Activismos textiles en tiempos de pandemia y estallido social en Colombia 2020-2022 *

Textile Activism in Times of Pandemic and Social Outburst in Colombia 2020-2022

Ativismos têxteis em tempos de pandemia e estallido social na Colômbia 2020–2022

Isabel González-Arango , Sylvia Gómez Gómez , Tania Pérez Bustos

Activismos textiles en tiempos de pandemia y estallido social en Colombia 2020-2022 *

Signo y Pensamiento, vol. 44, 2025

Pontificia Universidad Javeriana

Isabel González-Arango a

Escuela de Estudios de Género, Universidad Nacional de Colombia, y Grupo de Investigación Cultura, Violencia y Territorio, Universidad de Antioquia, Colombia


Sylvia Gómez Gómez

Escuela de Estudios de Género y Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género, Universidad Nacional de Colombia, y editor jefe de Todos Los Rugidos, Colombia


Tania Pérez Bustos

Escuela de Estudios de Género y Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género, Universidad Nacional de Colombia, Colombia


Recibido: 26 febrero 2025

Aceptado: 22 agosto 2025

Publicado: 30 diciembre 2025

Resumen: En este artículo, analizamos los activismos textiles en Colombia a partir de veintiséis iniciativas que surgieron en medio de la pandemia del COVID-19, una crisis global que enmarcó las movilizaciones que caracterizaron el estallido social en el año 2021. El estudio permitió identificar transformaciones y actualizaciones respecto a formas de activismo textil anteriores, nacidas en el contexto del conflicto armado y la defensa de derechos humanos desde finales de los años noventa. Los activismos que se analizaron y que emergieron entre los años 2020 y 2022 resignifican dicha genealogía y, al mismo tiempo, despliegan repertorios distintos de acción colectiva. Ellos dan cuenta de formas genuinas y autónomas de participación ciudadana no violenta, efímeras y performáticas, que combinan arte, política y comunidad, tanto en espacios públicos presenciales como en plataformas digitales. Encontramos que estas formas de movilización tienen un énfasis en la comunicación, interacción y creación de contenidos para ampliar su alcance, articular demandas, construir memoria y reimaginar narrativas que buscan fortalecer el tejido social en tiempos de crisis.

Palabras clave:activismo textil, estallido social, repertorios de acción colectiva, memoria, plataformas digitales.

Abstract: In this paper, we analyze textile activism in Colombia based on 26 initiatives that emerged during the Covid-19 pandemic; a global crisis that framed the mobilizations that characterized the social unrest in 2021. The study identified transformations and updates with respect to previous forms of textile activism, which emerged in the context of armed conflict and the defense of human rights since the late 1990s. The activisms analyzed, which emerged between 2020 and 2022, redefine this genealogy and, at the same time, deploy different repertoires of collective action. They reflect genuine and autonomous forms of nonviolent citizen participation, ephemeral and performative, combining art, politics, and community, both in physical public spaces and on digital platforms. We find that these forms of mobilization emphasize communication, interaction, and content creation to broaden their reach, articulate demands, build memory, and reimagine narratives that seek to strengthen the social fabric in times of crisis.

Keywords: Textile Activism, Social Outburst, Collective Action Repertoires, Memory, Digital Platforms.

Resumo: Neste artigo, analisamos o ativismo têxtil na Colômbia a partir de 26 iniciativas que surgiram em meio à pandemia da COVID-19; uma crise global que marcou as mobilizações que caracterizaram do estalido social em 2021. O período de análise abrange os anos de 2020 a 2022. O trabalho realizado permite estudo permitiu identificar transformações e atualizações em relação às formas anteriores de ativismo têxtil, nascidas no contexto do conflito armado e da defesa dos direitos humanos desde o final dos anos 90. Os ativismos analisados, que surgiram entre os anos de 2020 e 2022, ressignificam essa genealogia e, ao mesmo tempo, desdobram repertórios distintos de ação coletiva. Eles dão conta de formas genuínas e autónomas de participação cidadã não violenta, efémeras e performáticas, que combinam arte, política e comunidade, tanto em espaços públicos presenciais como em plataformas digitais. Descobrimos que estas formas de mobilização têm ênfase na comunicação, interação e criação de conteúdos para ampliar o seu alcance, articular demandas, construir memória e reimaginar narrativas que buscam fortalecer o tecido social em tempos de crise.

Palavras-chave: ativismo têxtil, estalido social, repertórios de ação coletiva, memória, plataformas digitais.

Introducción

El activismo textil surge como una forma de resistencia, protesta y memoria, especialmente en contextos de crisis y represión. Este fenómeno, presente en distintos países, cobró una relevancia particular en América Latina a partir de la pandemia de COVID-19 y de los estallidos sociales que esta crisis global enmarcó, y que ocurrieron en Chile, Bolivia y Ecuador en el 2019 y en el 2021 en Colombia. Tal como señala Viveros Vigoya (2023), estas movilizaciones se caracterizaron por la emergencia de expresiones culturales y creativas que invitaron a imaginar y construir otros mundos posibles. Protagonizadas en gran medida por juventudes, los estallidos transformaron las formas de participación política en las ciudades, diversificaron las causas en juego y dieron lugar a experiencias de acción colaborativa sostenidas de manera híbrida entre las redes sociales virtuales y la movilización en plazas y calles (Gómez-Gómez, 2025). Estas prácticas de protesta reconfiguraron el concepto de contagio, asociado en la pandemia al riesgo biológico y al aislamiento, para transformarlo en una dinámica de réplica y amplificación que, siguiendo a Tarrow (2004), generó un efecto multiplicador de la protesta, a través de acciones que se realizaron en un lugar y que luego se propagaron en espacios tanto físicos como digitales.

La movilización por contagio va a ser central para entender los activismos textiles entre 2020 y 2022. En este periodo, las denuncias en formato textil consolidaron formas de participación no violenta, combinando arte y política. A través del bordado, el tejido o la costura, los activismos textiles produjeron narrativas visuales y performativas sobre desigualdades estructurales, de manera que reconfiguraron los modos en que se entiende lo político, para situarlo en territorios estéticos, sensibles y afectivos. Así, los haceres textiles, históricamente vinculados a mandatos de feminidad, domesticidad y trabajo manual invisibilizado, se mostraron en este periodo como herramientas de resistencia, cuidado y acción colectiva. A través de espacios para la transmisión intergeneracional de saberes artesanales, estas formas de protesta activaron pedagogías feministas situadas y tejieron redes de solidaridad para gestionar conflictos, preservar la memoria y crear comunidades que sostienen horizontes plurales de futuro (Suil y Gatica, 2021; Viveros Vigoya, 2023; Rosentreter, 2024; Gómez-Gómez, 2025).

Si bien los activismos textiles contemporáneos pueden parecer novedosos, tienen raíces profundas en experiencias que emergieron en el contexto de las dictaduras y los conflictos armados en el continente, entre finales de los años setenta y comienzos de los 2000. En esas circunstancias, grupos de mujeres se organizaron para denunciar violaciones a los derechos humanos, elaborando piezas textiles que narraban detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas, asesinatos selectivos y desplazamientos y también actos de resistencia y solidaridad (Franger, 1988; De la Maza, 2021; Barros y Quintana, 2020; González-Arango et al., 2022; Híjar et al., 2022). Los retazos de tela cosidos y bordados colectivamente se convirtieron en testimonios materiales de las violencias que estaban ocurriendo en la región y desplegaron una dimensión íntima del contexto sociopolítico.

Algunos ejemplos de estas genealogías del activismo textil son las arpilleras de Chile 1 y Perú, 2 los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina 3 y los bordados elaborados en los campamentos de refugiados en la zona fronteriza de Mesa Grande, entre Honduras y el Salvador. 4 Estas experiencias generaron artefactos de memoria que, además de constituirse en archivos textiles, fueron en sí movimientos de resistencia social. Los talleres y redes comunitarias que las impulsaron, en muchos casos apoyados por organizaciones humanitarias, no solo garantizaron la subsistencia económica, sino que ofrecieron espacios de acompañamiento terapéutico y político. Para las mujeres que los sostuvieron, significaron una oportunidad de posicionarse políticamente en sociedades que históricamente habían invisibilizado su participación en la esfera pública (Agosín, 1985, 2004; Franger, 1988; Acuña, 2004; Bacic, 2014; Quiceno y Villamizar, 2020).

En Colombia, el uso del textil artesanal como lenguaje de denuncia surgió a finales de los años noventa como un medio de expresión cultural y política para dar testimonio y tramitar la experiencia del conflicto armado. Estos documentos, nombrados textiles testimoniales (González-Arango, 2019; Climent-Espino, 2022), fueron elaborados mayoritariamente por mujeres diversas pertenecientes a grupos de artesanías, costureros de la memoria y comunidades vinculadas a asociaciones de víctimas y movimientos en defensa de la vida, el territorio y los derechos humanos. Grupos como Artesanías Choibá y Guayacán en el Chocó (1998), Las Tejedoras de Sueños y Sabores de Paz de Mampuján en Bolívar (2003), El Costurero Tejedoras por la Memoria de Sonsón (2009), El Costurero de las Verdades Kilómetros de Vida y Memoria (2014) y la Unión de Costureros (2014) en Bogotá son referentes de las formas en que el hacer textil se convirtió en práctica artística y pedagógica. En cada uno de estos casos, hacer textiles reconstruyó memorias, posibilito la incidencia política y los procesos de acompañamiento y cuidado desde un enfoque de salud mental comunitaria (González-Arango et al., 2022; Quiceno y Villamizar, 2020; Bello y Aranguren, 2020; Arias, 2015).

Este artículo se centra en analizar los repertorios de acción colectiva desplegados por veintiséis iniciativas de activismo textil en Colombia que tuvieron presencia entre 2020 y 2022. Este periodo, atravesado por la crisis sanitaria del COVID-19, enmarcó el estallido social de 2021 en el país. Mostraremos cómo las acciones textiles que se generaron durante este tiempo respondieron al aislamiento y la precarización derivados de la pandemia y a las demandas colectivas que se abanderaron en el paro nacional y el estallido que lo caracterizó.

El estallido social que emerge durante la pandemia registró diversas movilizaciones que incluyeron marchas descentralizadas y puntos de resistencia en periferias urbanas, donde la juventud tuvo un papel protagónico y fue apoyada por organizaciones barriales y sociales. Cacerolazos, círculos de la palabra, música, performance, brigadas de salud y ollas comunitarias se apropiaron del espacio público, sosteniendo las protestas frente a la represión estatal y las restricciones sanitarias (Garzón et al., 2021; Murillo, 2021). En este contexto, los activismos textiles se hicieron visibles como un lenguaje político vinculante y multidimensional capaz de propiciar encuentros colectivos, generar conocimientos y sostener la manifestación pública. A través de ellos, se articularon prácticas artísticas, académicas y comunitarias orientadas a la cooperación, la horizontalidad, la descentralización y el trabajo en red en medio de la crisis social.

La movilización textil durante el estallido social en tiempos de pandemia conjugó repertorios tradicionales e innovadores de protesta: piezas como pancartas, mantas y tejidos ocuparon calles, plazas y parques en marchas y plantones, resaltando la performatividad efímera de las prácticas textiles en el espacio público, mientras que la pandemia impulsó una mayor integración de las tecnologías digitales. Esto permitió organizar acciones colectivas, construir archivos digitales en redes sociales como Instagram o Facebook y generar encuentros virtuales mediante plataformas como YouTube o Zoom. Estas iniciativas, tanto presenciales como virtuales, reunieron a personas diversas que, desde la autogestión y el trabajo en red, articularon de manera creativa y no violenta los temas centrales de la movilización.

Organizamos el artículo en tres apartados. Primero, presentamos la aproximación metodológica empleada para el análisis de los activismos textiles en Colombia y los referentes conceptuales y contextuales que permiten comprender el activismo textil como forma de movilización social en América Latina. Luego de esto, describimos y analizamos los repertorios de acción colectiva desplegados entre 2020 y 2022, agrupados en cuatro ejes: 1) espacios de encuentro y cocreación; 2) intervenciones urbanas textiles; 3) memoriales y archivos de memoria, y 4) movilización en plataformas digitales. Cerramos la reflexión discutiendo las contribuciones, limitaciones y proyecciones del activismo textil contemporáneo como un campo de experimentación política y social que desafía los marcos tradicionales de la protesta. Nos interesa, además de caracterizar, resaltar los elementos, dinámicas y haceres que evidencian el momento estudiado como clave en la configuración de una forma novedosa de activismo textil.

Encuadre teórico metodológico para el estudio de los activismos textiles

Como hemos señalado, la investigación buscó identificar y analizar colectivos de activismo textil que surgieron o se fortalecieron entre 2020 y 2022. Para ello, entre marzo y junio de 2023, realizamos una convocatoria pública difundida por Instagram, Facebook y WhatsApp, que se apalancó en las redes virtuales de Artesanal Tecnológica, una plataforma vinculada a la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia. Este llamado permitió activar redes de afinidad del equipo base de investigación y, a partir de ellas, desarrollar un rastreo por referencias (Ruiz y Aguirre, 2015).

A través de la convocatoria se identificaron y documentaron veintiséis iniciativas en siete departamentos y trece municipios. Todas diligenciaron un formulario virtual sobre su comprensión del activismo textil, las dinámicas de encuentro, las técnicas empleadas, las acciones realizadas y las causas que las vincularon con movilizaciones sociales más amplias en 2020 y 2021. La recopilación de fotografías complementó el registro escrito y aportó una dimensión visual y material para su caracterización. Esta documentación inicial se amplió y validó luego en encuentros presenciales y virtuales con las iniciativas participantes. Allí realizamos exposiciones efímeras que propiciaron el reconocimiento mutuo, el diálogo a partir de las piezas textiles y la construcción de sentidos colectivos sobre las nociones y haceres implícitos en sus formas de acción política. En estos espacios usamos herramientas de visualización de datos —mapas 5 y líneas de tiempo 6 — para mostrar la distribución territorial (departamental, municipal, barrial y local) y la evolución de las iniciativas durante el periodo de estudio, considerando aspectos como su dimensión individual o colectiva, su incidencia en el ámbito público o privado y la frecuencia de sus actividades. La integración de imágenes y relatos configuró así un archivo colectivo que refleja la diversidad de expresiones y la fuerza del textil como dispositivo de memoria social.

Esta propuesta de investigar convocando a las iniciativas de activismo textil, para que ellas documentaran y narraran sus prácticas, debe entenderse como una estrategia metodológica situada en una perspectiva participativa, que buscó generar confianza y reconocer a las activistas como productoras de conocimiento y a la investigación como un ejercicio vincular y de cuidado (Pérez-Bustos, 2024). Lo anterior permitió comprender el activismo textil desde las voces y lenguajes materiales de quienes lo impulsan, y posicionó la investigación en una perspectiva epistemológica que reconoce la experiencia, el hacer, la emoción y la colectividad como caminos de aprendizaje mutuo.

En este artículo, entendemos el activismo textil en la intersección entre arte, política y resistencia cultural, enmarcado en los denominados nuevos movimientos sociales, caracterizados por su énfasis en la identidad, la memoria y la transformación cultural (Almeida, 2020; Castells, 2001). Aquí, los textiles son tecnologías de denuncia y formas de compañía (Pérez-Bustos et al., 2024). En tanto enredos semiótico-materiales (Haraway, 2004), los textiles nos hacen tanto como los hacemos: acompañan cuerpos y memorias, sostienen vínculos afectivos y generan afinidades materiales fundadas en prácticas colectivas (Holmes, 2019). Así, el activismo textil se despliega como acción política en el espacio público y como tecnología relacional que interpela y transforma la manera en que nos pensamos y acompañamos en contextos de resistencia social, sosteniendo la vida, interpelando lo íntimo y generando comunidad.

Estas prácticas han sido descritas como cuerpos gráficos de carácter demorado (Davis et al., 2022; Híjar et al., 2022), capaces de subvertir la urgencia de la acción política y las formas hegemónicas de comunicación alfabética. Transforman el acto de tejer o bordar en una declaración que produce y circula sentidos, evocando y actualizando de forma cíclica procesos estructurales de violencia (Olalde, 2018) y activando una temporalidad múltiple y dinámica de la movilización social. La textilidad de estos cuerpos gráficos se convierte en un vehículo para producir documentos cargados de significados históricos y sociales para la construcción de memoria (Climent-Espino, 2022). En contextos de protesta, la materialidad textil se torna soporte, lugar de enunciación y espacio de aparición (Arendt, 2002). Performances textiles, piezas cosidas, bordadas o tejidas y la ocupación de espacios públicos físicos y virtuales configuran así un discurso político visual y material que interpela tanto al público como al poder.

Además de su capacidad de denuncia, estos activismos destacan por su creatividad, su carácter performático y el uso de tecnologías de la información que expanden y transforman el espacio público (Oyarce, 2024). Lejos de la confrontación directa, crean comunidad y crítica: tanto la calle como las redes sociales se constituyen en espacios en disputa, habitados y resignificados a través del hacer textil colectivo y el trabajo en red —difusión de convocatorias, piezas o acciones, menciones con @ y etiquetado con #—. Estas formas de movilización operan como formatos híbridos (Treré, 2020) que generan continuidades entre escenarios offline y online y entre medios tradicionales y digitales. Su organización en nodos flexibles y cooperativos puede vincularse, con matices, al concepto de multitudes conectadas de Rovira Sancho (2017) en su análisis de la función de las redes sociales en movilizaciones como la Primavera Árabe (2010), Occupy Wall Street, el movimiento Indignados (2011) y el primer Paro Internacional de Mujeres (2017). Esta hibridación y conectividad inciden en los repertorios de acción, ya que las dinámicas en redes permiten posicionar denuncias, amplificar llamados y sostener solidaridades, algunas de las cuales persistieron incluso después del periodo estudiado.

Pensando con Diana Taylor (2015) e Ileana Diéguez (2021), interesa subrayar también las dimensiones performáticas y afectivas de estos activismos. Sus repertorios de acción son actos vitales de transferencia de saber social, memoria e identidad no discursivas (Taylor, 2015), en los que se despliegan coreografías de sentido y escenarios creados a través de representaciones, materialidades y situaciones que movilizan emociones y gestos (Diéguez, 2021). Una de sus características distintivas es precisamente su capacidad para movilizar emociones y construir memorias colectivas: la indignación, la compasión, el dolor y la esperanza sostienen la acción colectiva y crean conexiones entre participantes. Las piezas textiles, portadoras de experiencias y significados, generan encuentros que entrelazan afectos, memorias y luchas compartidas. Nelly Richard (2007) señala que estos activismos son una forma de subversión desde lo cotidiano que utiliza el arte y la memoria como puente entre lo personal y lo político, desmantelando narrativas opresivas y desafiando el poder. En el caso colombiano, estas prácticas rescatan historias invisibilizadas y transforman los textiles en archivos vivos de resistencia y dignidad (González-Arango, 2019).

Repertorios de acción colectiva del activismo textil en tiempos de pandemia

Los repertorios de acción colectiva son las prácticas, discursos y métodos mediante los cuales los grupos expresan sus demandas y objetivos. En los activismos textiles, revelan acciones diversas, a veces efímeras, pero caracterizadas por su talante directo, comprometido y fuerte carga emocional (Oyarce, 2021; Sandoval, 2020).

En Colombia, estos repertorios han estado orientados a la incidencia política y a la construcción de memoria, combinando formas tradicionales e innovadoras de protesta. Se han expresado en el espacio público mediante pancartas, mantas e indumentaria —como capuchas, tapabocas y otras piezas textiles— que ocuparon calles y plazas, como en plataformas digitales que durante la pandemia favorecieron la organización de acciones colectivas y la consolidación de redes de apoyo con alcance nacional e internacional. Así, pese al distanciamiento físico y la represión policial, sostuvieron encuentros de creación y continuidad en la movilización social.

Geográficamente, la mayoría de las iniciativas surgieron y realizaron acciones en Bogotá y Medellín, mostrando la capacidad de las comunidades para adaptar y reinventar formas de protesta en contextos de represión y crisis sanitaria; donde los repertorios tradicionales pueden ser restringidos o han perdido poder de convocatoria y representación.

Un ejemplo de esto es la Plataforma Miércoles de Chicas Ardidas que, en 2020, lanzó en Bogotá una convocatoria abierta para sacar a la calle el “manifiesto del Brasier y Solo Cuco”, encuentro artístico anual iniciado en 2017 que propone intervenciones textiles sobre ropa interior de mujer para reflexionar sobre temas coyunturales como el asesinato sistemático de lideresas sociales y el feminicidio.

Esta acción generó una amplia participación de bordadoras, artistas textiles y procesos comunitarios a nivel local y nacional, e inspiró la creación de colectivos como la Juntanza de Bordado Nacional, que, desde Duitama y de forma virtual, promovió la “manta bordada por la paz y contra la violencia”. Este caso fue el referente para la expansión de la manifestación textil a otros municipios como Popayán, Cúcuta, Floridablanca, San Francisco, Zapatoca o El Carmen de Viboral, para reafirmar la capacidad de convocatoria y trabajo colaborativo potenciado por las redes sociales.

Las personas que integran las iniciativas reúnen trayectorias diversas: profesionales en áreas sociales y artísticas, estudiantes de secundaria y pregrado, maestras, así como personas adultas y mayores que participan en procesos comunitarios, en emprendimientos artesanales o colectividades que, desde los oficios manuales, aportan a la construcción de memoria como acción política. La mayoría de las iniciativas (veintidós) estaban organizadas como colectivas de dos a quince personas, encargadas de convocar, sostener y acompañar las distintas actividades en torno al hacer textil, y abren la participación a personas externas que colaboran con la elaboración de piezas individuales para la confección de mantas o tejidos de gran formato.

La mayoría de las iniciativas (veintiuno) describen que su ámbito de incidencia es presencial. Cuatro trabajan de manera híbrida al expandir sus encuentros mediante plataformas virtuales como Meet o Zoom y una sola iniciativa, Memoria textil, señala que su activismo es principalmente virtual, al construir en Instagram un archivo del paro nacional de 2021 que documentó expresiones de resistencia textil frente al estallido social. En los casos identificados, los encuentros presenciales ocurren en espacios públicos como plazas principales de los municipios, parques, bibliotecas, instituciones educativas, centros de memoria y sedes comunales. En menor medida, estos encuentros también tienen lugar en establecimientos comerciales como cafeterías.

La frecuencia de reunión de los grupos mientras que están activos es variada. Solo en un caso se reúnen cuatro veces al año, mientras que otros se encuentran bimensual (dos), mensual (tres), quincenal (cuatro) o semanalmente (cinco). El objetivo de estos encuentros frecuentes y esporádicos oscila entre la elaboración de piezas textiles para la movilización alrededor de conmemoraciones de eventos políticos y sociales que configuran un calendario de las luchas y reivindicaciones. Algunos de estos casos pueden ser conmemoraciones internacionales como el 8 de marzo (8M), día de la mujer trabajadora, o el 25 de noviembre (25N), día contra las violencias basadas en género, mientras que otros refieren a acontecimientos locales como el 21 de noviembre de 2019 y el 28 de abril de 2021 que recuerdan los estallidos sociales, así como a las víctimas de la violencia policial: Dilan Cruz (25 de noviembre de 2019), Javier Ordoñez (8 de septiembre de 2020) o Lucas Villa (11 de mayo de 2021), efemérides que resignifican la memoria y actualizan las luchas del presente.

La mayoría de las iniciativas usaron técnicas textiles mixtas que incluyen bordado, costura, tejido y estampación artesanal. El bordado fue una de las principales, junto al tejido, que abarca el crochet, tejido con dedos, tapicería y tejido con chaquiras, así como la costura, con variantes de tela sobre tela y aplicaciones. Otras que se mencionan, con menor frecuencia, fueron técnicas de estampación artesanal, como pintura sobre tela, serigrafía y sublimación. Estas técnicas ponen en la escena de la movilización conocimientos artesanales y artísticos que son elegidos de acuerdo con la textilidad del cuerpo gráfico que se elabora. Introduciendo procedimientos, materiales y formatos que tienen en cuenta la circulación física y la posibilidad de socializar formas de hacer que puedan ser apropiadas y replicadas ampliamente.

Las piezas textiles creadas en el periodo de estudio son principalmente de gran formato (Figura 1) como mantas, banderas y murales textiles que fueron elaboradas en colectivo (doce). Estos textiles exhibidos en espacios públicos comunicaban demandas políticas y se convierten también en símbolos de solidaridad y resistencia comunitaria.

1)
Juntanza de Bordado Nacional en Duitama; 2) bordadores de sueños en Bucaramanga;
3) puntadas y pomarrosas, Círculo de Mujeres Garlando y Bordando, Zapatoca; 4)
Fundación Moiras, Cúcuta
Figura 1.
1) Juntanza de Bordado Nacional en Duitama; 2) bordadores de sueños en Bucaramanga; 3) puntadas y pomarrosas, Círculo de Mujeres Garlando y Bordando, Zapatoca; 4) Fundación Moiras, Cúcuta


Fuentes: 1) fotografía de Tania Espitia Becerra; 2) fotografía de Martha Rojas Vega; 3) Círculo de Mujeres Garlando y Bordando; 4) Fundación Moiras.

Un ejemplo paradigmático del uso de estos textiles de gran formato como recurso expresivo es la Manta por la paz elaborada por la Juntanza de Bordado Nacional. Esta pieza representa el impacto del movimiento activista textil como esfuerzo colectivo para encontrar formas alternativas de manifestación frente a la violencia, la reivindicación del diálogo, la dignidad y el tejido comunitario.

Esta pieza descrita por sus creadoras como “un cuerpo textil colectivo que viaja llevando la voz bordada del pueblo”, mide aproximadamente 7 x 5 m y la conforman cerca de ochocientos cuadros bordados. Estos vienen de pequeñas mantas procedentes de distintos municipios del país y que luego fueron unidas para confeccionar la gran manta nacional presentada por primera vez el 25 de noviembre de 2020, en el parque Los Libertadores del municipio de Duitama. Entre 2021 y 2022, la manta comenzó su itinerancia con exposiciones efímeras, encuentros para intercambiar saberes textiles y conversatorios. Esta dinámica permitió dar a conocer las experiencias comunitarias y pedagógicas que, desde el oficio y la narrativa textil, participaron de la convocatoria virtual difundida ampliamente. Entre ellas se encuentran el colectivo Mujeres Entre Puntadas y Pomarrosas de Zapatoca Santander, el proyecto Bordadores de sueños de la Institución Educativa José Antonio Galán de Floridablanca Santander, la Fundación Moiras de Cúcuta y el Ojo de la Aguja en Medellín.

Otras iniciativas (ocho), como Hilado fino de Medellín, los Círculos de bordado en Cali en el marco del paro 2021, Bordando Estereotipo, Daniela RG, crearon piezas textil de pequeño y mediano formato como cuadros, carteles (Figura 2), que se articularon a la movilización a través de publicaciones en redes sociales y plataformas como Memoria textil, al tiempo que acompañaron marchas, plantones, fueron pegadas en las paredes o hicieron parte de mantas y banderas de gran formato como las descritas anteriormente. Una característica de estas piezas es el cuidado estético, tanto en la propuesta gráfica como en el uso de los materiales y técnicas textiles: “A diferencia de otras formas de expresión gráfica el bordado, por su misma condición material, permite explayar todo esto: la emoción, la imaginación y la cognición en su acto expresivo y comunicativo” (Híjar et al., 2022, p. 108). En este sentido, estos textiles expresan una posición política, un lugar de enunciación, el cual, aunque es en principio hecho por una persona, al juntarse con otras, configuran artefactos de memoria y una práctica material colectiva y polifónica.

 1) Hilado
fino; 2) bandolera bordadora; 3) bordado estereotipo; 4) Daniela RG; 5)
Colectiva Carmen; 6) hilemos la palabra
Figura 2.
1) Hilado fino; 2) bandolera bordadora; 3) bordado estereotipo; 4) Daniela RG; 5) Colectiva Carmen; 6) hilemos la palabra


Fuentes: 1) fotografía de Alix Quirama Ossa; 2) fotografía de María Alejandra Fajardo; 3) fotografía de Juan Miguel Cortez; 4) fotografía de Daniela Rueda García; 5) fotografía de Natalia Giraldo; 6) fotografía de Carolina García Ramírez.

Estas piezas textiles se vinculan con la movilización denunciando o subrayando causas sociales y políticas que permitieron a las comunidades afectadas por la violencia, la represión o la injusticia social visibilizar sus experiencias de una manera tangible, en particular, en torno a tres ejes temáticos: derechos humanos y memoria, justicia social y equidad de género y defensa del territorio.

La protesta textil relacionada con los derechos humanos y la memoria se articula con demandas en torno a la continuidad del conflicto armado, la memoria histórica y la construcción de paz e incluye el asesinato de líderes sociales, el estallido social, las denuncias de crímenes de Estado, como el abuso policial y las conmemoraciones de eventos políticos y sociales. Un ejemplo es la bandera 6402 (Figura 3) de la iniciativa Tejedores de Resistencia que, a través de la elaboración cuadros tejidos en crochet, elabora piezas de gran formato que denuncian la violencia política en Colombia.

Bandera [6402] presentada en Puntadas que Unen, juntanza
de arte textil de resistencia junto al Taller Diatriba, durante las
manifestaciones en septiembre de 2021. Parkway (Bogotá, Colombia)
Figura 3.
Bandera [6402] presentada en Puntadas que Unen, juntanza de arte textil de resistencia junto al Taller Diatriba, durante las manifestaciones en septiembre de 2021. Parkway (Bogotá, Colombia)


Fuente: fotografía de Anette Rodríguez.

Por su parte, las iniciativas Colcha de la resistencia y la dignidad por Colectiva Carmen, la Fundación Moiras y el Costurero Entre-hilos, que trabajaron el eje de justicia social y equidad de género, abogaron por la visibilización de las desigualdades estructurales, como el racismo, la explotación laboral, el trabajo digno y las violencias basadas en género (VBG). En relación con este punto, el eje fue el feminicidio y la incidencia por al acceso libre, sin violencia ni riesgos ni discriminación a los derechos sexuales y reproductivos, como el derecho al aborto y la educación menstrual.

Aquellas colectivas que se pronunciaron por la defensa del territorio, el cuidado de la vida y las memorias de poblamiento fueron Surcos en la Piel que, desde localidad de San Cristóbal, en Bogotá, se reunieron a documentar textilmente a través de pancartas y mantas bordadas las acciones de solidaridad y cuidado que comunitariamente surgieron en medio de la pandemia.

A continuación, describimos los repertorios de acción colectiva que se desplegaron en el contexto de la pandemia y el estallido social y que fueron identificadas a través de la convocatoria pública mencionada.

Espacios de encuentro y cocreación a través talleres y conversatorios

Este repertorio lo constituyen propuestas pedagógicas que compartieron técnicas textiles, socializaron experiencias y crearon espacios de diálogo en los que se dieron a conocer problemáticas como las desigualdades sociales, la construcción de paz, la prevención de las violencias basadas en género (VBG), la justicia epistémica, entre otros temas coyunturales. Durante la pandemia, estos espacios se trasladaron a plataformas digitales y se mostró una evolución hacia repertorios híbridos que combinan el espacio físico con el virtual. Dicha estrategia amplió la participación y la incidencia hacia nuevas audiencias, lo cual generó conexiones espaciales y temporales que antes parecían improbables. Estas actividades no solo facilitaron la creación de piezas textiles, sino que también sirvieron como espacios seguros de reflexión y apoyo mutuo que demostraron la capacidad de adaptación y flexibilidad de estos movimientos (Figura 4).

Hemos identificado que, si bien es importante en estas formas de activismo la confección de piezas textiles y su presencia en el espacio público, el proceso de elaboración tiene la misma importancia que la pieza textil en sí. La lentitud con la que estos objetos son realizados permite que se generen vínculos entre las personas que participan de estas iniciativas, así como la construcción de una narrativa colectiva que, a su vez, posibilita situar y resignificar la experiencia de la movilización (Híjar et al., 2022). Esto es una experiencia que documenta las luchas actuales, al tiempo que las inscribe en una historia más amplia de resistencia y solidaridad, elementos fundamentales para organizar y sostener movimientos sociales.

1) El grito del útero, Bogotá; 2) Colectiva Carmen,
El Carmen de Viboral; 3) Hilemos la Palabra; 4) Miércoles de Chicas, Ardidas, la
cura es la sutura colectiva, Bogotá; 5) círculos de bordado, Cali
Figura 4.
1) El grito del útero, Bogotá; 2) Colectiva Carmen, El Carmen de Viboral; 3) Hilemos la Palabra; 4) Miércoles de Chicas, Ardidas, la cura es la sutura colectiva, Bogotá; 5) círculos de bordado, Cali


Fuentes: 1) fotografía de Lina María Gil Arias; 2) fotografía de Natalia Giraldo; 3) captura de pantalla de Carolina García Ramírez; 4) fotografía de Lorenza Vargas; 5) fotografía de Carolina Castaño.

Algunos ejemplos de este repertorio fueron los Círculos de Bordado en Cali que emergieron en el marco del paro nacional de 2021. En estos espacios, el bordado y la palabra permitieron canalizar lo que estaban sintiendo y manifestando las personas que hacían parte de la primera línea y los vecinos del sector y el Colectivo de Mujeres Entre Puntadas y Pomarrosas y su propuesta Círculo de Mujeres Garlando y Bordando, que, a través de la elaboración de carteleras textiles, crearon durante la pandemia un espacio para reflexionar sobre qué significa ser mujer y trabajar por el derecho a una vida libre de violencias contra las mujeres, niñas y niños en el municipio de Zapatoca. En el marco del paro nacional, este colectivo se vinculó a iniciativas como la Juntanza Nacional De Bordado Por La Paz y El Ojo De La Aguja, ampliando sus reflexiones en torno a lo político en el país, haciendo exposiciones textiles efímeras en el espacio público y una vigilia textil en el parque principal del municipio.

Intervenciones urbanas textiles

Desde el activismo textil, los monumentos y lugares emblemáticos que emergieron durante el paro nacional del 2021 se transforman en escenario de resistencia y de visibilización de causas sociales. Ejemplo de esto fueron los plantones textiles y el uso de banderas, grafitis textiles o mantas, entre otras piezas, que, de forma efímera, denuncian en las calles la violencia estatal, el racismo y las desigualdades sociales (Figura 5).

 1) El ojo de la aguja; 2) hilado fino; 3) costurero
Entre Hilos; 4) Costurero de las verdades: kilómetros de vida y memoria
Figura 5.
1) El ojo de la aguja; 2) hilado fino; 3) costurero Entre Hilos; 4) Costurero de las verdades: kilómetros de vida y memoria


Fuentes: 1) fotografía de Adriana Villamizar; 2) fotografía de Marcela Córdoba; 3) fotografía de Paola Zambrano; 4) fotografía de Suka Estudio.

El costurero Entre-hilos en Popayán, por ejemplo, hizo jornadas de bordado colectivo, en medio del estallido social, en las que elaboraron mensajes de apoyo a la movilización. Los bordados se unieron creando una colcha de retazos que, además de participar en las marchas de forma directa, cubrió uno de los pedestales vacíos de las estatuas que fueron tumbadas en el marco de las movilizaciones en el centro histórico de la ciudad. Esta acción de ocupar la calle con la materialidad textil agencia otras formas de manifestación colectiva que evocan e interpelan las memorias familiares asociadas al hacer textil de quienes se acercan a ver estas intervenciones, lo que, por su parte, puede generar empatía en torno a las causas que se están denunciando.

Otras acciones que también hacen parte de este repertorio son las performances textiles (Figura 6). Estas, a través de la puesta en escena de textiles como indumentaria, crean un espacio artístico ritual para la manifestación pública.

1) Performance
Ríos de sangre, Plaza de Bolívar; 2) performance
Ríos de sangre, Monumento Héroes; 3) hiloresistencia; 4) hiloresistencia
Figura 6.
1) Performance Ríos de sangre, Plaza de Bolívar; 2) performance Ríos de sangre, Monumento Héroes; 3) hiloresistencia; 4) hiloresistencia


Fuentes: 1) fotografía de Alfonso Pinaud; 2) fotografía de Lorena Novia; 3) fotografía de Le Roch; 4) fotografía de Mónica Bastidas.

Un ejemplo es Ríos de sangre, de la artista Mónica Savdié, que inició con un vestido confeccionado con la bandera de Colombia invertida, con el que la artista acompañó diferentes momentos y lugares de la movilización social. Esta performance terminó con una acción en la plaza de Bolívar de Bogotá, en la que Savdié atravesó la plaza con una diagonal roja, elaborada con 130 m de tela y sujetada de su vestido, como un mensaje de desaprobación a la forma cómo ha sido gobernado el país.

En esta misma línea, la iniciativa Hiloresistencia creó un manifiesto a través de la elaboración de capuchas irónicas y teatrales que salieron a las marchas y a las movilizaciones sociales vestidas por manifestantes. Con ello, buscó configurarse como una forma de tramitar la impotencia y el dolor por todas las acciones violentas e injustas que estaba causando la represión policial frente al derecho a protesta. Las capuchas se presentan, entonces, como un símbolo de confrontación, resistencia y elemento legítimo de protección.

Memoriales y archivos textiles

En medio de la represión gubernamental, el activismo textil también se orientó hacia la creación de archivos y memoriales (Figura 7). A través de bordados y otras formas de arte textil, se registraron los nombres de víctimas de la violencia estatal, las situaciones de vulneración de derechos y las formas de resistencia que surgieron en este periodo. Esto, a través del uso de plataformas virtuales como soporte de almacenamiento y difusión que permitieron hacer memoria y honrar a quienes fueron afectados por las acciones violentas que tuvieron lugar durante esta época.

1) Captura de pantalla de la cuenta de Instagram
de Memoria textil; 2) retrato conmemorativo tejido con chaquiras, Tejidos Chakana; 3) retrato conmemorativo tejido con chaquiras,
Tejidos Chakana; 4) pañuelo bordado en memoria de Policarpo Guzmán, El Ojo de
la Aguja; 5) columbarios textiles, costurero de las Verdades kilómetros de
Vida, Memoria y Paz; 6) instalación de pañuelos, El Ojo de la Aguja
Figura 7.
1) Captura de pantalla de la cuenta de Instagram de Memoria textil; 2) retrato conmemorativo tejido con chaquiras, Tejidos Chakana; 3) retrato conmemorativo tejido con chaquiras, Tejidos Chakana; 4) pañuelo bordado en memoria de Policarpo Guzmán, El Ojo de la Aguja; 5) columbarios textiles, costurero de las Verdades kilómetros de Vida, Memoria y Paz; 6) instalación de pañuelos, El Ojo de la Aguja


Fuentes: 1) fotografía de la cuenta de Instagram de Memoria Textil; 2) fotografía de Mateo Perea; 3) fotografía de Mateo Perea; 4) fotografía de Isabel González; 5) fotografía de Johanna Morales; 6) fotografía de Adriana Villamizar.

Estos repertorios incluyen la convocatoria para la elaboración de piezas y exposiciones efímeras en el espacio público, virtual y presencial, por ejemplo, en plazas, centros culturales, escuelas, museos y a través de cuentas en Instagram. Destacan iniciativas como Tejidos Chakana/Urdiendo la Vida para Tejer la Paz, El ojo de la Aguja. Estos grupos —a través de la elaboración de retratos tejidos en mostacilla y el bordado sobre pañuelos de los nombres de líderes y lideresas sociales, defensores de derechos y firmantes de paz, así como de víctimas de la violencia estatal— subrayan la importancia de los textiles como documento y medio de construcción de narrativas de resistencia y solidaridad que aportan a reflexionar sobre la situación social y política del país.

Otra de las acciones importantes en este repertorio es la documentación que se hace a través de la publicación en redes sociales con la finalidad de hacer archivo. Este es el caso de Memoria Textil, que creó la plataforma de contrainformación divulgación, convocatoria y diálogo que logró recolectar, de manera virtual, más de cien piezas textiles con mensajes de protesta y solidaridad y con esto construyeron un repositorio digital que preserva la memoria de las protestas textil a través de una página de Instagram @Memoriatextil.col. El oficio textil, en este tiempo, fue revalorizado como sistema expresivo y herramienta de acción política. Estas iniciativas deben leerse como una continuidad de los activismos textiles que surgieron en Colombia a partir de los años noventa, asociados con la denuncia de las violaciones a los derechos humanos en el marco del conflicto armado. Ellas, por su parte, actualizan estas demandas, ampliando los lugares de enunciación, así como los procesos creativos, las técnicas, los soportes y las gráficas textiles. Estos repertorios destacan nuevas formas de desigualdad y la persistencia de modalidades de violencia en el estallido social, además de temas clave en relación al abuso policial, las violencias basadas en género, la defensa del territorio, el acceso a la educación, racismo y trabajo digno.

Movilización en plataformas digitales

Las redes sociales fueron utilizadas por las iniciativas para varios fines asociados a la movilización de sus activismos, Instagram y Facebook fueron las principales plataformas. Otras herramientas mencionadas, relacionadas con la coordinación de acciones, fueron WhatsApp y Telegram. Para la generación y divulgación de espacios de encuentro, se mencionaron Meet, Zoom, Facebook Live y YouTube. Durante la observación de dichos perfiles, identificamos algunos de los usos más comunes de estas plataformas, lo que nos permite entenderlas como repertorios particulares de movilización (Figura 8).

Por su parte, las redes contribuyeron a convocar la participación en acciones en el espacio público, como plantones textiles y marchas. Esto, a través de la realización de piezas gráficas con imágenes, ilustraciones o fotografías de piezas textiles, que acompañaron textos informativos sobre las actividades, como lugar de encuentro, fecha, hora.

Otra característica de este repertorio fue la posibilidad de usar las plataformas digitales para amplificar las actividades realizadas a través de su registro fotográfico. Las imágenes que circularon por redes solían ser de las piezas textiles en el contexto de la actividad, así como el registro del hacer situado: personas tejiendo, bordando en plazas, parques.

1) Juntanza de bordado, convocatoria en Facebook;
2) Tejedores de Resistencia, pieza gráfica con detalles para la participación
en la manta; 3) Tejedores de Resistencia, convocatoria del plantón textil; 4)
Memoria Textil, convocatoria en Instagram
Figura 8.
1) Juntanza de bordado, convocatoria en Facebook; 2) Tejedores de Resistencia, pieza gráfica con detalles para la participación en la manta; 3) Tejedores de Resistencia, convocatoria del plantón textil; 4) Memoria Textil, convocatoria en Instagram


Fuentes: elaboración propia.

También observamos un uso frecuente de redes sociales para convocar a la creación de piezas colectivas. En este caso, el hacer textil se realiza de manera asincrónica. A través de las redes sociales de la iniciativa, se proponen características técnicas básicas como el tamaño, tipo de puntada, color de la pieza que se invita a realizar. Este es el caso de Tejedores de resistencia, que dinamizaron la producción de mantas compuestas por tejidos en crochet, amarillos, azules y rojos, y de la Juntanza de Bordado Nacional, que invitó a construir retazos bordados que luego armaron una gran manta. Estos grupos coordinan la recolección y el envío de las piezas a través de mensajes internos o por grupos con el uso de WhatsApp. Esta última es la red social que se utiliza principalmente para la coordinación, tanto dentro del grupo principal que constituye la iniciativa como con las personas que participan o se adhieren a través de su hacer textil.

En algunos casos, como en las iniciativas individuales como Bandolera bordadora, Bordando estereotipos y Daniela RG, la virtualidad es el espacio principal de movilización. Este se amplía a través del intercambio y la colaboración virtual con otras iniciativas. Las redes sociales constituyen el espacio público en el cual se posicionan sus mensajes a través de fotografías de las piezas textiles elaboradas. En el caso de memoria textil, además de que esta es concebida como plataforma de divulgación de piezas textiles asociadas a la movilización social, su lugar de activismo se asocia con la construcción de memoria al consolidarse como archivo textil.

Así, las redes sociales constituyen escenarios de movilización, en los que se desdibuja la dicotomía entre espacio público y privado y se politiza radicalmente la intimidad (Zafra, 2011). En ellas, además de la exposición y la divulgación de mensajes de demanda y denuncia, construidos individual y colectivamente, se generaron encuentros que permitieron la articulación y el intercambio entre diferentes iniciativas. Esto, por medio de conversatorios y entrevistas que aportaron al fortalecimiento de una escena política que vincula realidades urbanas y rurales de la movilización en diferentes lugares del país y en resonancia con otras movilizaciones del hemisferio, como el estallido social chileno.

El espacio virtual se constituye así como plataforma de amplificación, lo que permite un mayor alcance de las acciones realizadas en las calles. Posibilita también la participación política de un amplio número de personas que, por diversas razones, entre ellas la pandemia de COVID-19, no salieron a las calles a protestar y cuya adhesión y presencia se encontró representada en las materialidades textiles construidas colectivamente, coordinadas y vinculadas a través de estas herramientas y plataformas virtuales.

Conclusiones

El activismo textil se ha consolidado en Colombia como una forma sensible y potente de acción política que, en medio de la pandemia y el estallido social, desbordó los marcos convencionales de la protesta. Estas formas textiles de movilización se han posicionado en un lenguaje para articular memorias, afectos y demandas colectivas, de manera que se disputan las fronteras entre lo íntimo y lo público y entre lo artístico y lo político. Al hacerlo, los activismos textiles reconfiguraron los modos de habitar el espacio público, lo transformaron en lugar de cuidado, denuncia y encuentro y abrieron nuevas vías para imaginar lo político desde la creación compartida y no violenta.

Los repertorios identificados dan cuenta de esta transformación. Los espacios de encuentro y cocreación habilitaron prácticas pedagógicas que, en plena pandemia, migraron a plataformas virtuales y luego volvieron a la presencialidad. Esto generó redes de diálogo, transmisión de saberes y reflexión política que articularon experiencias intergeneracionales. Las intervenciones urbanas, por su parte, llevaron pancartas, mantas, banderas y performances textiles a calles y plazas, lo que resignificó monumentos y espacios públicos como escenarios efímeros de protesta, visibilización y esperanza. Los memoriales y archivos textiles recuperaron nombres, rostros y relatos de víctimas de la violencia estatal, y los inscribieron en piezas materiales que se convirtieron en documentos colectivos de memoria. Finalmente, la movilización en plataformas digitales permitió convocar acciones, coordinar el envío de piezas, visibilizar procesos, construir repositorios virtuales y sostener solidaridades que en algunos casos trascendieron el periodo estudiado. En conjunto, estos repertorios muestran que el activismo textil, a partir de la creación material, gesta situaciones, vínculos y afectos que configuran nuevas formas de hacer política.

Este giro estuvo profundamente marcado, durante el periodo de estudio, por una renovación generacional y por la adopción de formatos híbridos que combinaron acciones presenciales y virtuales. Colectivos integrados principalmente por juventudes incorporaron lenguajes visuales, afectivos y performáticos que ampliaron las audiencias y resignificaron el espacio público como lugar de cuidado, protesta y encuentro. Esta hibridación transformó la noción de espacio público, lo cual desdibujó sus límites con lo doméstico y lo íntimo. Como han mostrado las iniciativas analizadas, la afectividad no es aquí un suplemento de la acción política, sino una condición que la sostiene y la expande, de manera que crea alianzas y solidaridades en medio del aislamiento social y la precarización de la vida cotidiana.

La materialidad del textil y su temporalidad lenta resultaron centrales en este proceso. Configuraron formas de protesta que pusieron en el centro la construcción de narrativas compartidas sobre las injusticias que se estaban tramitando en la movilización y, a través de la enseñanza y transmisión de saberes artesanales y memorias entre generaciones diversas, fortalecieron la continuidad de las luchas en el tiempo. Así, el activismo textil contemporáneo opera como tecnología relacional que entrelaza cuerpos, afectos e historias en dispositivos colectivos de acción.

Además de describir estas transformaciones, este trabajo propuso un enfoque metodológico participativo que reconoce a las activistas textiles como productoras de conocimiento. La documentación de sus trayectorias y repertorios a través de un proceso colaborativo derivó en la creación de la base de datos de activismos textiles en Colombia 2020-2022, una herramienta digital de libre acceso que registra, organiza y visibiliza la diversidad de experiencias identificadas. Esta base, validada mediante encuentros colectivos, no solo constituye un archivo en construcción, sino que también aporta a fortalecer las redes existentes y a fomentar nuevas colaboraciones entre iniciativas.

En suma, las iniciativas de activismo textil que se gestaron durante el periodo de la pandemia del COVID-19 y sus movilizaciones conexas dan cuenta de la consolidación de un campo emergente de experimentación política y social, en el que el hacer textil funciona como lenguaje político, archivo vivo y práctica de cuidado. El activismo textil contemporáneo en su denuncia crea mundos posibles: expande el espacio público, repolitiza la intimidad, teje solidaridades y propone formas no violentas de acción colectiva en contextos de crisis. Reconocer y fortalecer estas experiencias resulta clave para imaginar horizontes democráticos más sensibles, inclusivos y sostenibles, en los que la política pueda abordarse con tiempo, afecto y comunidad.

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Notas

* Artículo de investigación

Origen del artículo Este artículo hace parte del proyecto de investigación “Desigualdades, resiliencia comunitaria y nuevas modalidades de gobernanza en un mundo pospandemia”, financiada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Colombia (CT112-2022) y la Universidad Nacional de Colombia (Hermes 53732). Esta investigación se realiza entre 2022 y 2025.

1 El movimiento de arpilleras en Chile surgió durante la dictadura de Pinochet (1973-1990) con colectivos como la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (1973-1992) y las arpilleristas de Lo Hermida (1975). Actualmente, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos resguarda veintitrés colecciones que conforman un archivo textil testimonial de la historia reciente.

2 En Perú, las arpilleras emergieron en el marco del conflicto armado interno (1980-2000) que dejó más de 70 000 víctimas. Destacan la Asociación Kuyanaku en Ayacucho, así como los talleres Mujeres Creativas y Mamá Quilla en Huaycán, Lima (Franger, 1988; Acuña, 2004; Bacic, 2014).

3 En Argentina, el pañuelo blanco se consolidó como símbolo en 1977 cuando las Madres de Plaza de Mayo lo usaron en la peregrinación a Luján para visibilizar la búsqueda de desaparecidos durante la dictadura de Videla (1976-1983) (Barros y Quintana, 2020).

4 En El Salvador, durante la guerra civil (1980-1992) entre el Estado y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), talleres de bordado documentaron la violencia que dejó más de 8000 desaparecidos y 75 000 asesinados.

5 Creamos una herramienta interactiva de visualización geográfica de las iniciativas que puede consultar en el siguiente enlace: Mapa interactivo- Iniciativas de activismo textil

6 La línea de tiempo es una herramienta interactiva para contextualizar el surgimiento de las iniciativas entre 2020 y 2022. Puede consultarla en el siguiente enlace: línea de tiempo interactiva

Notas de autor

a Autora de correspondencia. Correo electrónico: itzapalos@gmail.com

Información adicional

Cómo citar: González-Arango, I., Gómez Gómez, S. y Pérez Bustos, T. (2025). Activismos textiles en tiempos de pandemia y estallido social en Colombia 2020-2022. Signo y Pensamiento, 44. https://doi.org/10.11144/Javeriana.syp44.attp

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