presente es existir de alguna manera en el futuro, y compartimos con él la idea de que un bosque tropical (tan extenso como la selva amazónica o tan denso como la ciénaga) incrementa la cualidad de la vida de producir futuros. Además, creemos que su propuesta de pensar la selva como “una red semiótica que excede lo humano y su potencial para producir futuros” nos provee de otras posibilidades para pensar las relaciones entre lo vivo en sus aspectos materiales e informacionales.

Historias del porvenir

R/evoluciones cenagosas

En 2045, la hija de un pescador que salió a pescar junto con él se cayó de la barca y estuvo diez minutos sumergida en las aguas de una ciénaga, que conocían como ciénaga de la Virgen. Aquella sumersión accidental podría haber acabado con la vida de la niña, pero no fue así. Como la niña no se ahogó, sus familiares atribuyeron su salvación a la obra y gracia de Dios, y como la niña no percibió nada extraño, el incidente se volvió uno de esos cuentos que cuentan, entre risas, la vida de los vivientes.

Dos generaciones después, una de sus descendientes nació con una textura extraña en la piel de su espalda, que asemejaba la piel de un crustáceo. Nadie entendía a qué se debía, y los médicos de entonces no tenían supuestos muy claros sobre lo que había en la espalda de la niña. A medida que crecía, su piel fue pareciéndose a los caparazones de las jaibas. Para aquel entonces, las temperaturas habían aumentado considerablemente, y la ciénaga cerca a la que vivía era un “caldo de cultivo”, cuyas aguas muy pocos humanos podían tolerar. Sin embargo, la niña sentía una atracción particular por aquellas aguas y podía sumergirse en ellas con mucha facilidad. La niña llamaba la atención tanto por la extrañeza de su caparazón como por su capacidad para nadar en aquellas aguas que la gente solía insistentemente desdeñar como “aguas muertas”. Con frecuencia, se burlaba de quienes actuaban de esa manera, pues no sabían de lo que se perdían.

Hacia 2090, las aguas se tomaron la ciudad. Cartagena quedó sumergida bajo las aguas del mar y sus humedales. La fusión de esas aguas transformó radicalmente la ciudad y las existencias que la habitaban. Ese incidente llevó a algunas científicas a pensar cómo hibridar a los cartageneros con su ambiente: ¿cómo lograr que se adaptaran a las “nuevas” condiciones de existencia? Las científicas, en sus intentos por encontrar caminos para la coevolución en un mundo sumergido, escucharon sobre la mujer-cangrejo. La buscaron y la encontraron en la ciénaga. Conversaron y ella les mostró todo lo que había en aquellas aguas encharcadas. Al escuchar a la mujer-cangrejo, atestiguaron los enredos entre mangles negros, rojos, garzas, peces, jaibas, plásticos, excrementos, y tantas otras formas de vida que no podían dimensionar. Era, pensaban, como el caldo de cultivo del que había surgido la vida.

Ese contacto transformó su interés, que inicialmente había estado orientado a desarrollar un dispositivo que facilitara la adaptación de los habitantes humanos de aquella ciudad a sus condiciones acuosas, y las llevó a explorar con atención las relaciones entre todo lo que había allí. En el proceso de investigación, las científicas identificaron que la formación del caparazón en el cuerpo de la mujer era consecuencia de una mutación genética que se remontaba dos generaciones atrás. El contacto de su abuela con la ciénaga, aquella historia de la vida contra la asfixia, registrada en su historia genética, fue realmente la muerte de las humanas que eran. Su genoma empezó a mutar gradualmente desde entonces, y esa mutación se desarrolló a través de sus interacciones con la ciénaga, lo cual derivó en la expansión de sus capacidades perceptuales en las generaciones posteriores y en la eventual formación del caparazón. Se trataba de un hallazgo muy interesante. Pero igualmente interesante resultaba la tarea de pensar en formar prótesis, como aquella en quienes carecían de la alteración en el material genético, algo que podría incorporarse en los futuros nacientes. ¿Qué hacer, pues, con quienes estaban “atrapados” en medio del agua?

La solución fue bastante “sencilla”. Las investigadoras desarrollaron una tecnología háptica que sustituía, expandía y adicionaba nuevos sentidos en sus usuarios, tomando como referente las capacidades de los mangles y cangrejos de la ciénaga para respirar dentro y fuera del agua. El dispositivo tenía la forma de un poncho. Este poncho se extendía por el cuerpo de sus usuarios y enviaba señales a sus sistemas nerviosos para ralentizar los procesos de respiración. Además de utilizar tecnologías de expansión sensorial que permitían agudizar los sentidos del espacio, la motricidad, la vista y la audición bajo el agua, el poncho incorporaba tecnologías hápticas de adición sensorial que permitieron a sus usuarios progresivamente desarrollar sentidos que antes no tenían, como la electrocepción, la quimiocepción o la magnetocepción. Con el tiempo, las tecnologías de habitabilidad subacuática se fueron desarrollando. Para 2200, los ponchos habían pasado a ser trajes simbióticos de nanopiel que integraban inteligencias múltiples para habitar en aquel entorno. Así fue como las tecnologías extraterrestres se fusionaron con nuestros procesos orgánicos y devinimos criaturas cenagosas.

Selvas telepáticas

“Lo más difícil de construir una historia de futuro sobre la selva es que la imaginación está cooptada por una narrativa del colapso”. Así comenzaba el libro que una mujer selva reconstruyó. “Es fácil imaginar que la Amazonía pierde su equilibrio, se deforesta y se convierte en un desierto. Al mismo tiempo, es muy difícil traer a la mente imágenes en las que la selva tiene un porvenir deseable”. Eso decía el manuscrito y ella entonces pudo entrar en el mundo sin tiempo para ir hasta la mente que había escrito estas palabras siglos antes.

“La selva convive con tecnologías de todo tipo. Se sigue comunicando, como ya lo hacía, a través de sus redes acuáticas con ecosistemas del mundo”. Ambas sonrieron e intuyeron que el mundo de lo invisible se estaba manifestando.

“Imaginamos los ríos de la Amazonía albergando nuevos habitantes que se adaptan en una ecología relacional radical. Imaginamos que la selva desafía todo lo conocido”. La mujer selva asintió. Ella ya lo sabía, ella era la misma en el otro lado del tiempo.

“En mi futuro imaginado, los seres-selva se comunican telepáticamente. Hablan así con animales, hongos y plantas, y se confabulan en las artes de cuidar la vida. Las palabras dejaron de alcanzarles hace mucho tiempo y han decidido aplicar la intimidad entre desconocidos enviándoles mensajes con el pensamiento”.

Entonces ella de un lado y del otro logró contactar con su yo infinitesimal y supo que su selva interior (amazónica) estaba restaurada para siempre.

“Al fin y al cabo, ¿de qué está hecha la selva?”.

“De posibilidades…”.

Aperturas y activaciones de posibles

Este ensayo escénico de frontera no pretende concluir sino desplegar y, si se quiere, predecir este proyecto de investigación+creación colaborativa que hemos denominado Aqua Sapiens. Nos interesa explorar sendas acuosas, fangosas y selváticas para imaginar porvenires que nos ofrezcan narrativas alternativas sobre el presente y el futuro; narrativas que desborden las nociones de colapso o catástrofe y nos muevan a tejer formas sensibles y cuidadosas de relación con el planeta y otras especies a través de nuestras relaciones acuosas. Por eso, proponemos una disposición ecosomática para (a)tender a las aguas que nos conectan a las demás presencias del planeta, una disposición que funge como brújula para un camino hacia los porvenires.

El manifiesto y las teorizaciones cenagosas y selváticas son portales hacia otras historias, otros futuros, otras posibilidades de vida que nos permitan pensar lo (intra)planetario. Creemos que la sumersión será inevitable y que la inteligencia del agua nos irá revelando los cauces y meandros que hemos de seguir.

En nuestro proyecto, el agua es un agente epistémico que orienta nuestras prácticas investigativas y creativas. Literalmente, nos sumergimos en el agua y ella nos ha llevado a un estado que nos hace pensar a través de nuestras membranas y entre nostroxs. Esta experimentación escritural parte de un ejercicio de escucha ecosomática del agua. Es un pensar con, desde y a través de ella. Es un gesto. Es una potencia futura compuesta de ideas de muchxs otrxs que han pensado, imaginado y escrito con el agua antes.

Habrá porvenires en los que siga apareciendo esta escritura compost, esta escritura hoja-rasca: que se pudra lo que hemos consumido, lo que ha caído y se convierta en nuevo alimento, en nuevo suelo. Así como las raíces de los mangles o árboles viejos caen y se descomponen en la humedad para que surja un nuevo mangle o árbol, proponemos que compostar, hacer tierragua, no es solo una metáfora sino una metodología.

Seguiremos haciendo nuestras labores de traductorxs, de médiums. Seguiremos siendo esporas que vuelan, que migran. Seguiremos haciendo danzas posthumanas con la selva y la ciénaga. Estableceremos puentes entre distintos mundos. Seguiremos intentando entrar en contacto con saberes misteriosos. Seguiremos acercándonos al mundo sin querer demostrar nada, solo con la curiosidad de querer entrar en contacto y ponernos a la escucha.

Este texto es un pretexto y este ensayo seguirá funcionando como conversación expandida, como posibilidad de pensar en redes de pensamiento. Anticipamos que este texto es la dramaturgia de un acto performativo futuro. Será detonante para una puesta en escena postextual que permita conjurar las voces del agua y formas posibles de comunicación entre nuestros cuerpos.

REFERENCIAS

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Notas

* Artículo de investigación.

1. Esta cita ha sido intervenida con morfemas alternativos al masculino genérico que buscan no reproducir las categorías binarias del sistema de género gramatical en español.

2. Esta cita ha sido intervenida con morfemas alternativos al masculino genérico que buscan no reproducir las categorías binarias del sistema de género gramatical en español.

3. Esta cita ha sido intervenida con morfemas alternativos al masculino genérico que buscan no reproducir las categorías binarias del sistema de género gramatical en español.

Información adicional

CÓMO CITAR: Jaramillo Arango, Eloísa y Camilo Andrés Sierra Pacheco. 2026. “Aqua Sapiens: un manifiesto escénico para encenegar el pensamiento y resalvajar la creatividad”. Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas 21 (2): 188-205. https://doi.org/10.11144/javeriana.mavae21-2.aspr

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