Repertorios interpretativos que articulan la relación entre la psicología y la colonialidad: una deriva hacia la geopolítica 1

Interpretive repertoires that articulate the relationship between psychology and coloniality: a drift toward geopolitics

Repertórios Interpretativos que Articulam a Relação entre Psicologia e Colonialidade: Uma Deriva em Direção à Geopolítica

Hernán Camilo Pulido-Martínez , Alba Luz Giraldo-Tamayo

Repertorios interpretativos que articulan la relación entre la psicología y la colonialidad: una deriva hacia la geopolítica 1

Pensamiento Psicológico, vol. 23, 2025

Pontificia Universidad Javeriana

Hernán Camilo Pulido-Martínez

Pontificia Universidad Javeriana, Colombia


Alba Luz Giraldo-Tamayo

Universidad del Valle, Colombia


Recibido: 15 enero 2025

Aceptado: 15 noviembre 2025

Resumen: Objetivo. Describir los repertorios interpretativos que son utilizado en la literatura especializada para dar cuenta de la relación entre la psicología y la decolonialidad. Método. Se llevó a cabo un análisis del discurso aplicado a un corpus de 115 artículos publicados en español, inglés, francés y portugués, entre 2015 y 2020. Los textos que consideran distintas maneras en que se relaciona la psicología con la propuesta decolonialidad fueron localizados en las bases de datos Google Scholar, EBSCO, Sage, Elsevier, ScienceDirect, SciELO, Cairn.info, Wiley y PsycInfo. Resultados. Se identificaron los siguientes repertorios interpretativos: (a) decolonizar es lograr una psicología mejorada; (b) decolonizar es constituir una contrapsicología; (c) la mezcla de saberes produce una psicología decolonial; (d) situar es sitiar y, por tanto, decolonizar la psicología, y (e) decolonizar es ir más allá de los límites de la disciplina. Discusión. Estos repertorios evidencian las estrategias discursivas utilizadas por los investigadores para abordar la colonialidad en la psicología dentro del contexto de la producción internacional de conocimiento.

Palabras clave:Psicología decolonial, psicología crítica, decolonialidad, repertorios interpretativos, geopolítica de la psicología.

Abstract: Objective. To describe the interpretive repertoires used in the specialized literature to account for the relationship between psychology and decoloniality. Method. A discourse analysis was conducted on a corpus of 115 articles published in Spanish, English, French, and Portuguese between 2015 and 2020. Texts addressing different ways in which psychology relates to the decolonial proposal were identified in the databases Google Scholar, EBSCO, SAGE, Elsevier, ScienceDirect, SciELO, Cairn.info, Wiley, and PsycInfo. Results. The following interpretive repertoires were identified: (a) decolonizing means achieving an improved psychology; (b) decolonizing means constituting a counter-psychology; (c) the mixing of knowledges produces a decolonial psychology; (d) situating is laying siege and, therefore, decolonizing psychology; and (e) decolonizing means going beyond the limits of the discipline. Discussion. These repertoires reveal the discursive strategies used by researchers to address coloniality in psychology within the context of the international production of knowledge.

Keywords: Decolonial psychology, Critical psychology, decoloniality, Interpretative repertoires, Geopolitics of psychology.

Resumo: Escopo. Descrever os repertórios interpretativos utilizados na literatura especializada para explicar a relação entre a psicologia e a decolonialidade. Método. Foi realizada uma análise do discurso aplicada a um corpus de 115 artigos publicados em espanhol, inglês, francês e português entre 2015 e 2020. Os textos que abordam diferentes formas de relação entre a psicologia e a proposta decolonial foram localizados nas bases de dados Google Scholar, EBSCO, SAGE, Elsevier, ScienceDirect, SciELO, Cairn.info, Wiley e PsycInfo. Resultados. Foram identificados os seguintes repertórios interpretativos: (a) decolonizar é alcançar uma psicologia aprimorada; (b) decolonizar é constituir uma contrapsicologia; (c) a mistura de saberes produz uma psicologia decolonial; (d) situar é sitiar e, portanto, decolonizar a psicologia; e (e) decolonizar é ir além dos limites da disciplina. Discussão. Esses repertórios evidenciam as estratégias discursivas utilizadas pelos pesquisadores para abordar a colonialidade na psicologia no contexto da produção internacional de conhecimento.

Palavras-chave: Psicologia decolonial, psicologia crítica, decolonialidade, repertórios interpretativos, geopolítica da psicologia.

Introducción

Este artículo sitúa la relación entre la psicología y la decolonialidad en el marco de las formas contemporáneas del ejercicio crítico. En virtud de su naturaleza, se subraya que la crítica decolonial debe necesariamente abordar el análisis de las relaciones internacionales o geopolíticas en las que la psicología ha estado, y sigue estando, involucrada. Con base en este argumento, el artículo se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se consideran las propuestas que, desde la disciplina, han contribuido a revelar las implicaciones que las relaciones internacionales tienen en su difusión global. Estas propuestas pueden entenderse como prolegómenos para examinar la geopolítica de la psicología. En segundo lugar, se señala que los enfoques poscolonial y decolonial proveen herramientas para considerar la geopolítica del conocimiento, en general, y del conocimiento psicológico, en particular. Por último, se exponen los repertorios interpretativos que surgieron de los textos que conforman el corpus documental, así como los señalamientos que de ellos se desprenden respecto de las relaciones internacionales en las cuales se hallan inmersos.

Psicología y crítica

Hoy en día coexisten, por lo menos, cinco formas de examinar críticamente la psicología (Pulido-Martínez y Sato, 2013). Las primeras tres buscan perfeccionarla mediante programas de mejoramiento de distinto carácter; las dos restantes, en cambio, se proponen cuestionar el lugar de la psicología y las operaciones que se llevan a cabo con sus discursos y prácticas.

La primera forma de crítica a la psicología se desarrolla al interior de la propia disciplina. En este caso, los análisis se orientan a establecer el estado en que se encuentra la psicología, con el fin de precisar los “errores” que la afectan (Venn, 1998). Una vez identificados dichos errores, se propone superarlos mediante diversas estrategias de mejoramiento. La crítica, entonces, asume un carácter normativo: sostiene que la psicología debe volverse, por ejemplo, más científica, rigurosa, pertinente, válida, teórica, intercultural, universal o democrática.

La segunda manera de formular una crítica sostiene que es necesario crear otros tipos de psicología, distintos de los que imperan. Estas nuevas psicologías, o contrapsicologías (Parker, 2007), al presentarse como alternativas superiores, buscan reemplazar aquellas que son corrientemente aceptadas en un determinado momento histórico. En términos esquemáticos, las contrapsicologías se ocupan de las dificultades que enfrentan los modos hegemónicos de conocimiento psicológico y, a partir de ahí, compiten mediante una propuesta que pretende subsanar esos inconvenientes, o los “horrores” que exhibe su oponente (Parker, 2007).

La tercera opción crítica plantea que el mejoramiento debe partir de considerar la psicología como un conocimiento ideológico. Desde esta perspectiva, el poder de la psicología se deriva de su vinculación con el sostenimiento del statu quo asociado con la sociedad capitalista. Una psicología mejor, entonces, se relaciona con su contribución a teorizar e intervenir con el fin de superar la alienación de quienes se encuentran en situación de subordinación. En esta medida, la psicología, en tanto liberadora, contribuye a evidenciar y a tomar conciencia de las relaciones de clase presentes en las interacciones entre las personas (Prilleltensky, 1994).

La cuarta perspectiva se abstiene de proponer un programa de mejoramiento de la psicología. En su lugar, examina el lugar que ocupa y las operaciones que se realizan gracias a su presencia en las sociedades contemporáneas. Una manera de conducir este tipo de análisis propone que la psicología funciona como vehículo para la constitución de la subjetividad y para el ejercicio de gobierno sobre las poblaciones. En este marco, la psicología, en la medida en que habla de las personas, las constituye como sujetos psicológicos y, a la vez, como poblaciones susceptibles de ser intervenidas conforme a los parámetros que ella misma propone (Blackman y Walkerdine, 2001; Castel, 1984; Rose, 1996a; 1996b; 1999).

Hasta aquí, a todas estas formas de examinar críticamente la psicología se les objeta su carácter universalista (Pulido-Martínez, 2017). Es decir, se señala que han sido formuladas para condiciones locales que enmarcan el ejercicio crítico; sin embargo, cuando viajan de un país o de una región a otra, se presentan como si tuvieran igual validez y pertinencia para realidades sociales, económicas, históricas y culturales diferentes.

Para superar este tipo de impases, se ha configurado una quinta perspectiva. Esta última opción del ejercicio crítico también se abstiene de proponer mejoramientos a la psicología. En su lugar, los análisis se dirigen a considerar las relaciones entre distintos lugares y países del mundo en conexión con las operaciones que se llevan a cabo gracias a la existencia de la psicología. Se trata de una crítica que examina la geopolítica del conocimiento psicológico mediante el análisis de las relaciones internacionales en las que la psicología está inmersa (Pulido-Martínez y Sato, 2013). Es en esta modalidad del ejercicio crítico donde las perspectivas poscoloniales y decoloniales adquieren un papel central para comprender tanto las implicaciones de la amplia difusión de la psicología alrededor del mundo como la constante psicologización de las sociedades contemporáneas.

Al considerar aquí las diferentes formas del ejercicio crítico, ha sido posible ubicar los análisis que se ocupan de la geopolítica del conocimiento psicológico. De este modo, se perfila una perspectiva crítica que señala las relaciones internacionales involucradas en la producción y expansión de la psicología, así como en la división internacional del trabajo psicológico que se configura entre los países donde se produce este conocimiento y aquellos lugares a los que la psicología llega como producto foráneo que debe ser replicado, adaptado, apropiado e hibridado (Pulido-Martínez y Burbano-Valente, 2021; Pulido-Martínez y Sato, 2013). Con ello se abre paso al apartado siguiente, en el que se presentan algunas propuestas para analizar esas relaciones internacionales en las que la psicología se halla inmersa.

Prolegómenos para una geopolítica de la psicología

Es un hecho fácilmente constatable que la psicología comenzó a expandirse alrededor del mundo desde su fundación como disciplina. En efecto, desde principios del siglo XX, los reportes orientados a describir el estado de la psicología han sido pruebas fehacientes de su constante expansión a escala planetaria (p. ej., Viteles, 1932). En esta línea, también pueden considerarse evidencias de dicha difusión internacional aquellos estudios que han establecido, entre otros aspectos: (a) los factores que facilitan u obstaculizan el desarrollo de la disciplina en distintos países (p. ej., Leung y Zhang, 1995); (b) los diagnósticos sobre la situación del desarrollo disciplinar de la psicología en diferentes regiones del mundo (p. ej., Baker, 2012; Bullock, 2013; Stevens y Wedding, 2004); y (c) los recuentos del papel de los psicólogos inmigrantes en la evolución de la psicología en los países que los recibieron (p. ej., Caycho-Rodríguez, 2013; Herrero, 2003; López-Franco, 1997).

Vale señalar que este tipo de estudios no ha tenido como intención, al menos de manera explícita, proponer análisis geopolíticos; no obstante, por su contenido, reflejan las relaciones internacionales de la psicología. En otras palabras, son geopolíticos en la medida en que remiten a distintas dimensiones de la producción y difusión del conocimiento psicológico, y porque se vinculan con la percepción de que la psicología, allí donde llega, significa modernización y progreso (Staeuble, 2004, 2005, 2006).

Ahora bien, otros estudios se ocupan de manera explícita de las relaciones internacionales que cobijan la psicología. Los análisis que proponen estos trabajos buscan responder preguntas acerca de las relaciones de poder entre países y regiones que subyacen a la producción y diseminación del conocimiento psicológico. Así, por ejemplo, muestran cómo la psicología continúa produciéndose de manera predominante en las sociedades del Atlántico norte, con la concomitante negación de aquello que se produce en el resto del mundo (Arnett, 2008). Más que describir el avance de la disciplina en su totalidad, o en alguna de sus ramas, estos estudios introducen elementos de lo que, siguiendo a Tuathail (1997), podría denominarse una geopolítica crítica de la psicología.

De manera específica en América Latina, investigadores han señalado una serie de efectos derivados del viaje internacional de los objetos psicológicos desde su lugar de creación hacia sus contextos de aplicación, adaptación, réplica o consumo. Estos trabajos aportan elementos para la construcción de una visión geopolítica de la psicología. A este respecto, puede citarse el trabajo de Castaño y Sánchez, quienes ya en 1978 señalaban que la expansión del conocimiento psicológico desde Estados Unidos hacia los países del sur del continente conduce a que los problemas propios de estas sociedades queden subordinados frente al arsenal de técnicas y conceptos importados. Estos autores argumentaron que, cuando la tecnología psicológica viaja del norte al sur, contribuye a mantener la dependencia cultural y, por tanto, impide la formación de un pensamiento psicológico propio.

Otro intento que puede considerarse una contribución al análisis geopolítico crítico está constituido por la descripción de los mundos de la psicología. De acuerdo con Moghaddam (1987) y Moghaddam y Lee (2006), coexisten diferentes mundos: los dos primeros están constituidos, respectivamente, por Estados Unidos y por algunos países europeos, que compiten por imponer visiones acerca de lo que la psicología debe ser. El tercer y el cuarto mundo, según la investigación reciente, están compuestos tanto por los países en los que la psicología se traduce (como España, México y Argentina) como por aquellos países y regiones a los que la psicología llega, después de traducida, para ser replicada, adaptada y emulada, de modo que resulte pertinente para su aplicación local (Pulido-Martínez y Sato, 2013; Pulido-Martínez y Urbina-Barón, 2019).

No se pueden dejar de mencionar los estudios que se ocupan del lugar del conocimiento psicológico en el diseño e implementación de políticas internacionales. Por ejemplo, se incluyen aquí las indagaciones que han considerado cómo la psicología acompaña prescripciones sobre el desarrollo, tanto de las naciones como de los individuos (Carr y Schumaker, 1996; Flórez-Flórez, 2002; Pulido-Martínez, 2007). Estos estudios muestran cómo, en términos psicológicos, se concibe de manera diferencial el desarrollo, tanto para los habitantes de países industrializados como para quienes habitan el resto del mundo.

Como resultado de esta psicologización de las diferencias entre países, surgen prescripciones según las cuales los países menos desarrollados deben seguir el camino recorrido por los países noratlánticos; motivo por el cual los individuos que no habitan en esos lugares deben ser intervenidos con técnicas psicológicas para que cambien su manera de ser y de pensar. Así, las prescripciones del desarrollo reducen los problemas a cuestiones de individuos y de sus configuraciones psicológicas. En consecuencia, se espera que los habitantes de los países en desarrollo sigan una senda orientada a mostrar las facultades mentales adecuadas, supuestamente poseídas por los habitantes de las sociedades desarrolladas (Flórez-Flórez, 2002; Pulido-Martínez, 2007).

Resulta plausible anotar que todas estas aproximaciones sobre las relaciones internacionales de la psicología —así como muchas otras provenientes de campos como la psicología crítica y la nueva historia de la psicología— han aportado a la comprensión de las diversas manifestaciones de la expansión de la psicología alrededor del mundo (Brock, 2006; García-García, 2015; Lindstrum, 2016; Sluga, 2006; Yi-Jui y Wang, 2016). Estos trabajos han contribuido al examen geopolítico crítico al distanciarse de aproximaciones conceptuales que suponen que las ideas psicológicas se dispersan globalmente gracias a la garantía de verdad que les otorgaría su cientificidad. En lugar de enfatizar la cientificidad, muestran cómo las propuestas psicológicas se construyen en la interacción entre culturas, en condiciones históricas particulares, enmarcadas en espacios sociales específicos y en medio de un estado general del desarrollo del conocimiento, y, por supuesto, en referencia a relaciones internacionales de poder.

Los estudios señalados hasta aquí aportan al análisis crítico de las relaciones internacionales en las que está inmersa la psicología. Capítulo aparte merecen aquellos trabajos que han contribuido a examinar estas relaciones desde marcos poscoloniales y decoloniales, dado que el análisis de las relaciones internacionales en las que el conocimiento psicológico ha sido usado en distintas partes del mundo constituye un componente central de estas perspectivas. Sin embargo, este es un tema que aún no ha sido muy explorado en el conjunto de la producción.

A este respecto, a continuación, se consideran las diferencias entre los enfoques poscolonial y decolonial cuando han analizado el lugar y las operaciones de la psicología y, posteriormente, se puntualiza sobre el análisis de la producción que se condujo para examinar la relación entre la psicología y la decolonialidad.

La opción poscolonial y decolonial

Muy esquemáticamente, puede afirmarse que los investigadores que utilizan herramientas provistas por las perspectivas poscoloniales han examinado la relación entre las ciencias psi en términos del colonialismo directo ejercido en distintas partes del mundo por países como el Reino Unido, Francia y Holanda (Keller, 2007; Linstrum, 2016; Mahone y Vaughan, 2007; Richards, 1997). En particular, quienes se ubican en estas perspectivas suelen estudiar territorios colonizados por dichos países para analizar el papel de las ciencias psi en el dominio de poblaciones subordinadas. De este modo, el conocimiento histórico sobre la psicología se configura como un capítulo de la ciencia colonial. En otras palabras, los estudios de orientación poscolonial examinan las consecuencias de que el conocimiento psicológico haya formado parte de la segunda empresa colonial europea, desplegada a partir del siglo XVIII.

Ahora bien, los estudios que asumen una perspectiva decolonial se apoyan en supuestos conceptuales distintos y operan con temporalidades diferentes. En común, los trabajos desarrollados en esta línea se articulan alrededor del concepto de colonialidad. La colonialidad ha sido descrita como un patrón de poder y conocimiento que emerge, según Quijano (2005), con el encuentro de Europa con América a finales del siglo XV. Este patrón de poder perpetúa su desenvolvimiento en paralelo con la conformación del capitalismo. Hoy en día, una muestra de la colonialidad del poder y del conocimiento la constituye la preservación de relaciones asimétricas entre países y regiones en lo referente a la producción y circulación de las disciplinas sociales y de la salud (Pulido-Martínez y Urbina-Barón, 2019).

Dentro de la perspectiva decolonial, la colonialidad del saber y la geopolítica del conocimiento son conceptos útiles para analizar el lugar y las operaciones de la psicología tanto a nivel local como global. Así, la colonialidad del saber puede ayudar, por ejemplo, a comprender cómo los procesos coloniales han influido en la producción y valoración de la psicología, al considerarla una de las disciplinas que históricamente han contribuido a conformar y sostener las instituciones universitarias. A su vez, la geopolítica del conocimiento puede operar como herramienta para señalar los patrones de producción, diseminación, apropiación, réplica y emulación del conocimiento psicológico alrededor del mundo. En este sentido, permite considerar cómo se perpetúa el patrón de poder colonial al determinar qué conocimientos se consideran válidos, quiénes pueden constituirse como autoridades centrales, quiénes actúan como diseminadores de segundo orden y qué figuras de la subjetividad emergen en estos procesos (Penson, 2014; Prasad, 2003).

Empero, es necesario tener presente que, aunque se han realizado múltiples estudios que pueden rotularse bajo algún aspecto del marco decolonial, no es común que se elaboren panoramas del conocimiento que exploren y comprendan de manera explícita el conjunto de esta producción. Como consecuencia, los usos, las limitaciones y las posibilidades conceptuales y metodológicas que estas herramientas ofrecen permanecen en gran medida sin análisis crítico (Pulido-Martínez y Urbina-Barón, 2019). Esto resulta llamativo, pues las herramientas para examinar en perspectiva decolonial ofrecen amplias posibilidades para analizar el estrecho vínculo que existe entre la psicología, como producto y como productora, de la cultura asociada con la relación modernidad-colonialidad.

Método

La tarea de construir un acervo documental que permitiera dar cuenta de la relación entre la psicología y la decolonialidad constituyó uno de los objetivos de este estudio. Para ello, se realizó una investigación documental orientada a recopilar la producción publicada entre 2015 y 2019. La información se obtuvo de las bases de datos Google Scholar, EBSCO, SAGE, Elsevier, ScienceDirect, SciELO, Cairn.info y PsycINFO.

En una primera fase, se identificaron los textos publicados localizables en dichas bases de datos mediante la clave “psicología decolonial” y sus correspondientes traducciones al español, portugués, francés e inglés. Tras esta revisión, se seleccionaron 115 textos para conformar el corpus de análisis destinado a dar cuenta de la relación entre la psicología y la colonialidad.

Para el desarrollo del estudio se siguieron las recomendaciones propias de una revisión narrativa focalizada, que consiste en trasladar el contenido de cada texto, una vez leído de manera detallada, a formatos diseñados de acuerdo con las directrices de Barbosa et al. (2013). En esta modalidad de indagación, la lectura detallada comprende dos momentos: por un lado, la lectura individual de los artículos por parte de los integrantes del equipo de investigación; y, por otro, la extracción sistemática de información, consignada en un formato especialmente elaborado para cubrir las dimensiones del texto objeto de análisis.

Posteriormente, siguiendo las recomendaciones de Auyoung (2020), Wetherell y Potter (1996) y McKinlay y Potter (1987), los formatos diligenciados fueron leídos y categorizados con el fin de establecer los repertorios interpretativos. Estos repertorios permitieron mostrar cómo, a través del lenguaje, se constituyen propuestas acerca de la manera en que se articula o, más precisamente, cómo opera, la relación entre la psicología y la colonialidad en el corpus analizado. En efecto, los repertorios interpretativos identificados evidenciaron un conjunto de regularidades que atraviesan los diferentes grupos de artículos examinados. A continuación, como resultado de este ejercicio, se presentan los repertorios interpretativos hallados. Asimismo, se ofrecen ejemplos de su contenido tomados de textos publicados durante 2019.

Decolonizar es hacer psicología mejorada

Un primer repertorio presente en la literatura sostiene que la psicología se descoloniza al proponer una versión mejorada, capaz de subsanar los errores del conocimiento que circula corrientemente. En particular, se identifican los problemas que puede presentar una perspectiva psicológica y, a partir de ese diagnóstico, se plantean vías para superar dificultades, carencias o inconvenientes que no han sido confrontados.

Por ejemplo, el texto titulado “Apontamentos sobre o horizonte crítico do Psicanálise na Rua” (Guimarães y Moraes-Jardim, 2019) sitúa el proyecto de mejoramiento en el reconocimiento de que las condiciones políticas actuales en Brasil han debilitado las instituciones democráticas, profundizando la vulnerabilidad social y el desamparo psíquico. El aspecto específico que se busca corregir se relaciona con la necesidad de comprender la dimensión sociopolítica del sufrimiento contemporáneo.

Para ello, se propone que el psicoanálisis debe enmendar el acceso limitado o elitista que ha mostrado. Adicionalmente, se plantea incorporar categorías como raza y clase social, así como considerar elementos conceptuales provenientes de marcos críticos asociados con la Escuela de Frankfurt. Con estas reformas se pretende que el psicoanálisis se vuelva más democrático, de manera que pueda llevarse a la calle y dar voz a sujetos históricamente subalternizados. Así, la decolonialidad se entiende a partir de un nuevo entramado conceptual que opera como vía para producir una práctica psicoanalítica distinta y que, a la vez, funcione como vehículo de comprensión para quienes han sido tradicionalmente excluidos.

En los textos cobijados por este repertorio, la psicología se torna decolonial mediante mejoras que la vuelven más democrática, conceptual, inclusiva, amplia, local y desoccidentalizada. Las dimensiones internacionales del conocimiento psicológico no constituyen, en este proyecto de mejoramiento, un foco analítico central, pues se asume que el núcleo de la preocupación de los investigadores es introducir cambios que conduzcan a una psicología más pertinente para las condiciones locales y, con ello, tornarla decolonial.

Decolonizar es constituir una contrapsicología

Este segundo repertorio enmarca la relación entre psicología y decolonialidad también dentro de un programa de mejoramiento, aunque de un modo distinto al anterior. Aquí, decolonizar el conocimiento psicológico consiste en formular una psicología contraria a aquellas propuestas que, en un momento histórico dado, se han consolidado como formas aceptadas de hacer psicología.

Es importante señalar que, en este repertorio, el mejoramiento no se produce mediante reformas destinadas a corregir los errores de un marco psicológico ya existente. Más bien, se trata de mantenerse dentro de los límites de la disciplina para proponer otra forma de hacer psicología que se opone y, por ello, compite: una rival más apta para cambiar las preguntas, confrontar los problemas (u “horrores”) y realizar intervenciones psicológicas más pertinentes, justas, liberadoras, o con otras características que vuelven al conocimiento y a las prácticas psicológicas más críticos o decoloniales.

Un ejemplo de este repertorio se encuentra en el texto “Hacia una ‘psicología andina’ para la liberación” (Videla, 2019). La autora contrapone esa psicología andina a lo que denomina psicología hegemónica. Por una parte, sostiene que esta última exhibe un sesgo positivista que desconoce los aportes provenientes de saberes indígenas sobre la salud mental. Por otra, presenta una psicología andina que se libera de los males de su contendiente al articular lo colectivo con lo individual y vincular la espiritualidad con la política, con miras a decolonizar el ser, el saber y el poder.

En términos generales, se trata de recuperar saberes indígenas, subordinados o ancestrales para constituir una forma novedosa de hacer psicología, opuesta a la psicología convencional de corte colonial. Aquí tampoco se aborda de manera explícita la geopolítica del conocimiento. No obstante, las relaciones internacionales de la psicología están presentes en estos análisis. En el caso descrito, dichas relaciones se configuran entre una psicología hegemónica, producida predominantemente en países del Atlántico norte y expandida desde allí al resto del mundo, y una psicología decolonial que incorpora elementos autóctonos, se diferencia de la anterior y, de ese modo, se le opone en los escenarios locales como alternativa a la psicología importada.

La mezcla de conocimientos hace una psicología decolonial

En este tercer repertorio, más que proponer lo que debería ser una nueva psicología, se describe el modo en que puede componerse un conocimiento psicológico decolonial como resultado de una mixtura entre propuestas académicas de corte psicológico y formas de conocimiento originadas en saberes ancestrales, que la academia occidental ha proscrito como menos rigurosos, menos válidos, supersticiosos o ingenuos, entre otros calificativos.

La discusión sostiene que la psicología decolonial emerge de la combinación, la hibridación y la mezcla de conceptos convencionales y novedosos, produciendo una composición inédita que enriquece tanto a la psicología tradicional como a la psicología decolonial emergente. Por ejemplo, en el trabajo de Parra-Valencia y Galindo, “Colonialidad y psicología: el desarraigo de la sabiduría” (2019), se plantea una polaridad entre la ciencia convencional —con su énfasis en la medición y su estrecha relación con la colonialidad— y otras formas de conocimiento denominadas “tradicionales”. Esta polaridad puede atenuarse al abrir puntos de encuentro que den lugar a formas híbridas de conocimiento y acción, como las que hoy se conocen como acompañamiento psicosocial.

En esos puntos de encuentro surgen conceptos como el de “grupalidad curadora”. Aquí, la mezcla no se produce únicamente en el plano conceptual, sino también en la práctica cotidiana. De este modo, la grupalidad curadora, entendida como una práctica “tradicional”, se traduce al lenguaje de la ciencia como una “tecnología de memoria social” con potencial terapéutico. Definida así, la “grupalidad curadora” abre la posibilidad de que psicólogos con una perspectiva decolonial fortalezcan la práctica terapéutica, complementándola y, al mismo tiempo, diferenciándola.

En este caso, el repertorio permite reconocer la colonialidad de la psicología cuando cosifica a la comunidad. Dicha cosificación ocurre cuando, en el marco de una investigación, se produce un vaciamiento o una anulación del conocimiento que la comunidad tiene de sí misma. Por el contrario, el conocimiento psicológico se vuelve decolonial cuando se pone al servicio de la comunidad, convirtiéndose en un saber con estatus equivalente dentro de la conversación de saberes que conduce a la producción de nuevos conceptos capaces de reformular tanto el conocimiento psicológico como sus prácticas.

Aquí, nuevamente, aunque se aboga por una relación simétrica entre saberes, las diferencias vinculadas con las dimensiones internacionales que atraviesan la producción y circulación del conocimiento psicológico permanecen implícitas. En consecuencia, no se hacen explícitas o, mejor, no se examinan, las conexiones y diferencias entre los lugares de producción de los objetos psicológicos y los lugares de hibridación, mezcla o indigenización. Por ello, se deja de lado un análisis más profundo de las implicaciones que, en distintos niveles, puede tener la variante psicológica hibridizada decolonial que emerge localmente (Adjei, 2019).

Situar es sitiar y, por tanto, decolonizar la psicología

El cuarto repertorio interpretativo formula la relación entre decolonialidad y psicología en términos de situar este conocimiento en un contexto cultural, social, económico e histórico específico para, de ese modo, sitiarlo. Así, los textos no buscan proponer una psicología mejorada ni una psicología opuesta; más bien, se esfuerzan por situar la psicología para mostrar que su configuración arrastra problemas intrínsecos para los lugares a los que llega. Se trata de un modo de sitiar que conduce a una cierta derogación de la psicología foránea al poner de relieve su relación problemática con las situaciones y los problemas locales. De este modo, se someten a análisis las pretensiones implicadas en la difusión de la psicología y se abren posibilidades para construir nuevas versiones locales del conocimiento.

Un ejemplo de este repertorio se encuentra en el artículo “Conceptualising Personhood, Agency, and Morality for African Psychology” (Adjei, 2019). Allí se examina la presunción de universalidad de la psicología convencional cuando enfrenta las particularidades del contexto africano. En términos generales, se cuestiona la pretensión euro-norteamericana de que la psicología convencional sea un conocimiento universalizable, al mostrar que las dimensiones, sesgos y problemas que le dieron origen son específicamente locales. De este modo, se evidencia cómo el conocimiento psicológico convencional resulta restringido cuando se utiliza para comprender, por ejemplo, las formas en que se concibe a las personas en ámbitos culturales distintos de los euro-norteamericanos.

Mediante este repertorio se reivindica el lugar de otras perspectivas locales como contribución a la empresa internacional de una psicología más diversa. En la medida en que desuniversalizar equivale a decolonizar, se abre la posibilidad de una, en cierto sentido, nueva universalización. Si las distintas maneras de hacer psicología responden a condiciones locales, la posibilidad de equiparación (en términos conceptuales) y de circulación (en términos de cobertura entre versiones de la psicología) puede derogar la existencia de las versiones oficiales de la disciplina y volver más simétricas las relaciones de producción del conocimiento.

Decolonizar es ir más allá de los límites de la psicología

El último repertorio puede ejemplificarse con el texto “Psicología, colonialismo e ideias raciais: uma breve análise” (Martins, 2019). En este artículo se configura una relación distinta entre psicología y decolonialidad. Aquí, el repertorio apunta a formas de salir de los límites que la psicología se autoimpone, por ejemplo, mediante la problematización de la configuración misma de aquello que las ciencias psi establecen como su objeto de estudio. Aquí, irr más allá de los límites de la psicología, implica problematizar la subjetividad, apartándose de los constreñimientos que han caracterizado a las formas de pensar psicológicas.

Este repertorio no se limita a atribuir al conocimiento psicológico un carácter colonial que deba ser cuestionado y transformado; más bien, concede a la psicología en su conjunto un carácter problemático. Esto supone considerar que, con independencia de sus mejoras o de las variaciones que pueda adoptar, la psicología favorece la reproducción del orden disciplinario europeo a escala internacional.

En este sentido, el texto de Martins se centra en la constitución de un “credo racial” vinculado con la ciudadanía en Brasil. La estrategia de blanqueamiento utilizada en ese país, y también en otros de América Latina, se convierte en el foco del análisis, pues es en ese contexto donde la psicología desempeñó un papel fundamental en la creación de un modelo psicológico que fomenta la exclusión. En este caso, se examina la articulación entre psicología, raza y colonialismo para situar a la psicología como problema. Adoptada esta perspectiva, la psicología se presenta como un saber que no necesita ser mejorado ni rescatado.

En este repertorio resulta pertinente tomar distancia de los conceptos psicológicos y, en su lugar, centrar el análisis en nociones asociadas a formas de colonialismo. Tales nociones ubican a la psicología en una perspectiva histórica que permite analizar las dimensiones moderno-coloniales que conlleva. Así, la construcción de la raza, en términos de mestizaje y blanqueamiento, conduce a la creación del “otro” local en relación con el sujeto psicológico, a quien se le exige construir su humanidad en referencia a algún tipo de psicología.

Discusión

El análisis realizado en este estudio permitió esclarecer cómo, en distintos lugares del mundo, los investigadores recurren a diversos repertorios interpretativos para presentar la relación entre la psicología y la decolonialidad.

Se identificaron cinco repertorios: (a) decolonizar es hacer psicología mejorada; (b) decolonizar es constituir una contrapsicología; (c) la mezcla de conocimientos hace una psicología decolonial; (d) situar es sitiar y, por tanto, decolonizar la psicología; y (e) decolonizar es ir más allá de los límites de la psicología. Estos repertorios permitieron agrupar y analizar los materiales a partir de los efectos que el uso del lenguaje produce en la manera de concebir la relación entre psicología y decolonialidad como perspectiva crítica.

A partir del recorrido desarrollado en este texto, es posible afirmar que los estudios ubicados bajo los repertorios interpretativos orientados a promover un programa de mejoramiento de la psicología en clave de decolonialidad tienden a restringirse a considerar el lugar que la modernidad asignó a la psicología como ciencia del sujeto.

En este marco, por un lado, el mejoramiento se plantea en términos de reproducción, emulación, enriquecimiento, adaptación, réplica e hibridación de la psicología ya establecida. Por otro, el programa de mejoramiento descrito respecto de la colonialidad propone un camino alterno que, por oposición, formula un nuevo tipo de psicología, mejor y contrapuesto a las maneras hegemónicas de hacerla. En ambos casos, el programa de mejoramiento responde a lo que se ha descrito como efectos asimilables a la apropiación y a la recepción transformativa que tienen lugar cuando la ciencia viaja alrededor del mundo (Gorbach y López-Beltrán, 2008).

El tercer repertorio presenta una vía de mejoramiento que, en cierto modo, combina los dos anteriores: la mezcla de saberes daría lugar a una psicología mejorada que, ahora, podría considerarse decolonial. Aunque la aspiración de construir un conocimiento más apropiado para las condiciones locales constituye una empresa loable, el hecho de que estas propuestas de mejoramiento se mantengan dentro de los límites de la disciplina, sin examinar con mayor amplitud dimensiones históricas, sociales, económicas, políticas y culturales, puede interpretarse como una señal de que incluso el pensamiento crítico se constriñe para permanecer dentro de esos marcos disciplinares.

Esta restricción tiene como consecuencia que tanto el enriquecimiento de propuestas ya establecidas como la formulación de nuevas perspectivas para constituir otras psicologías terminen fortaleciendo los modos psicológicos de pensar, tanto sobre el sujeto como sobre los problemas sociales. Cabe señalar que estas tres alternativas estrechan posibles caminos para pensar la subjetividad por fuera de dichos marcos. Se reedita, así, un escenario en el que las tensiones entre propuestas psicológicas reproducen las “guerras” que se hacen presentes en la disciplina. De este modo, se contribuye a mantener dinámica la empresa psicológica alrededor del mundo e, incluso, a impedir que otras formas de considerar la subjetividad ocupen un lugar relevante (Pulido-Martínez y Burbano-Valente, 2021).

A ello debe añadirse algo más: en cierta medida, la intención de proponer una psicología decolonial como resultado del mejoramiento de marcos psicológicos parece estar más vinculada con la aspiración de resguardar el lugar y las operaciones de la psicología que con cuestionarla mediante las herramientas que ofrece la perspectiva decolonial.

Vale resaltar que este programa de mejoramiento para producir una psicología decolonial suele organizarse en tres momentos: primero, se plantea que existe una psicología con problemas; segundo, se sostiene que la solución proviene de marcos psicológicos enriquecidos o nuevos, que ahora se presentan como decoloniales; y tercero, lo más relevante para la geopolítica de la psicología, se deja de lado uno de los aspectos centrales de la perspectiva decolonial: el análisis de las relaciones internacionales en las que emergen las psicologías en disputa. En consecuencia, mientras se relegue a un segundo plano el examen de la geopolítica de la producción del conocimiento, en general, y del conocimiento psicológico, en particular, no se abrirá espacio para señalar diferencias de poder, dinámicas de difusión, asimetrías, subordinaciones y procesos de aculturación que atraviesan el quehacer psicológico.

El cuarto repertorio, en cambio, abre un espacio para examinar la psicología mediante un análisis más amplio de las ventajas y desventajas que puede adquirir este conocimiento cuando viaja desde los lugares de producción hacia los de consumo. Aquí, las herramientas provistas por la perspectiva decolonial habilitan análisis orientados a situar localmente el conocimiento psicológico. Las categorías para situar la psicología pueden incluir aquellas que ponen de relieve diferencias de poder entre países y regiones del planeta y que muestran, entre otros aspectos, las limitaciones e inconveniencias que presenta el conocimiento psicológico cuando llega a otros contextos nacionales y regionales.

Por su parte, los estudios articulados en torno al repertorio interpretativo que plantea la necesidad de alejarse de los marcos psicológicos para repensarlos sitúan a la psicología como un conocimiento estrechamente vinculado con la modernidad europea. Desde esta perspectiva, se sostiene que las versiones contemporáneas que se presentan como psicologías decoloniales también forman parte de ese orden asumido como universal. Así, se subraya que la psicología, en cualquiera de sus formas, convencional o crítica, hegemónica o decolonial, pertenece al orden disciplinario occidental moderno-colonial y que, por tanto, independientemente de la versión que se proponga, persistirá el carácter que se pretende disimular.

Este repertorio abre la posibilidad de examinar la psicología bajo el supuesto de que forma parte de una empresa colonial que ha instaurado relaciones de poder asimétricas, visibles tanto en la división entre lugares de producción y consumo del conocimiento como en la propia constitución de la psicología como disciplina académica que, en esencia, contribuye a otra institución colonial: la universidad.

Al no buscar mantener a salvo ningún tipo de psicología, este repertorio interpretativo sugiere que existen otras formas de producir saber sobre la subjetividad que no requieren pasar por el sujeto psicológico. En ese sentido, llama a considerar dimensiones geopolíticas diferentes, quizá más próximas a las propuestas elaboradas por investigadores dentro del marco decolonial cuando este exige analizar las relaciones internacionales del conocimiento.

En términos generales, esta revisión de la producción permite visibilizar una de las posibilidades que se abren para indagar cómo se apropian las herramientas críticas cuando se trata de analizar la psicología a nivel supranacional. Tal vez, en la medida en que se desarrollen más indagaciones sobre este tema, sea posible aportar de manera más sustantiva a la comprensión de las razones por las cuales, como señalan algunos, la crítica se encuentra en un estado de crisis (Fassin, 2018; Pulido-Martínez y Burbano-Valente, 2021): una crisis que, en parte, se deriva de no considerar suficientemente que entre sus herramientas también figuran aquellas orientadas a examinar las dimensiones internacionales del conocimiento, es decir, las relaciones de poder disímiles que se configuran entre países y regiones.

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Notas

1 Este artículo es resultado del proyecto de investigación “¿Qué sabemos de la relación entre psicología y decolonialidad?” (ID:8683), financiado por la Vicerrectoría de Investigación, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

Información adicional

Para citar este artículo / To cite this article / Para citar este artigo: Pulido-Martínez, H.C. y Giraldo, A.L. (2025). Repertorios interpretativos que articulan la relación entre la psicología y la colonialidad: una deriva hacia la geopolítica. Pensamiento Psicológico, 23, 1- 32. doi:10.11144/Javerianacali.PPSI23.ricg

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