Reflexiones sobre el duelo infantil a causa del conflicto armado en Colombia 1
Reflections on Childhood Grief Caused by the Armed Conflict in Colombia
Reflexões sobre o Luto Infantil Causado pelo Conflito Armado na Colômbia
Reflexiones sobre el duelo infantil a causa del conflicto armado en Colombia 1
Pensamiento Psicológico, vol. 22, 2024
Pontificia Universidad Javeriana
Luisa Fernanda Ordoñez-Osorio lfernanda.ordonez@udea.edu.co
Universidad de Antioquia, Colombia
Recibido: 10 diciembre 2023
Aceptado: 21 noviembre 2024
Resumen: Objetivo. Analizar cómo un menor procesa el duelo en un contexto de violencia, a partir de los resultados y reflexiones derivados de la investigación Narrativas de duelo construidas a causa del conflicto armado en Colombia: caso Wilder.Método. Se utilizó un método biográfico-narrativo con enfoque cualitativo. Resultados. Se evidencia cómo la muerte violenta de un ser querido impacta profundamente en el desarrollo emocional y cognitivo del menor, forzándolo a adaptarse a circunstancias extremas. Conclusión. En Colombia, la resiliencia se valora como una cualidad positiva, pero en este artículo se cuestiona cómo, en el contexto del conflicto armado, la violencia impone a las niñas y niños la obligación de ser resilientes desde una edad temprana, sin el acompañamiento necesario. La capacidad de recuperación responde, entonces, al azar de tener un entorno cuidador que apoye este proceso, y no a la responsabilidad estatal, que, en lugar de ello, propone la resiliencia como una obligación intrínseca del sujeto.
Palabras clave:psicología, infancia, violencia, homicidio, resiliencia.
Abstract: Objective. To analyze how a minor processes grief within a context of violence, based on the results and reflections derived from the research titled Grief Narratives Constructed by Armed Conflict in Colombia: The Case of Wilder.Method. A biographical-narrative method with a qualitative approach was employed. Results. The study reveals how the violent death of a loved one profoundly impacts the emotional and cognitive development of the minor, compelling them to adapt to extreme circumstances. Conclusion. In Colombia, resilience is valued as a positive trait; however, this article questions how, within the context of armed conflict, violence imposes on children the obligation to be resilient from an early age, without the necessary support. Consequently, the ability to recover is contingent upon having a nurturing environment that facilitates this process, rather than being a state responsibility, which instead positions resilience as an intrinsic obligation of the individual.
Keywords: psychology, childhood, violence, homicide, resilience.
Resumo: Escopo. Analisar como uma criança processa o luto em um contexto de violência, com base nos resultados e reflexões provenientes da pesquisa intitulada Narrativas de Luto Construídas pelo Conflito Armado na Colômbia: O Caso de Wilder.Método. Utilizou-se o método biográfico-narrativo com abordagem qualitativa. Resultados. O estudo revela como a morte violenta de um ente querido impacta profundamente o desenvolvimento emocional e cognitivo da criança, exigindo dela uma adaptação a circunstâncias extremas. Conclusão. Na Colômbia, a resiliência é frequentemente valorizada como uma aracterística positiva; no entanto, este artigo questiona de que maneira, no contexto do conflito armado, a violência impõe às crianças a obrigação de serem resilientes desde a primeira infância, muitas vezes sem o apoio necessário. Consequentemente, a capacidade de recuperação depende de um ambiente acolhedor que facilite esse processo, e não deve ser tratada como uma responsabilidade individual imposta pelo Estado.
Palavras-chave: psicologia, infância, violência, homicidio, resiliência.
Introducción
La infancia comprende una etapa de la vida que convoca al cuidado responsable y amoroso de la comunidad que rodea al ser en crecimiento, abriendo las puertas a diversos sujetos que serán parte estructural para su desarrollo, marcando así, los aprendizajes que guiarán su camino. No obstante, las sombras de un país marcado por la violencia manchan con trazos de pérdida y dolor el andar de sus víctimas. En Colombia, donde las balas interrumpen la alegría, la calma, la vida, las niñas y niños no son solo testigos, sino también víctimas de un conflicto que desfigura la inocencia y la confianza, cambiando sueños, por pesadillas, metas por miedos y vida por muerte. Según Galtung (1990), la violencia estructural emerge como una red omnipresente y omnipotente que oprime y determina la vida de quienes están bajo esta red, perpetrando el miedo al olvido y a la repetición, creando heridas colectivas que, aún hoy, permanecen sangrando (Uribe de Hincapié, 2003).
En este contexto, el duelo de las niñas y niños, más que un proceso personal, es la evidencia viva de una cartografía de sufrimientos que exigen atención y reparación. Las narrativas de Wilder, sujeto de la investigación, ponen en relieve sus esfuerzos incansables por comprender la brutalidad de la pérdida y el vacío que dejó la ausencia de su ser amado. Desde un enfoque hermenéutico, como plantean Ricoeur (1990) y Gadamer (1975), las narrativas construidas se convierten en el reflejo de la sociedad, mostrando, en este caso, una sociedad fragmentada y herida, tanto física como simbólicamente. Aquí, la muerte no acaba en el hecho mismo, pues se convierte en la memoria que acompaña la vida como una insignia reconocible de la injusticia y el abandono estatal.
Esta memoria no solo recuerda, también pregunta y se culpa, deviniendo en una narrativa donde el dolor se hace palpable a través de cuestionamientos que intentan darles sentido a las experiencias injustas. De esta manera, Wilder muestra con valentía el intento de organizar su mundo, preguntándose cómo narrar el dolor, si aún existe el miedo a hablar; cómo exigir reparación, si su voz no se escucha; cómo proteger a su familia, si habita en el calor de la violencia y la hostilidad; cómo ser agente de cambio, si su entorno le califica de malvado; cómo no temerle al estallido de las balas, si son el recordatorio de una muerte que se acerca; y dónde encontrar seguridad y abrigo para evitar la repetición (Ordoñez, 2022). Probablemente, narrar el duelo en un país de abandono, armas y muerte, suena más a preguntar que a narrar.
La violencia es un fenómeno tanto tangible como simbólico, es un resonar ensordecedor de las desigualdades que sustentan nuestra sociedad (Žižek, 2008). En consonancia, Wilder se convierte en la representación de estas desigualdades, que le obligaron, a la corta edad de 6 años, a buscar formas para sobrellevar no solo el dolor de la pérdida de su primo, sino también el impacto negativo de reconocer los detalles crueles de su asesinato.
El duelo, en este sentido, no es únicamente una respuesta al dolor, también es la suma de una gran variedad de acciones en soledad y otras en compañía, que intentan apaciguar los miedos que devienen de este hecho y reconstruir el sentido perdido, tal como sugiere Frankl (2004), en su exploración del significado humano frente a la adversidad. Por lo anterior, el objetivo de este estudio fue analizar cómo un menor procesa el duelo en un contexto de violencia, a partir de los resultados y reflexiones derivados de la investigación Narrativas de duelo construidas a causa del Conflicto Armado en Colombia: caso Wilder (Ordoñez, 2022).
Método
Diseño
Las historias o narrativas expresadas por una comunidad, son una estrategia clave para reconocer la percepción individual de los fenómenos colectivos; por tal razón, la investigación fue llevada a cabo desde un enfoque cualitativo, con método biográfico-narrativo. Esta elección permitió a la investigadora tener recursos más amplios de análisis de la información, logrando mayor profundidad en los niveles de reflexión por parte de las niñas y niños que participaron del proyecto.
En el enfoque cualitativo se reconoce su versatilidad e idoneidad para estudiar hechos sociales que podrían considerarse complejos, debido a la diversidad de variables que contienen los fenómenos de la violencia, posibilitando, de esta manera, exploraciones contextualizadas y suficientes (Denzin y Lincoln, 2018) que buscan la comprensión de estos hechos, y que, a su vez, invite a la reparación y el empoderamiento de sus participantes, a fin de conseguir que los procesos investigativos sean parte activa del restablecimiento de derechos, desde un enfoque crítico que enaltece la voz de las víctimas.
El método biográfico-narrativo abre las puertas al desarrollo de un acercamiento más humano y sensible, pues pone el foco en la voz del sujeto, en este caso, de las niñas y niños que históricamente han sido silenciados e invalidados emocionalmente. Las historias de vida se convierten en una herramienta significativa para analizar el impacto de la pérdida y la violencia en el desarrollo emocional y cognitivo. Goodson y Sikes (2017) afirman que esta perspectiva permite “identificar patrones significativos y únicos en las experiencias individuales, revelando cómo los eventos históricos y sociales se entrelazan con las vidas personales” (p. 21).
La investigación hizo hincapié en reconocer que el enfoque cualitativo no otorga por sí mismo una fórmula preestablecida para desentrañar las narrativas; exige, en cambio, una profunda sensibilidad para observar con curiosidad abierta e interpretar de forma contextualizada y argumentada las experiencias que emergen del juego, la voz, los gestos, la escritura o el dibujo. El objetivo de la recolección de información no implica replicar explícitamente lo observado, en lugar de ello, pretende reconstruir las diferentes verdades que las niñas y niños tejen desde su experiencia y capacidad de comunicación (Biglia y Bonet-Martí, 2009).
Participantes
Se seleccionaron niñas y niños de entre 6 y 12 años, con habilidades elementales de lectura y escritura, cuyo consentimiento fue autorizado por un adulto responsable. Se dio prelación a los participantes con experiencias de pérdida relacionadas con el conflicto armado. La elección de la población se realizó mediante muestreo intencional.
Instrumentos
Entrevistas, relato de la propia experiencia, representación gráfica y diarios de campo.
Procedimiento y consideraciones éticas
El material recolectado durante las intervenciones (dibujos, grabaciones, transcripciones…) se dispuso en la plataforma de Google Drive, organizado por nombre del participante, fecha y contenido de la sesión. Para ser ejecutado, el proyecto contó con el aval de la Universidad de Antioquia; por lo tanto, la investigación cumplió con los lineamientos éticos correspondientes de la declaración de Helsinki de 1975 y del Comité de Ética de Investigación de la Universidad de Antioquia (Ordoñez, 2022).
Análisis de datos
El análisis de los datos se llevó a cabo en dos etapas. En la primera, se examinaron los relatos individualmente para elaborar un informe de caso con una perspectiva singular. Se incluyeron los datos personales, el contexto histórico, las experiencias emocionales antes y después del estudio, el lugar de los encuentros y las preguntas o actividades sugeridas para sesiones futuras.
Para la segunda etapa, se empleó un enfoque transversal. Se crearon categorías temáticas basadas en los análisis individuales, las cuales fueron utilizadas para realizar un análisis global y comparativo de las narrativas, identificando patrones comunes y diferencias significativas entre los relatos (Cornejo et al., 2017).
Adicionalmente, se llevó a cabo el análisis temático con énfasis en el contenido. Esto permitió organizar la información mediante técnicas de reducción y codificación, identificando regularidades, divergencias y elementos considerables. Este enfoque es útil para extraer conclusiones procesables a partir de datos cualitativos (Braun y Clarke, 2006; Riessman citado en Bolívar, 2012).
Resultados
A través de la Fundación Paloma, de Bello Oriente, Medellín, se establecieron las alianzas y compromisos pertinentes para el acercamiento con la comunidad, donde participaron aproximadamente treinta menores, pero solo uno cumplió plenamente con los criterios de inclusión. Posteriormente, se realizaron los encuentros individuales con el participante, quien, en memoria de su primo asesinado, solicitó ser llamado Wilder. Se llevaron a cabo 7 encuentros destinados a construir un vínculo de confianza entre Wilder y la investigadora. Por otro lado, para enriquecer el análisis, se integraron las respuestas de la madre del menor, lo que permitió contextualizar y profundizar en los significados expresados por el participante en situaciones específicas.
Los datos obtenidos fueron organizados mediante un proceso de categorización, alineando las respuestas tanto del menor como de su madre con los objetivos de la investigación y el contexto particular del participante. Este enfoque garantizó un entendimiento más amplio y coherente del fenómeno estudiado, logrando identificar en Wilder, expresiones de confusión frente a los actores del conflicto armado, comprensión de la muerte desde una perspectiva hostil, miedo de perder a su familia bajo la misma circunstancia, pesadillas nocturnas con contenido de muerte violenta de sus seres queridos, cuestionamientos que buscan comprender el motivo del asesinato de su primo, relacionamiento agresivo con mayor tendencia hacia las mujeres, sensación de inseguridad en el lugar donde habita, dificultades en los procesos de aprendizaje escolar, y fuertes deseos de ser agente de cambio por medio de la profesionalización (Ordoñez, 2022).
Discusión
Bello Oriente es una zona ubicada en la Comuna 3 de Manrique, en Medellín, Colombia. Este sector se ha caracterizado tradicionalmente por su vulnerabilidad social, debido a que su nacimiento fue a causa del desplazamiento forzado, la violencia y la pobreza. Según diversos estudios, las personas que habitan en esta zona han sido en su mayoría víctimas de conflictos armados, lo que ha afectado profundamente su bienestar emocional y económico (Aristizábal et al., 2018; Espinosa et al., 2011).
La problemática principal de Bello Oriente radica en las condiciones de inseguridad, pobreza y la carencia de acceso adecuado a servicios básicos, como educación, salud y vivienda. Además, las dinámicas de violencia entre grupos armados y el narcotráfico influyen en la cotidianidad de los residentes, generando un clima de miedo e incertidumbre. Este contexto social adverso ha reforzado la desconfianza entre los habitantes y dificultado el desarrollo de procesos de paz o mejora de calidad de vida en la comunidad (Corporación Región, 2007).
Pese a lo anterior, Bello Oriente también es epicentro de creatividad, arte y unión, donde se promueven espacios de interacción que posibilitan el intercambio de experiencias que invitan a resolver problemáticas de la comunidad. Representación de ello es la Fundación Paloma, en cabeza de un hombre sensible y dispuesto, que lucha sin apoyo estatal por sumar esfuerzos internos y externos para el desarrollo colectivo de la paz y la soberanía alimentaria, atendiendo las dificultades que atraviesan las personas de esta comuna en los diversos estadios de la vida. Así, adultos, adolescentes, niñas y niños son llamados a construir paz desde sus capacidades y posibilidades.
Ecos de violencia: conocimiento sobre el conflicto armado
En el discurso de Wilder se evidencia una mezcla de ideas que desembocan en confusión, al momento de intentar expresar qué es para él el conflicto armado; por ello, se le propone definir por medio de dibujos y experiencias próximas, lo que considera que es la violencia. No obstante, es necesario reconocer que, ha sido una tarea difícil incluso para la academia definir este fenómeno; lo cual guarda sentido, en la medida en que su conceptualización es tan diversa que depende en gran parte de la percepción de quienes han estado inmersos en situaciones que son insignia de este fenómeno. Sin embargo, la violencia, según Blair (2009), es un hecho que va más allá de ejercer la fuerza, pues es, en últimas, un modelo complejo tan fuerte que influye en la forma de interacción social, reproduciendo, a su vez, formas particulares de comprender el mundo.
De esta manera, la violencia acompaña a la vida como una sombra incesante, que se instaura en aquellos que la experimentan, y Wilder es uno de los desafortunados en tener la capacidad de poder describirla con el nivel de especificidad y detalle que solo un experto podría hacer, lo cual no es extraño, pues en diversas zonas de la ciudad de Medellín se vive una realidad alterna, donde son personas sin uniforme quienes indican qué es la justicia. Así pues, el abandono estatal y la vulneración constituyen la forma de organización territorial, y son las armas y las amenazas, los reguladores de la conducta. Todo esto le da a Wilder una gran variedad de datos que reconfiguran su andar, siendo la base para comprender y organizar su mundo interno.
A través de sus palabras, la violencia se revela no solo como un acto físico, sino también como un eco profundo que se proyecta hacia el otro, especialmente hacia las mujeres, reflejo de lo aprendido en su hogar y comunidad. Lo cual no dista de las estadísticas actuales sobre violencia intrafamiliar en Colombia, pues, según datos del Ministerio de justicia y del Derecho, entre el 2016 y el 2013, aproximadamente el 70% - 77% de los casos reportados en Colombia fueron de violencia contra las mujeres. Esto evidencia, una vez más, que la violencia de género se gesta no desde la libertad de seres adultos, autónomos y fuertes, sino desde la flexibilidad de la infancia, donde el entorno actúa como alfarero que convierte en verdades incuestionables los aprendizajes de su entorno. En ese terreno, la inocencia absorbe silenciosamente los patrones que perpetúan inequidades y vulneraciones, dando forma a comportamientos que se consolidan como normas invisibles en la vida futura.
Por otro lado, Wilder, en medio de la confusión de un entorno donde la injusticia y la inseguridad es la norma, busca comprender una realidad que aún no logra nombrar con exactitud, preguntándose constantemente “¿por qué lo matan a uno sin hacer nada?” (Ordoñez, 2022, p. 65,). Así, el miedo se refleja en esta pregunta, convirtiéndose en una idea en bucle que hiere y reafirma su desprotección. Esta sensación constante de inseguridad se entreteje debido a las amenazas de muerte que acechan a su comunidad, donde su familia, y particularmente su hermano, se vuelven foco de preocupación, pues el lugar que habita le recuerda, a través de la amenaza, que la vida de sus seres queridos se reduce al valor efímero de una bala, siendo este el precio dictado por la crueldad de la violencia que lo rodea. En este sentido, Avilés (2016) subraya cómo los ambientes en los que la amenaza persiste como código social, perpetúan una angustia constante en el menor, quien estará siempre a la espera del cumplimiento de la intimidación.
Finalmente, Wilder, a través de sus experiencias, logra diseñar de forma clara y cruda el mapa de los rezagos que ha dejado la experiencia traumática de perder a un ser querido en condiciones de crueldad, y de vivir en un entorno que sostiene formas hostiles y violentas de organización social. Así, la violencia, más que un acto aislado, se convierte en parte de una estructura relacional que moldea la identidad y las reacciones de las niñas y niños ante el dolor y el sufrimiento (Simmel, 2006).
Caminar bajo la sombra del miedo: significado de las pérdidas
El proceso de conceptualizar la muerte durante la infancia está profundamente influenciado por factores como el desarrollo cognitivo, el contexto sociocultural y las experiencias personales, destacando que no es necesario que las niñas y niños vivan una pérdida para interesarse en la muerte; sin embargo, resulta altamente determinante la forma en que les es acercado el tema para evitar angustias o temores durante su abordaje.
Investigaciones del Colegio de Médicos de Bizkaia (s.f.) subrayan que, hasta los 6 años aproximadamente, las niñas y niños tienden a interpretar la muerte con elementos mágicos, lo cual sostiene la creencia de que el ser fallecido despertará en algún momento o continúa con sus funciones biológicas normales. Este desarrollo progresivo de la idea de muerte está condicionado por su entorno, el diálogo familiar y el acompañamiento emocional en el proceso de duelo, dando lugar a mantener un concepto basado en su nivel evolutivo o, por el contrario, irrumpir su proceso, empujando a la creación de conceptos que podrían pertenecer a otra etapa del desarrollo.
Así, un menor de 6 años, como Wilder, que ha estado inmerso en un entorno de violencia, enfrentando el impacto profundo de la muerte cruel a una edad temprana, podría tener la capacidad de conceptualizar la muerte en una condición evolutiva de un niño de 10 años, pues a esta edad tienden a tener una construcción más elaborada del concepto, lo que posibilita la comprensión de la irreversibilidad (la muerte es permanente), la universalidad (todos los seres vivos mueren) y la causalidad (las razones biológicas y externas de la muerte), sosteniendo una idea de muerte más completa (Speece y Brent, 1984).
Este salto conceptual, lejos de ser positivo, muestra la ruptura que se implanta en las niñas y niños para entender desde un lugar desconocido el fenómeno de la muerte, pues los recursos cognitivos siguen siendo los de un menor de 6 años. Así, una vez más, las condiciones políticas, sociales y económicas del país vulneran el derecho a crecer en entornos de seguridad y protección, despojándoles de la posibilidad de confiar y crecer sin la angustia de perder de forma violenta a sus seres queridos, y reforzando la idea inminente de abandono.
Las experiencias traumáticas en la infancia, según Harris (2000), moldean significativamente el desarrollo emocional, generando inseguridades y desconfianza hacia el entorno. Por tanto, el trauma de este hecho ha movilizado a Wilder a entender que la muerte es un fenómeno que emerge casi exclusivamente en contextos marcados por la crueldad, donde es un otro masculino quien arrebata la vida sin justificación alguna que le permita siquiera darle algo de sentido a la experiencia.
Al no reconocer con exactitud los actores del asesinato, Wilder asume que cualquier representación de violencia o de fuerza trae de nuevo el recuerdo y el miedo de perder a su familia de manera violenta, lo que desemboca en una suerte de desconfianza generalizada; además, del sinsabor de la injusticia, que aumenta la angustia, al considerar que las personas que perpetran tales actos siguen libres. Ejemplo de ello, Wilder representa mediante el dibujo de sus seres queridos (casa e integrantes) que la muerte y su familia tienen un vínculo, que solo es capaz de señalar con sus manos (investigadora nombra la palabra muerte y él señala a su familia), rehusándose a pronunciar palabras (Figura 1). Al señalar la imagen de una tumba, expresa con seguridad que es de su familia, nombrando uno a uno a los miembros de su núcleo familiar (Ordoñez, 2022).

Nota: dibujo realizado por Wilder
Nota: Los nombres de los integrantes de la familia están cubiertos para conservar su anonimato.
Esto mismo sucede cuando Wilder intenta realizar una representación gráfica sobre los pensamientos que tiene respecto a la muerte, optando por dibujar la escena que se imagina que pudo ocurrir en el momento del asesinato de su primo, plasmando a su ser querido en el ataúd y a 2 hombres, según él, de la guerrilla (Figura 2).

Nota: dibujo realizado por Wilder
Piaget (1954) enfatiza que las niñas y niños, a través de su etapa cognitiva, atribuyen significados personales a los objetos y situaciones, según su nivel de desarrollo. En el caso de Wilder, el dibujo de su hogar y familia podría ser una construcción concreta para expresar una emoción abstracta, como el miedo a la pérdida. Desde un enfoque sociocultural, Vygotsky (1978) señala que los significados atribuidos a las imágenes y objetos surgen de las interacciones entre el niño y su entorno social, lo que en este caso subraya la influencia de un contexto marcado por el conflicto y el trauma en la construcción de sus representaciones simbólicas.
Este fenómeno no es un asunto personal o familiar únicamente, también tiene profundas implicaciones políticas. En sociedades donde la violencia, los conflictos armados o las desigualdades estructurales son prevalentes, el silencio sobre la muerte y el sufrimiento se convierte en una herramienta de control social, al mantener a los individuos desinformados sobre las realidades de su entorno, y al despojarlos del acceso a la reparación y restitución de sus derechos.
Según García (2009), los entes institucionales de una sociedad también son parte activa en el mantenimiento del miedo, al obligar a los individuos al silencio que trasciende lo colectivo, contribuir a la deshumanización y anulación de las heridas de las víctimas, y dotar de fuerza y poder a las jerarquías legales y al margen de la ley, que sostienen sus discursos como única verdad. Este silencio, por tanto, no solo oculta el duelo, sino que lo convierte en un terreno fértil para el resentimiento, generando ciclos de violencia que se transmiten por generaciones.
La experiencia traumática que vivió Wilder, lo ha llevado a refugiarse en creencias mágico-religiosas compartidas en su entorno familiar, a fin de apaciguar momentáneamente sus angustias; ejemplo de ello, representa gráficamente el cielo, como el lugar donde ahora se encuentra su primo (Figura 3).

Nota: dibujo realizado por Wilder
De manera que la relación entre el cielo y la muerte se convierte en el camino más expedito que ha encontrado la madre para explicar a su hijo dónde se encuentra ahora su primo, dado que esta es una pregunta recurrente que rodea las angustias e inseguridades de Wilder. Así, la duda por el lugar que habita la persona después de fallecer se resuelve rápidamente, despojando a las niñas y niños de respuestas más profundas que permitan calmar los miedos movilizados por la pérdida. Child Mind Institute (2021) resalta que es indispensable tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentra el menor, pero también la sensibilidad para reconocer qué hay detrás de esa pregunta, qué es lo que se desea saber específicamente e intentar explicarlo tanto desde las palabras como por medio del juego simbólico, para promover una comprensión de la pérdida lo más adaptativa posible.
La idea del cielo, de acuerdo con la Fundación Mario Losantos del Campo (s.f.), cumple una función importante en la regulación de las emociones que derivan de la pérdida, pues la sensación de permanencia del ser querido puede disminuir la preocupación de abandono que se presenta con frecuencia durante el duelo.
Duelo político: de lo privado a lo público
En Colombia, durante los últimos años, las instituciones estatales han venido promoviendo espacios de formación para el fomento de la resiliencia, particularmente en las comunidades vulnerables, que suelen ser afectadas por variables relacionadas con la discriminación, violencia urbana, abandono estatal, conflicto armado, entre otros. La insistencia del llamado a la resiliencia resuena tanto que no es extraño percatarse de cierto tono imperativo, que invalida, en muchas ocasiones, los procesos de duelo que se erigen cotidianamente en el país.
En consecuencia, cabe preguntarse cómo ser resiliente en medio de la guerra, el abandono y la injusticia; cómo ser resiliente con las preguntas sin respuesta que irrumpen cualquier intento de calma; cómo ser resiliente, si el Estado parece adjudicar la responsabilidad de reparación a las mismas víctimas y, más grave aún, sin atender las condiciones de vulneración que ocasionaron tales heridas. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2023), diversas iniciativas promovidas por el Gobierno nacional han buscado fomentar la generación de ingresos y el fortalecimiento comunitario en determinadas zonas del país, beneficiando a una gran cantidad de familias. Sin embargo, las condiciones de vulnerabilidad a menudo persisten, ya que la violencia y la falta de atención estatal se mantienen como desafíos estructurales del país.
En consonancia con lo anterior, a las niñas y niños también se les suele exigir la obligación de ser resilientes, anulando con ello sus voces y dejando en manos de la supuesta superación personal, el logro de sobreponerse ante el dolor. Sin embargo, como bien lo señala Arendt (1994), el sufrimiento humano no puede ser reducido como una simple adaptación a las condiciones sociales impuestas por la violencia. Estas condiciones de vida han actuado de tal forma en Wilder que la decisión respecto a su proyecto de vida está fuertemente influenciada por el miedo que dejó esta experiencia traumática en su ser. Él expresa de forma clara y contundente que espera en su adultez ser militar, para proteger a las personas (especialmente a su familia) de la violencia, o médico, para salvarles la vida a quienes son heridos a causa del mismo motivo, reconociendo en su imaginario que, si su primo hubiese tenido cerca a un militar que lo protegiera, o a un médico que lo curara, probablemente seguiría vivo.
Pese al dolor y la rabia reflejada hacia los actores del asesinato, se revelan intenciones benevolentes que buscan reparar, en lugar de vengar. Sin embargo, en el discurso de Wilder y en el de su madre se dilucida una suerte de desánimo, al reconocer que sus condiciones de vida hacen que la probabilidad de cumplir ese sueño sea inalcanzable. Esta noción de incapacidad guarda total relación con los mensajes que le ha enseñado su entorno, de manera que, entes estatales, como la escuela, por condiciones de precariedad y abandono, no logran ser lugar de acogida para niñas y niños que han sido obligados a cargar con los rezagos de la violencia, caminando con el miedo y la rabia de vivir la injusticia a temprana edad, despojándolos incluso de cualquier habilidad de adaptación, lo que genera que les cueste más lograr los objetivos educativos y sociales que a una niña o niño que no vive en entornos de violencia.
Los menores expuestos a la violencia comunitaria enfrentan obstáculos significativos en su desarrollo educativo y social. Este tipo de contextos truncan diversos aspectos de su vida, como la capacidad de atención, la autoestima, la internalización de normas sociales y otros, que dificultan el acceso a las mismas oportunidades que las niñas y niños que habitan en espacios no violentos (Garbarino, 1995).
Lo anterior podría suponer una forma de castigo social, pues quien no logra adaptarse bajo los tiempos y formas determinadas por las estructuras legitimadoras de la verdad, es señalado y castigado con la imposibilidad de ser parte de entornos que provean al individuo de herramientas para mejorar su vida, como el acceso a la educación superior y a espacios de cultura. Así, a través de las variables que determinan la vida de las víctimas, el discurso de la resiliencia sale con fuerza y se adhiere a las creencias colectivas, logrando el cometido de un Estado indiferente, al desprenderse por este medio de su responsabilidad. Esto se convierte en una estrategia política de abandono y negligencia, que oculta la inacción estatal ante las consecuencias del conflicto (Žižek, 2008).
Cabe mencionar que durante estos procesos de vulneración se instaura una serie de narrativas que invitan bajo presión social a interiorizar la idea de gratitud hacia el dolor que están viviendo, pues, según esto, el dolor es indispensable para aprender a ser fuertes o para crecer; esto genera culpa, más aún cuando no se es capaz de abandonar el dolor en los tiempos y formas que determina la sociedad.
Herman (1992) investiga el duelo en circunstancias de violencia y guerra, y reconoce que el proceso de recuperación como consecuencia de vivir pérdidas materiales y simbólicas, a partir de un hecho cruel, puede extenderse indefinidamente si no se proporcionan condiciones de seguridad y apoyo; de manera que superar el duelo se relaciona más bien con la capacidad de reconstruir confianza y sentido de comunidad, lo cual depende tanto del individuo como de actores sociales y políticos.
Lo anterior no invita a que el Estado tome una postura paternalista, todo lo contrario, se trata de asumir un sentido de responsabilidad y reparación, pues el Gobierno nacional históricamente se ha visto vinculado a ejercicios de poder, donde la vulneración y el abandono son la insignia de su andar. Por lo que, al concebir a las niñas y niños como resilientes, se evidencia el significado de una realidad escondida que desemboca en la desprotección. Como sostiene Nussbaum (2003), la dignidad humana se ve comprometida cuando se exige a los individuos que se adapten a condiciones insostenibles. Esta resiliencia impuesta es, por tanto, un acto de violencia simbólica que despoja a las niñas y niños de su derecho a la justicia y la reparación, obligándoles a adaptarse a un sistema que anula su derecho a una infancia digna, y los somete a la violencia institucionalizada. En lugar de proporcionarles el acompañamiento necesario, el Estado les ofrece un discurso vacío sobre la resiliencia que termina siendo una condena silenciosa.
Butler (2004) afirma que el duelo puede convertirse en una herramienta política cuando deja de ser un asunto privado y se transforma en un llamado a la justicia y al reconocimiento colectivo. Según la autora, “los cuerpos que lloramos y las vidas que consideramos valiosas son indicadores de los sistemas de poder y exclusión” (p. 20). En este sentido, el duelo en comunidades afectadas por el conflicto armado es la afirmación ineludible de la presencia de jerarquías, donde el pueblo se divide en quiénes son considerados dignos de ser llorados y en quiénes quedan invisibilizados en el dolor colectivo.
Por otro lado, Villa Gómez (2013), en su análisis sobre el duelo en víctimas de la violencia, enfatiza que estas experiencias, además de afectar a los individuos, reconfiguran el tejido social, logrando que los espacios colectivos de duelo creados por las mismas víctimas funcionen como acción de resistencia frente a las narrativas oficiales que buscan silenciar o deslegitimar ciertas memorias. Este enfoque es crucial para entender cómo Wilder, al narrar sus emociones en entornos familiares o escolares, no solo procesa su dolor, sino que también contribuye a visibilizar las dinámicas de violencia estructural que lo afectan, donde se invita a cuestionar la narrativa hegemónica que tiende a romantizar la resiliencia en contextos de violencia, más allá de enaltecer la capacidad de los menores para adaptarse, llamando la atención sobre la necesidad de garantizar entornos protectores, capaces de mitigar el impacto del duelo traumático.
Por último, se resalta la importancia de gestar políticas de memoria y verdad que respondan a las necesidades del contexto y que contribuyan a activar los entornos más cercanos de Wilder (su familia y su escuela), para transformarse en espacios públicos de verdad y memoria, sin temor a represalias contingentes. Como plantea Ricoeur (2004), el acto de recordar colectivamente en espacios que posibiliten narrar el dolor sin juicios promueve una construcción ética de la memoria que no solo intenta reparar, sino que fortalece los vínculos comunitarios, que al mismo tiempo tejen una base de empatía y solidaridad que ayuda a sostener un tejido social digno de cuidar.
En este sentido, se evidencia una deuda estatal en la creación de políticas públicas que atiendan el duelo infantil desde una perspectiva integral, resaltando que los actos de reparación no se reducen únicamente a la creación de políticas públicas, pues se requiere una planeación profunda y contextualizada que ayude a operacionalizar las políticas de protección y no repetición, integrando la voz de las comunidades víctimas, para la gestión de soluciones contextualizadas.
Referencias
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Notas
1
El trabajo deriva del
proyecto de investigación Ordoñez-Osorio, L. F. (2022). Narrativas de duelo construidas a causa del conflicto armado en
Colombia: El caso de Wilder. Financiado por la Universidad de Antioquia.
Información adicional
Para citar este artículo / To cite
this article / Para citar este artigo: Ordoñez-Osorio, L. F. (2024). Reflexiones sobre el duelo infantil a
causa del conflicto armado en Colombia. Pensamiento Psicológico, 22, 1-12. doi:10.11144/Javerianacali.PPSI22.dica