Un relato sonoro con higuerillas (Ricinus communis)*

A Sound Story with Castor Beans (Ricinus communis)

Uma narrativa sonora com mamonas (Ricinus communis)

Fernando Javier Lomelí-Bravo

Un relato sonoro con higuerillas (Ricinus communis)*

Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas, vol. 21, núm. 1, 2026

Pontificia Universidad Javeriana

Fernando Javier Lomelí-Bravo

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México


Recibido: 13 junio 2025

Aceptado: 23 septiembre 2025

Publicado: 01 enero 2026

Resumen: Este artículo presenta un proceso de investigación-creación artística que involucra debates sobre el concepto de agencia implicada en las etnografías multiespecie y las ecologías afectivas. El relato sonoro con higuerillas está narrado desde dos perspectivas complementarias: una textual y la otra mediante una pieza sonora. La investigación-creación se llevó a cabo con la participación de diferentes higuerillas (Ricinus communis) que habitan o que habitaban en el Huerto Agroforestal Universitario (HAU) ENES, UNAM, así como otras que habitan en distintas partes de Morelia y la Ciudad de México. Además, en la configuración del relato sonoro, participan agentes que sostienen el HAU y otrxs actantes tecnológico-mediales. También se proponen algunas ideas para pensar las ecologías políticas de afectos vibracionales, configuradas, entre otras cosas, por enredos acústicos, afectivos y semióticos que atienden a las tensiones, las distensiones y los temperamentos que les dan distintas consistencias a los encuentros. Con las ideas presentadas, se proponen algunas estrategias pragmáticas que buscan desafinar modos de relación dicotómicos y jerarquizantes, entre humanxs y más que humanxs, que le dan consistencia al sentido común colonial-capitalista-patriarcal, para cultivar otras maneras de cohabitar.

Palabras clave:higuerillas, escucha, agenciamientos, ecologías vibracionales, temperamentos.

Abstract: This article presents an artistic research-creation process involving debates on the concept of agency as it is understood in the area of multispecies ethnographies and affective ecologies. Our sound story with castor beans is narrated from two complementary perspectives: a textual one and a sonorous one. The research-creation process came to fruition thanks to the participation of various different castor beans (Ricinus communis) which inhabit or have inhabited the University Agroforestry Garden (HAU) ENES, UNAM, as well as other specimens which inhabit various zones of Morelia and Mexico City. Additionally, the financing parties of the HAU participate in the creation of the sound story, as do other techno-media-related actors. A few supplementary ideas surrounding the political ecologies of vibrational affects are also proposed, which are configured using, among other things, acoustic, affective and semiotic tangles, which themselves attend to the tensions, distensions and temperaments that lend different consistencies to these encounters. Taking these ideas as a starting point, some pragmatic strategies for destabilizing hierarchic and dichotomic modes of relationship between humans and more-than-humans, which give consistency to colonialcapitalistic-patriarchal common sense, are proposed, in order to encourage other forms of cohabitation.

Keywords: castor beans, listening, agency, vibration ecology, temperaments.

Resumo: Este artigo apresenta um processo de pesquisa-criação artística envolvendo debates sobre o conceito de agência implicada em etnografias multiespécie e ecologias afetivas. A narrativa sonora com mamonas é contada desde duas perspectivas complementares: uma textual e outra mediante peça sonora. A pesquisa-criação foi realizada com a participação de diferentes plantas de mamona (Ricinus communis) que habitam ou habitaram na Horta Agroflorestal Universitária (HAU) ENES, UNAM, bem como outras que habitam em diferentes partes de Morelia e a Cidade do México. Além disso, agentes que apoiam o HAU e otrxs actantes tecnológico-mediais participam na configuração da narrativa sonora. Também são propostas ideias para pensar as ecologias políticas de afetos vibracionais, configuradas, entre outras coisas, por entrelaçamentos acústicos, afetivos e semióticos que abordam às tensões, as distensões e os temperamentos que conferem diferentes consistências aos encontros. Com base nestas ideias, propõem-se estratégias pragmáticas que visam desafinar modos de relacionamento dicotómicos e hierarquizantes, entre humanxs e mais que humanxs, que dão consistência ao senso comum colonialcapitalista-patriarcal, a fim de cultivar outras formas de coabitar.

Palavras-chave: mamonas, escuta, agenciamentos, ecologias vibracionais, temperamentos.

ricino (lat. ricinu(m); docum. en esp. desde 1557)

Arbusto tropical de la familia Euphorbiaceae, cuyas semillas son tóxicas por su contenido en ricina. De ellas se extrae el aceite de ricino, empleado como laxante y purgante por su efecto antirreabsorbente y secretagogo. (Real Academia Nacional de Medicina de España 2025)

Introducción

El relato sonoro con higuerillas se complementa con las experiencias y reflexiones aquí expuestas. La elaboración del relato sonoro y la construcción del texto implican dos modos de pensar-practicar algunos enredos entre humanxs y plantas que se afectan entre sí. El texto y el relato sonoro sugieren sus propias rutas, que, en ocasiones, se cruzan para especular en los encuentros entre humanxs y más que humanxs. Ambos procesos forman parte de mi investigación doctoral en Música y Tecnología en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El artículo está dividido, después de la introducción, en tres secciones. Las primeras dos buscan presentar el contexto general y las singularidades de los diferentes agentes que se enredaron en la experimentación para elaborar el relato sonoro y, luego, en la tercera sección, se exploran algunas consecuencias derivadas del proceso de construcción del relato sonoro.

La higuerilla es una planta que se desarrolla de manera silvestre cerca de donde habitan lxs humanxs. A las plantas que crecen cerca, en, sobre o a pesar de las infraestructuras humanas, sin haber sido cultivadas intencionalmente, se les conoce botánicamente como arvenses, ruderales 1 y, en muchos casos, como malezas cuando representan un problema de rendimiento económico o de “desorden” en un área cultivada. Sin embargo, la maleza no es un tipo de planta en específico ni tampoco una valoración exclusivamente antropocéntrica, sino un enredo, semiótico-material, que involucra agencias humanas, vegetales y técnicas en tensiones económicas, éticas, estéticas, afectivas, espirituales, ecológicas y políticas.

La agencia se refiere a la capacidad de los cuerpos (humanos, vegetales, minerales, microbianos, tecnológicos) de afectar y ser afectados por otrxs. Es una perspectiva para pensar las acciones y dar cuenta de sus efectos en otrxs, sin limitarlas a características humanas (como la consciencia, la voluntad, la intencionalidad), apuntando al hecho de que no son solo los humanos “autónomos” o soberanos quienes operan y deciden sobre el entorno, idea que proyecta una noción de mundo estático, pasivo o al servicio del humano (Bennett 2010).

Las acciones y sus rumbos dependen de coaliciones o agenciamientos (redes de agencias) entre cuerpos (las personas y sus microbiotas, ideas, materiales con los que están hechas sus herramientas, etc.), todos y cada uno de los cuales aportan no necesariamente de la misma manera ni exentas de contradicciones características de la acción y la percepción.

La agencia vegetal proviene no de la autonomía sino de las conexiones que la materialidad de las plantas produce en otros seres y elementos como el agua, la luz o el suelo y que los incita a actuar de forma diferente […]. Esta reelaboración de la agencia, desde una perspectiva relacional materialista, ofrece a la antropología (y añadiríamos a las artes) nuevas oportunidades para explorar cómo las plantas y sus cambios se insertan en la trama de la vida social, y cómo son capaces de afectar, desplazar y transformar la conducta, los cuerpos y la vida humana. (Durand 2022, 115)

Desde la perspectiva de la agencia, la sensibilidad de todo ser vivo, sus capacidades de afectar y responder de muchas maneras a esa afectación se convierte en un aspecto fundamental que participa, y ha participado, en la coevolución entre especies y en la configuración de relaciones políticas y ecosistémicas.

En este artículo, compartiré algunas ideas para involucrar artes sonoras, plantas y problemas socioambientales desde experiencias cotidianas, y presentaré algunas ideas que, desde la perspectiva de los agenciamientos, buscan destejer y desafinar modos de relación dicotómicos y jerarquizantes entre humanxs y otras formas de existencia del tipo naturaleza-cultura, sujeto-objeto, activo-pasivo y razón-afecto.

La investigación-creación presentada se nutre de algunos de los caminos y las perspectivas que proponen las etnografías multiespecie latinoamericanas (Arias-Henao y Roca-Servat 2024; Fonck y Jacob 2018; Vargas García y Varela Trejo 2024). Con estas, no se trata tanto de contar las historias por separado de diferentes especies, ni solo describir sus fisiologías o dar cuenta de los aprovechamientos mutuos, sino de tejer historias de los encuentros y sus contaminaciones 2 que dan forma a las existencias en circunstancias concretas atravesadas por el neoliberalismo, colonialismo, extractivismo y fascismo genocida, para aprender e inventar otras maneras de cohabitar en los tiempos de crisis contemporáneas.

Si bien el concepto de multiespecie, que proviene de la academia anglosajona para nombrar “un tipo de relacionalidad que no conocía, o que había olvidado”, como proponen Vargas García y Varela Trejo (2024), es útil para dar cuenta de las relacionalidades necesarias que sostienen cualquier existencia, no hay que perder de vista que dicho concepto nombra

algo que otros pueblos y cuerpos colectivos del sur global siempre han sabido/vivido: que nada ni nadie preexiste a sus relaciones; que mantenemos una íntima sociabilidad con cuerpos y vitalidades más-que-humanas (vegetales, minerales, hongos, bacterias, espíritus, ancestros, dioses, ríos, montañas, bosques, virus, otros animales y un largo etcétera), con quienes nos relacionamos en reciprocidad e interdependencia […]; con quienes se hacen pactos de gratitud y colaboración […]; y que no existimos fuera de esos enredos. (163)

La perspectiva multiespecie considera la agencia como elemento constitutivo de las interrelaciones, “no es que yo exista primero y luego entre en agenciamientos. Más bien, mi existencia es mi participación misma en agenciamientos” (Stengers 2012, 7). Los agenciamientos son relaciones de fuerza que hacen que “algunos seres sean capaces de volver a otros capaces, en una manera plurívoca, de tal forma que el agenciamiento resiste ser desmembrado, resiste a una distribución inequívoca” (Despret 2025). En ese sentido, los agenciamientos pueden considerarse un tipo de animación (Stengers 2012) que modula las acciones y las percepciones (por ejemplo, en forma de seducciones, inducciones, atracciones, invocaciones, repulsiones, contaminaciones, entre muchas otras), sin que pueda descomponerse en una causalidad lineal.

Es necesario reconocer las contradicciones del concepto de multiespecie y “seguir con el problema” (Haraway 2019), sin ceder a la pretensión de utilizarlo como un término que lo explique todo, contrarrestando “su posición privilegiada […] con otras palabras, otras lenguas y otros relatos que siempre han sabido reconocer las amorosas y cruentas formas en que nos hacemos las unas con los otros” (Vargas García y Varela Trejo 2024). 3

La perspectiva multiespecie, con sus contradicciones, involucrada en la creación artística me parece un camino potente para destejer y desafinar modos de relación dicotómicos, hegemónicos y autoritarios que le dan consistencia al “sentido común colonial, capitalista y patriarcal” (Myers s.f.). Destejer y desafinar taxonomías y dicotomías para dar cuenta de los hilos que le dan soporte a la trama del pensamiento dicotómico y para encontrar otras tensiones, tonalidades y temperamentos 4 (acústicas y afectivas) distintos de los del “sentido común colonial”, que no solo coloniza la tierra, sino también nuestra imaginación, haciendo que las sensibilidades más que humanas sean tan ilegibles y tan imposibles de percibir para nosotrxs lxs humanxs modernxs (Myers s.f.). Esa colonialidad también da forma a nuestras corporalidades, relaciones, sensibilidades y regímenes de atención, generando, entre otras consecuencias, maneras de entablar vínculos con el mundo a partir de separar, oponer y jerarquizar las existencias para legitimar diferentes formas de violencia y dominio (Bardet 2021).

Una historia de enredos afectivos entre humanos e higuerillas en el HAU

Comenzaba la temporada de lluvias en Morelia (México). Durante una reunión convocada en julio de 2023 para deshierbar la milpa y otras áreas del HAU (figura 1), se desenvolvieron gestos de cosecha, tolerancia, cuidado, atención, alimentación y pensamiento. Gestos que no solo fueron, y son, realizados y sentidos por las personas, sino también por otros muchos seres que cohabitan ese espacio promovido para el aprendizaje y ejercicio de prácticas agrosilviculturales. Con la noción de gesto, me interesa subrayar una perspectiva que desafina una oposición entre activo y pasivo, así como entre mente y cuerpo. Siguiendo a Bardet (2019, 2021), un gesto es un modo de establecer relaciones con otrxs y, al mismo tiempo, está configurado por otras afectaciones con el mundo, así cada gesto es portador de historias afectivas que se hacen cuerpo (Flusser 1994). Los gestos no son exclusivamente humanxs, implican modos de hacer y de sentir entrelazados con los cuales se explora y discierne el mundo. Aunque los gestos estén conformados por historias relacionales, no están determinados por ellas; es posible cultivar otros gestos, para, por ejemplo, pensar-sentir y hacer cuerpos que escapen a las oposiciones jerarquizantes que reproducen prácticas y sentires coloniales, patriarcales y capitalistas.

El HAU está ubicado en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Morelia, campus perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El HAU es impulsado y gestionado por docentes y estudiantes de las licenciaturas en Ciencias Agroforestales y Ciencias Ambientales y por el Laboratorio de Estudios Transdisciplinario sobre el Ambiente (LabETA). Después se han sumado otrxs colaboradores de distintas áreas, como artistas e historiadores del arte.

El HAU surgió a finales de 2016 como una propuesta para poner en práctica los conocimientos vistos en el aula, pero, más aún, el HAU convoca al cuidado y la reproducción de la vida en el contexto contemporáneo de las diferentes crisis socioambientales. En el HAU, coexisten diferentes espacios y procesos agroecológicos y agroforestales. Cuenta con una milpa agroforestal, una zona de hortalizas, un bosque comestible, una espiral de hierbas medicinales, aromáticas y ornamentales, y un espacio de convivencia. Esta variedad de espacios promueve una gran biodiversidad de plantas (tanto cultivadas como silvestres), aves, insectos y pequeños mamíferos (Huerto Agroforestal Universitario ENES, UNAM 2025).

Las maneras de entablar relaciones con las hierbas silvestres en los contextos agroecológicos o agrosilviculturales, como las del HAU, son diferentes de las establecidas en la agricultura industrial y el monocultivo. En estos últimos casos, las arvenses se consideran indeseadas y desordenadas, e implican un problema de rentabilidad, por lo que se persigue su eliminación en el área cultivada.

Por otro lado, en contextos agroecológicos, como el del HAU, se busca cultivar gestos que promuevan otras maneras de hacer y sentir, pero también de percibir y comprender la agencia de otras formas de existencia, lo que comienza por preguntar, escuchar y responder. Es necesario aprender a realizar esto (preguntar, escuchar y responder) con cada territorio y con cada forma de existencia, no puede asumirse que todas las situaciones son equivalentes. Por ejemplo, durante las actividades de deshierbe en el HAU, que realizamos en julio de 2023, se quitaron algunas hierbas que crecieron en los surcos de la milpa y otras no, pues ya habían sido elegidas por chapulines como casa o alimento. Si esas arvenses se hubieran eliminado, los chapulines buscarían otros lugares para habitar y alimentarse que probablemente coincidirían con las plantas que se cultivan para las personas. Ese pequeño gesto de atención y propuesta para con los chapulines y las hierbas intentó evitar un conflicto.

Prestar atención a la relación singular que establecieron plantas y chapulines es una manera de responder a la situación a partir de preguntas que, en contextos agroecológicos, buscan promover la diversidad y evitar el uso de agroquímicos como única manera de gestionar el problema de coexistencia entre humanxs, plantas e insectos.

Huerto Agroforestal Universitario (HAU), ENES Morelia
UNAM, agosto de 2024
Figura 1
Huerto Agroforestal Universitario (HAU), ENES Morelia UNAM, agosto de 2024


Fuente: fotografía del autor.

Durante el deshierbe se me asignó la tarea de quitar plántulas de higuerilla, o ricinos, de la milpa. Con el acompañamiento de Alexis Daniela Rivero-Romero e Isaac Rhodart Hernández Zamorano, profesores de la Licenciatura en Ciencias Agroforestales de la ENES Morelia que participan del sostenimiento del HAU, comienzo a notar las particularidades de las higuerillas y a practicar la atención necesaria para elegir qué higuerillas deben quitarse y cuáles no, según las relaciones que hayan estableciendo con otros seres y las maneras en que deben cortarse y desprenderse del suelo.

El gesto de quitar una hierba de la tierra es al mismo tiempo activo y perceptivo, como cualquier gesto. Cortar una planta del suelo produce sensaciones y disposiciones corporales que hacen que la planta arrancada resuene en las manos y en la memoria. Prestar atención a esas vibraciones es un tipo de escucha somática, como la que Clavel y Wittersheim (2021) proponen con respecto a los gestos de cultivo:

La escucha es una atención prestada al entorno tanto a través de la actividad auditiva como propioceptiva. Es una disposición hacia las vibraciones sonoras y táctiles, y los traslados de peso que, durante el movimiento, crean interacciones sonoras a través del contacto físico entre el agricultor y los vegetales. (125)

No todas las hierbas se cosechan igual, lo que implica diferentes atenciones y disposiciones corporales, que son efectos en nuestro cuerpo de las singularidades que cada planta genera con su medio. En esas singularidades, que vuelven difusos los contornos entre planta y su entorno, radican potencias afectivas.

Pensar desde el punto de vista de los afectos no es lo mismo que hablar de emociones psíquicas, aunque tampoco son necesariamente opuestas:

Los afectos […] consisten en los efectos de las fuerzas que agitan el cuerpo vivo de un determinado mundo en los cuerpos vivos que lo componen. En suma, son la presencia del otro (persona, paisaje, atmosfera política, obra de arte, texto, etc.) en nuestros cuerpos, son una presencia viva que los fecunda; quedamos habitados por una especie de cuerpo extraño que nos deja en estado de inquietud. (Rolnik 2019a)

Involucrarse con las plantas desde la perspectiva afectiva, y no solo discursiva, sugiere otros caminos para indagar las sonoridades y escuchas vegetales, así como las maneras en que las plantas participan en la configuración de modos de existencia con lxs humanxs, por medio de las afectaciones mutuas que transforman recíprocamente las potencias de acción.

Atender a las afectaciones mutuas que inducen, seducen, atraen, inquietan, repelen, y no solo las vibraciones que alcanzan nuestros tímpanos, es un modo de involucrarse con otras “ecologías vibracionales” que se entretejen con las fuerzas que animan nuestro cuerpo, y así generar, como propone Rolnik (2019b), mundos potenciales y sensaciones de extrañamiento que convocan el deseo para configurar una respuesta que, según la ética vital que sigamos, puede ser reactiva, buscando conservar el statu quo, o de creación, ya sea de una palabra, un texto, una pieza musical u otro modo de coexistencia.

Pensar desde el punto de vista de una “ecología de afectos vibracionales”, como propone Goodman (2010 xviii), ofrece una perspectiva menos antropocéntrica que la que se propone con el paisaje sonoro y también menos dicotómica como la que se pretende desde la ecología acústica (separación humanx-naturaleza). Con la perspectiva de la ecología de afectos vibracionales, atendemos al medio que habitamos como un ensamble acústico-afectivo-semiótico, que desafina las separaciones entre sonido, como realidad objetiva, y escucha, como realidad subjetiva.

Higuerillas (Ricinus communis) que abrazan el Huerto Agroforestal Universitario (HAU), 

ENES
Morelia UNAM
Figura 2
Higuerillas (Ricinus communis) que abrazan el Huerto Agroforestal Universitario (HAU), ENES Morelia UNAM


Fuente: fotografía del autor.

Para Ingold (2024, 316), sonido y escucha son dos aspectos de una misma experiencia de inmersión en un medio, nuestro medio que es, a la vez, cósmico y afectivo. El sonido no es ni psíquico ni físico, sino algo como un “índice de complicidad”, una situación en la que prestamos oídos y damos forma simultáneamente al cuerpo que escucha y al cuerpo sonoro.

Seguir esta perspectiva, afectiva vibracional, para escuchar a las plantas convoca realizar prácticas de contacto que atiendan a las singularidades que surgen de los encuentros. Para escuchar esas singularidades, sin estandarizar la diversidad de formas de ser vegetal, se requiere cultivar vínculos, aprender a escuchar y responder en consecuencia, como se propone con los gestos agroecológicos que se desenvuelven en el HAU de la ENES Morelia.

Breve historia de enredos natural-culturales entre higuerillas y personas

La higuerilla puede convertirse en un habitante “problemático” para los huertos (figura 2). Problemático por diferentes motivos: es considerada una planta arbustiva “invasora” que compite con otras plantas cultivadas por los recursos disponibles (agua, luz, nutrientes); se establece fácilmente y muy rápido en muchos lugares aun en condiciones poco favorables para otras plantas; genera “desorden” en las parcelas; dispersa por “explosiones” muchas semillas a grandes distancias (hay registros de hasta más de 10 metros) que resultan tóxicas para muchos animales y que, además, pueden permanecer en latencia por mucho tiempo en el suelo; florece casi todo el año y no depende de polinizadores especializados para su reproducción.

Las higuerillas se relacionan de muchas maneras con su entorno y lo transforman. Por ejemplo, presentan sustancias químicas con efectos insecticidas y nematicidas (Gonzáles Díaz y Cabrera La Rosa 2017). Además, el exudado de las raíces de la higuerilla “tiene efectos mortales sobre las larvas de primer estadio de Gymnetis bonplandii Schaum (Coleoptera, Scarabaeidae), llamadas también ‘gallinas ciegas’ […] una plaga subterránea muy común en suelos con alto contenido de materia orgánica” (353), por lo que se ha evaluado su potencial para ser utilizada como componente biológico en el manejo de plagas.

Las raíces del ricino son muy flexibles (Valdés-Rodríguez et al. 2020) y, como sucede con todas las plantas, en mayor o menor medida, generan “enredos” para sostener el suelo. Esto es muy evidente en las pendientes o laderas donde crecen las higuerillas, cuyas corporalidades extendiéndose reducen la erosión y el deslave. “Las raíces de las plantas permiten evitar la pérdida del suelo al formar mallas que lo retienen, especialmente en suelos arenosos debido a la poca cohesión de estos sustratos” (1). Las raíces realizan un gesto de “agarre”, posibilitado tanto por las cualidades de las raíces como por el ecosistema del suelo, interrelacionándose, es decir, la planta sostiene el suelo tanto como es sostenida por este (figura 2). 5

La higuerilla tiene una larga historia de asociaciones y vínculos con los seres humanxs quienes aprovechan casi todas sus partes (hojas, tallos, raíces, semillas) para muchos propósitos. De sus semillas se extrae el famoso aceite de ricino empleado para males estomacales y elaborar velas; en la industria para hacer cosméticos, jabones y plásticos; recientemente, en Oaxaca (México), se ha aprovechado el aceite como biocombustible (CORTV 2018; Gobierno de México 2017; Jiménez 2018; Petrobanca 2022; Mayén 2018).

Es originaria de las zonas tropicales del este de África, habita en climas cálidos, semicálidos y templados, y se ha cultivado y naturalizado en muchas regiones del mundo. Se afirma que llegó a América desde África durante el proyecto colonial de la Europa del siglo XVI.

Su presencia en América fue registrada en el siglo XVI por Fernández de Oviedo (1535) en La Española (República Dominicana-Haití), isla que constituyó el primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo (Keller et al. 2018, 24).

La higuerilla llegó a México con los españoles, quienes la usaban como recurso energético “para encender lámparas, para iluminar viviendas y calles” (Vázquez Chun 2020, 12). En México, esta planta se mencionó por primera vez en el Códice Florentino del siglo XVI, donde se describe que se usa untada la semilla para el cuerpo hinchado, ventosidades, hidropesía y dolores de articulaciones. También es empleada para otros malestares del estómago y manchas en la piel, principalmente del rostro (19).

Actualmente, en diferentes regiones de México, se utilizan hojas, tallos, raíces y semillas para curar múltiples padecimientos, tales como disminuir la fiebre, tratar los corajes, la bilis y el mal de orín.

Las hojas frescas se colocan sobre el estómago para sacar el calor, o en el vientre para contrarrestar los dolores de parto, o calentadas y puestas sobre el estómago, amarrada con un trapo durante toda la noche, como antiespasmódicas. De igual manera, se ocupan para contrarrestar cólicos o dolores de inflamación (Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana 2009).

Las semillas de la higuerilla contienen una albúmina llamada ricina, una sustancia tóxica para la que no hay antídoto. Existen muchos casos históricos de envenenamiento con ricina 6 y otros en los que fue empleada en atentados contra presidentes de Estados Unidos. 7 Además, otras partes de su cuerpo resultan potencialmente peligrosas para el consumo humano si no se sabe cómo emplearlas, por lo que la higuerilla fue incluida por la Secretaría de Salud de México en 1999 en el “Acuerdo por el que se determinan las plantas prohibidas o permitidas para tés, infusiones y aceites vegetales comestibles”, 8 por los riesgos a la salud que implican, y aunque el acuerdo fue modificado en 2018 por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) en México, el ricino sigue siendo parte de la lista (figura 3).

Inflorescencia de la higuerilla. Morelia (Michoacán, México), agosto de 2023
Figura 3
Inflorescencia de la higuerilla. Morelia (Michoacán, México), agosto de 2023


Fuente: fotografía del autor.

¿Qué otros vínculos pueden cultivarse con la higuerilla?

Esto no es un ejercicio de antropomorfismo, es decir, una representación de las plantas según el modelo del ser humano; más bien, es una oportunidad para vegetalizar tu cuerpo ya más que humano. Para despertar la planta latente en ti, necesitarás interesarte e involucrarte en las cosas que les importan a las plantas. Sigue las plantas. Déjate atraer por sus giros tropicales y adquirirás nuevas destrezas sensoriales vegetalizadas. (Myers 2014)

El relato sonoro está motivado por la pregunta que le da nombre a esta sección y también por el deseo de honrar a las higuerillas, y un poco de sus historias, que arranqué de la milpa del HAU para que esta prosperara. Asimismo, es una práctica que pretende reivindicar 9 la agencia de las higuerillas y la experiencia de negociación con vidas no humanas que sucedió en el HAU.




En SoundCloud (2025), puede accederse al archivo de audio que oscila alrededor de “Un relato sonoro con higuerillas”.



Visité varias higuerillas, algunas que habitan el HAU de la ENES Morelia y otras en lugares distintos de Morelia y la Ciudad de México. Además, recolecté algunas de sus semillas. ¿Acaso eso representa una interrupción con el ciclo natural de la planta? Pienso que eso sería presuponer que cualquier otro medio que no fuera la dispersión natural (léase “sin intervención humana”) significaría un daño o desequilibrio, una intervención contraproducente que supone que cualquier forma humana de tomar algo implica romper con el orden natural dado, orden que suele ser caracterizado como lo opuesto a la cultura humana. Sin embargo, las higuerillas han logrado sacar provecho de sus alianzas con múltiples prácticas culturales humanas. 10 Humanxs e higuerillas tienen una larga historia de enredos natural-culturales y como especies compañeras (Haraway 2019, 159), que han abierto, y siguen abriendo, posibilidades, compromisos, responsabilidades, parentescos colaterales (más allá de lazos de sangre), y muchos otros ecos que posibilitan alianzas vitales para producir alternativas de existencia. 11

La dispersión de semillas por parte de la planta no es un ejercicio desvinculado de su medio. Cuando la dispersión natural se entiende como algo que solo es responsabilidad de una planta (como si habitara en el vacío), se pierden de vista las alianzas necesarias para que, de hecho, suceda la dispersión. La higuerilla, como cualquier forma de existencia, nunca opera sola, sino que requiere otras agencias, como las del viento, el agua, los minerales, la gravedad, la tensión y distintos animales para persistir y propagar sus semillas.

Ahora bien, tomar algo (semillas, tallos, hojas, sonoridades) no es inocente ni equivalente en todos los escenarios. Ese tomar algo, si bien no es necesariamente un daño, tiene consecuencias para humanxs y más que humanxs. Como cuando se quita la planta por medio del deshierbe y se cancelan posibilidades para que esa singularidad se reproduzca y otras se desarrollen sin esa compañía o competencia, o cuando la planta que se quitó se lleva a la composta que posibilitará otras germinaciones, o cuando se colectan algunas semillas maduras y se evita, o pospone, su germinación (mientras quedan otras semillas viables en la planta que posibilitan su reproducción).

Las consecuencias importan y no todas disponen las relaciones de la misma manera, como sugieren Stengers y Pignarre (2018), “el pragmatismo es un arte de las consecuencias, un arte de ‘prestar atención’ que se opone a la filosofía de la tortilla que justifica los huevos rotos” (51).

En el terreno pragmático del pensar-con y sentir-con otrxs las consecuencias de nuestros encuentros, es donde pueden sembrarse responsabilidades, compromisos y cooperaciones afines. 12 Establecer conexiones afines con otras formas de existencia, como propone Despret (2025), no es imitar las formas en que otros seres se relacionan entre sí, sino que “es entrar en el juego de la inducción recíproca. Esto crea una nueva conexión en la red de ‘afinidades inextricables’, una ‘conexión afín’ […] Es llegar a devenir con ellos y (a partir) de ellos”.

Las plantas, aunque son seres sésiles (sujetas a un sustrato), no son seres inmóviles, están en movimiento y, como efecto de su agencia, o su enredo en agenciamientos, afectan y vuelven capaces de accionar y también de afectar, de múltiples formas, a otrxs seres.

Propongo algunas hipótesis desde el campo de las sonoridades y la escucha: a través de explorar relaciones de contacto (no solo de piel a piel, sino también con otros sentidos y con historias de enredos natural-culturales), es posible cosechar algunas sonoridades, por ejemplo, con una grabadora de audio y también como memorias derivadas del contacto; pero, para involucrarse en el “juego de la inducción recíproca” (Despret 2025), se requiere una perspectiva acústico-afectiva que no solo considere un tipo de vibraciones que llegan a los oídos, sino también otras afectaciones vibrátiles que modulan las potencias de actuar. Al prestar atención a esas modulaciones, aparecen rutas posibles para establecer responsabilidades y compromisos, agarres y apoyos mutuos (figura 4).

¿Las plantas son seres silenciosos? Existen algunas investigaciones que dan cuenta de algunos sonidos emitidos por las plantas cuando son sometidas a estrés hídrico (Khait et al. 2023), conocidos como cavitaciones, 13 que, en la mayoría de los casos, sobrepasan las frecuencias que percibe el sistema auditivo humano, pues suceden en el rango de los ultrasonidos (de 20 a 150 kHz), aunque sí son perceptibles por otros mamíferos y algunos insectos.

Picogordo azul(Passerina caerulea) e higuerilla enel Huerto Agroforestal Universitario(HAU), ENES Morelia UNAM,agosto de 2023
Figura 4
Picogordo azul(Passerina caerulea) e higuerilla enel Huerto Agroforestal Universitario(HAU), ENES Morelia UNAM,agosto de 2023


Fuente: fotografía de Ignacio Torres García.

Los sonidos vegetales, como las cavitaciones y otros más, surgen de un proceso de interacción entre la corporalidad vegetal, su medio circundante y otra corporalidad que transduce esas vibraciones (por ejemplo, oídos animales o medios técnicos). Propongo que el sonido siempre es la emergencia de múltiples interacciones. El sonido que escuchamos, por ejemplo, cuando el viento mueve las hojas de un árbol, implica un ensamble singular que se genera en ese encuentro (entre viento y hojas). Según el tipo de viento y de hojas, el sonido será diferente, pero, además, ese sonido dependerá del tipo de escucha que practiquemos. Así, el viento, las hojas y los oídos situados en un contexto particular generan un ensamble del que emergen sonidos y también sentidos.

Pienso que el sonido es una experiencia, como propone Ingold (2I024), y como tal es la emergencia de interrelaciones, o articulaciones, situadas (corporales, sociales, ambientales, biológicas, culturales, tecnológicas) y no un objeto que aprehendemos del exterior.

Cuando movemos las plantas con las manos o caminamos sobre la hojarasca seca, la sonoridad, como un tipo de propiedad emergente, proviene de la interacción entre cuerpos en contacto, que tocan y que oyen.

Las plantas emiten sonido al contacto, es obvio, pero no se asume que eso sea su sonido. Y claro, no es su sonido, porque el sonido de algo o alguien es la emergencia de una interrelación somática, ambiental, técnica y social, y no un objeto que se traslada de un sitio a otro.

Cada sonido es compuesto por la interrelación de diferentes agentes, y no todos los sonidos y agentes están en el rango de percepción humana. Además, cada sonido deviene también agente que afecta las interacciones. Podemos escuchar las plantas cuando las tocamos, así como cuando tocamos un instrumento musical. Nos escuchamos con ese instrumento musical como ensamble. No es lo mismo improvisar con un violín que con un arpa, pues los contactos y las materialidades articulan diferencias audibles.

A lo que voy es que hay una negociación particular entre materialidades que vuelve creativxs a quienes entran en contacto (personas, plantas, instrumentos musicales, pero también softwares, equipos de audio, espacios públicos, galerías, etc.). Materialidades que tienen historias y han sido configuradas por relaciones ambientales, sociales y evolutivas. “Las formas de ser son efectos emergentes derivados de los encuentros” (Tsing 2023, 49). A eso se refiere, entre otras cosas, que la materia tiene agencia, no intencionalidad considerada una causa externa que pone en movimiento los objetos del mundo.

Cuando hacemos contacto con las plantas, la cuestión no es tanto cómo las “activamos” (ya sea sonoramente o de otra manera), sino cómo sugerimos y dejamos que nos sugieran rutas posibles de coanimación, otra manera de entender los agenciamientos, que den distintas consistencias a las relaciones.

La coanimación también desafina la dicotomía entre movimiento y quietud, desplazamiento y emplazamiento:

Después de todo las emociones se están moviendo, incluso aunque no solo se muevan entre nosotros. Hay que recordar que la palabra “emoción” viene del latín emovere, que hace referencia a “mover”, “moverse”. Por supuesto, las emociones no se tratan solo del movimiento, también son sobre vínculos o sobre lo que nos liga con esto o aquello. La relación entre movimiento y vínculo es instructiva. Lo que nos mueve, lo que nos hace sentir, es también lo que nos mantiene en nuestro sitio, o nos da lugar para habitar. Por tanto, el movimiento no separa al cuerpo del “donde” en que habita, sino que conecta los cuerpos con otros cuerpos: el vínculo se realiza mediante el movimiento, al verse (con)movido por la proximidad de otros. (Ahmed 2017, 36)

Para Ahmed (2017) y Rolnik (2019b), estrechar vínculos moviliza cuerpxs y afectaciones que inciden en las posibilidades de acción, percepción y pensamientos en circunstancias particulares. Coanimación es algo como pulsar y ser pulsado por energías vitales, proceso que incide en nuestro sensorio y demanda la invención de algo, puede ser una palabra, una idea, la creación de formas de cohabitar, de escuchar y sonar.

Escuchar a las plantas es escucharse en contacto con ellas y a ellas en su medio. Pero esos contactos requieren tacto, como cuando decimos que se necesita atención, cautela o cuidado, pero no porque las plantas sean de por sí frágiles. Eso es algo que se aprende de estar en contacto con ellas, dado que no todos los seres vegetales son lo mismo y ejercemos violencia sobre ellas cuando las tratamos como si fueran un mismo tipo de ente homogéneo.

Para tratar de percibir las consecuencias de los contactos y encuentros con higuerillas de manera pragmática, en cada visita que realicé a las higuerillas busqué cultivar tonos. Cultivar como un proceso de involucramiento que pregunta, escucha y responde a las afectaciones, prestando atención a las relaciones de apoyo, soporte, alianzas y conflictos. Así, los tonos que se cultivan no solo son musicales, sino también corporales, afectivos y discursivos. 14 Acercarse prestando atención a los tonos (etimológicamente tensiones) que emergen cuando proponemos un contacto, un agarre o un apoyo es una manera de entablar relaciones diferente de cuando el contacto se realiza desde las presuposiciones de lo que otrx ser quiere o puede hacer (Bardet 2021).

Pensar y sondear los puntos de contacto y atender a las variaciones entre tensiones y distensiones corporales derivadas de encuentros es un modo de desentonar (o desafinar) algunas perspectivas dicotómicas que asumen la separación entre pasivo y activo, material e inmaterial, interior y exterior, tocar y ser tocado, mirar y escuchar, técnica y naturaleza, sujeto y objeto (Bardet 2021, 93).

Siguiendo con las manos, la mirada, el olfato y los oídos, las tensiones del encuentro, aparecen diferentes temperamentos (sonoros y afectivos) en la relación. Los temperamentos, o, en otras palabras, diferentes proporciones, relaciones o razones entre los tonos de una escala (musical, pero también de intensidades afectivas), implican distintas maneras de gestionar las tensiones simultáneas (o la superposición de tonos) en grados de consonancia y disonancia.

Para poner un ejemplo, presuponer que la higuerilla siempre es una planta invasora que daña el terreno y a otros seres propone un temperamento del encuentro cuasi policiaco o militarista que vigila y presupone los riesgos de permitirles la entrada a “enemigos” del orden, algo muy distinto del temperamento que se propone mediante un contacto que pregunta y escucha para indagar la situación. Como cuando Alexis Daniela Rivero-Romero, maestra y amiga, que me orientó en la práctica de deshierbe en el HAU, me cuenta que han decidido dejar algunas higuerillas en el HAU, pues se han convertido en “nanas” de otras plantas al darles sombra y soporte (figura 5); pero es necesario quitar algunas higuerillas para que otras plantas cultivadas prosperen en un área propuesta para otras asociaciones. Ese tipo de atención a las situaciones singulares promueve otro tipo de temperamento que evalúa de manera situada las tensiones que aparecen en cada encuentro.

Algo similar podríamos decir cuando el temperamento se basa en el presupuesto de que las higuerillas, o cualquier otra hierba, son siempre seres frágiles. No se trata de ver cómo romperlas sin más, sino de identificar límites y umbrales que modulan las relaciones entre plantas y otros seres y con nosotrxs humanxs.

Una higuerilla
como “nana” de un higo y otras
hierbas cercanas en el Huerto Agroforestal Universitario
(HAU), ENES Morelia UNAM, agosto de
2023
Figura 5
Una higuerilla como “nana” de un higo y otras hierbas cercanas en el Huerto Agroforestal Universitario (HAU), ENES Morelia UNAM, agosto de 2023


Fuente: fotografía del autor.

La higuerilla no es tan frágil ni quebradiza como suponía antes de entrar en contacto con ella. Improvisamos, la higuerilla y yo, mediante el contacto corporal, escuchando los límites de cada quien en cada momento y cosechando sonoridades en una grabadora de audio y en la memoria.

Los contactos registrados en la grabadora no solo son los de una persona con una planta. Por ejemplo, el ricino, el viento y la humedad interactúan también. Las superficies amplias de sus hojas, a veces más lisas y otras veces más estriadas, amortiguan la presión atmosférica, son como membranas poco tensas. Sus tallos huecos y flexibles colaboran con esa tarea de absorber las variaciones de presión.

También existen otras resonancias contingentes cuando exploramos las relaciones de apoyo. La fricción sobre sus hojas, de bordes aserrados irregulares, produce rechinidos que se asemejan al llamado de las golondrinas, en ocasiones, al de la tijereta (Hirundo rustica) y, en otros casos, al de la risquera (Petrochelidon pyrrhonota), que noté porque volaban cerca de donde improvisamos.

Al prestar atención a las maneras en que la higuerilla se asocia con su medio, pueden aprenderse otros tipos de sin-tonía. Las espinas del fruto de las higuerillas las defienden de las manos y su superficie va, con el paso de los días, contrayéndose y resecándose, mientras las espinas, sin dejar de proteger el fruto, devienen ganchos que pueden adherirse fácilmente a la ropa o al pelo de animales, todo hasta que las semillas lisas, brillantes, ovaladas y jaspeadas con tonos grises y cafés son arrojadas en muchas direcciones y de tres en y tres (figura 6). Seguir este modo de asociación que las higuerillas realizan con su entorno para propagarse me hace pensar que, así como su corporalidad se ha conformado por medio de una larga historia de afectaciones, esas asociaciones pueden servir como ejemplo para pensar el concepto de técnica, camino que estaba buscando, pues, el relato sonoro está configurado también por agenciamientos técnico-mediales.

Semillas de higuerilla. Morelia (Michoacán, México), 

agosto de 2023
Figura 6
Semillas de higuerilla. Morelia (Michoacán, México), agosto de 2023


Fuente: fotografía del autor.

Como propone Gilbert Simondon, la técnica es más que un instrumento o un medio para un fin, es un modo de establecer articulaciones, o reticularidades, que asocian medios (milieu) y procesos de individuación (Combes 2017, 103-104). Lo constitutivo de la técnica, la tecnicidad como advierte Simondon, implica poner en relación distintas cosas y existencias, y devenir-con esas relaciones y sus tensiones. Este modo de pensar la técnica puede sugerir que esta no es exclusiva del hacer humano (figura 6).

Pensar la técnica como maneras de devenir a partir de la articulación de diferentes existencias, y no como una herramienta neutral, abre posibilidades para discutir la agencia involucrada en los objetos técnicos, pero también para reflexionar sobre las maneras en que la técnica configura realidades en las que participan humanxs y más que humanxs. La grabación de audio no es la captura de una realidad preexistente, sino que participa en la invención de esa realidad.

La grabadora, el micrófono y los audífonos proponen sus propios criterios de atención, enfoques, amplificaciones, formas de asociación y separación de la diversidad, que complementan e interfieren con otras maneras de escuchar. En ese sentido, la escucha es informada, en el sentido de tomar forma, con la participación de las mediaciones técnicas, lo cual implica un proceso de contaminación del cuerpo que escucha. Contaminación que, como se ha mencionado, no es sinónimo de algo negativo, sino una potencia de transformación e invención de mundos compartidos sin reivindicaciones de la pureza.

Cuando intentamos seguir las historias de las contaminaciones, influencias, variaciones, y otros procesos de información de la escucha, o que le han dado forma a nuestros cuerpos que oyen, encontramos que estas prácticas no son inocentes, tienen compromisos y disposiciones o tendencias preexistentes, que pueden modificarse con la afectación de otros agentes o conservar su estado actual también a partir de la afectación, pero, en estos casos, para mantener las posturas elaboradas de antemano.

El relato sonoro con higuerillas está pensado como una figuración de realidades más que como testimonio de algo preexistente, que intenta hacer coexistir diferentes tendencias de escucha. Así, además de exponer las maneras en que la grabadora y el micrófono escuchan las voces y labores de Alexis Rivero-Romero, Isaac Rhodart Hernández Zamorano y Leonardo Martínez-Torres, que dan cuenta de las negociaciones y los acuerdos establecidos durante la práctica de deshierbe en el HAU, decidí darles algunos tratamientos digitales a las muestras de audio, buscando amplificar y hacer resonar algunas escuchas especulativas coproducidas por medio del contacto semiótico y material con las higuerillas y las mediaciones técnicas. Especulaciones que preguntan, por ejemplo, cómo escuchan diferentes higuerillas nuestros encuentros, qué recuerdos se inscriben en su cuerpo a partir de improvisar juntas o cómo se modificarían las potencias vitales de las higuerillas del HAU si percibieran que algunas de sus parientes están siendo retiradas por humanxs del área de cultivo, pero no de otros lugares.

Cuando tengo la oportunidad de presentar el relato sonoro en vivo, se invoca de otra manera la presencia de la higuerilla. Mediante la luz de una lámpara, o vela, elaborada con aceite de ricino, se afecta un circuito, que construí para la ocasión, que oscila con ayuda de un fotorresistor a diferentes frecuencias y amplitudes, y que, al ser digitalizadas, modifican en tiempo presente el comportamiento de las sonoridades grabadas que cultivamos las higuerillas y yo durante varios días (figuras 7 y 8).

Es decir, la vela encendida, en colaboración con las otras mediaciones técnicas, afecta las vibraciones de algunas torsiones y respiraciones de manos, articulaciones, tallos, semillas y hojas que ya no son, tan claramente, partes de cuerpos independientes. La versión del relato sonoro que acompaña este artículo fue interpretada con una colaboración de la vela.

Con la presencia del aceite de ricino, durante las presentaciones en vivo, me gusta pensar que, así como las sonoridades derivadas de los contactos y los relatos sobre ellas son maneras en que se evoca, o convoca, la higuerilla, el aceite también invoca su presencia de una manera diferente.

Pienso, con Stengers (2025), que no se trata tanto de comprobar por medios científicos si ese gesto de la vela que invoca a las higuerillas pertenece a lo “natural” o a lo “sobrenatural”, ya que ambas categorías son explicaciones de un mismo tipo de medio: el científico que dividió el mundo en solo dos partes: lo “natural” como el dominio que la ciencia puede explicar, y lo “demás”, enviado al lado de la superstición, lo simbólico o la sugestión. Un binarismo que, en el fondo, presupone que solo existe una manera “verdadera” de conocer el mundo y que esa manera pertenece a un solo modo de producir conocimiento en manos de especialistas, lo que reproduce asimetrías de poder y exclusiones.

Tampoco se trata de establecer una nueva manera “verdadera”, invirtiendo la estructura pero sin afectarla, de conocimiento a partir de subestimar, menospreciar o discriminar cualquier forma de saber, sino de desafinar las maneras de generar y practicar conocimiento para hallar otros temperamentos que escapen del binarismo afinado con el sentido común colonial, patriarcal y capitalista.

Cabe mencionar que a lo que nos referimos con el nombre de Ciencia, con mayúscula, es al ímpetu por conquistar una sola “visión de mundo”; no todas las ciencias, ni lxs científicxs, participan de esa presunción, y no porque sean aliadas de “misticismos” (lo que devuelve todo a la dicotomía jerarquizada entre objetividad y subjetividad), sino, como propone Stengers (2025), porque experimentan y crean situaciones que permiten poner en riesgo las suposiciones y preguntas de las ciencias, creando nuevas preguntas y no respuestas autoritarias, poniendo a prueba la relevancia de la pregunta misma, todo lo cual implica “tomar una posición” sobre la forma en que es abordado el camino de investigación.

Lámpara de aceitede ricino cuya luz hace variarla frecuencia y amplitud de unoscilador de transistores medianteuna fotorresistencia. Morelia(Michoacán, México), agosto de2023
Figuras 7 y 8.
Lámpara de aceitede ricino cuya luz hace variarla frecuencia y amplitud de unoscilador de transistores medianteuna fotorresistencia. Morelia(Michoacán, México), agosto de2023


Fuente: fotografía del autor.

La posición que tomé para la configuración del relato sonoro pretende articular las agencias, vitalidades, afectaciones y materialidades particulares de algunxs humanxs, algunas higuerillas y algunos medios técnicos, a través de una política del contacto que no presupone lo que otro cuerpo puede hacer, sino que pregunta, escucha y responde a partir de la singularidad del encuentro.

Guiado por la perspectiva que propone la ecología de afectos vibracionales, propongo una técnica de compostaje que fermenta sonidos, escuchas, semillas, tallos, flores, hojas, contactos, ritmos e historias de las higuerillas, prácticas agroecológicas, grabadoras de audio y computadora, para especular nuevas posibilidades de escucha y cultivar distintos temperamentos y tonalidades afectivas (Goodman 2010) con las higuerillas, pero también con otras plantas y otrxs humanxs. Tonalidades afectivas que desafinen las oposiciones entre cultura y naturaleza, sujeto y objeto, activo y pasivo, para negociar otras formas de coexistencia.

En el HAU, se cultivan distintos temperamentos para involucrarse con y dar cuenta de la diversidad semiótico-material que se gesta. Además, es un espacio donde se presta atención a las tonalidades afectivas que emergen de las relaciones para generar alianzas y mediar conflictos con otros saberes humanos y con muchos tipos de existencias.

Pienso que una vía fructífera para generar alternativas de coexistencia entre humanxs y otras formas de existencia puede surgir cuando prestamos atención a la ecología política de los afectos vibracionales que nos da forma y que configuramos con otrxs existentes, pues no basta con reconocer las agencias de otrxs seres para reaprender a coexistir y lograr la justicia socioambiental. Siguen existiendo desigualdades y violencias coloniales-extractivas-patriarcales que movilizan y capturan las existencias, atenciones y vitalidades humanas y más que humanas. Pero la justicia multiespecie tampoco llegará si solo se modifican relaciones productivas, jurídicas y de distribución de la riqueza (transformaciones macropolíticas), a menos que se descolonicen y reivindiquen otras formas de saber, sentir y gestionar los temperamentos y las tonalidades afectivas que animan alternativas de deseo y subjetivación (transformaciones micropolíticas) humanas y de otras formas de existencia. 15

Afectar y ser afectado por las ecologías políticas de afectos vibracionales, ya sea en un espacio como el HAU u otro, es un camino pragmático y complementario, no la única vía, para componer colectivamente modos de vida y de muerte con dignidad y justicia.

Agradecimientos

Agradezco profundamente a las higuerillas (Ricinus communis) del Huerto Agroforestal Universitario (HAU) ENES-Morelia, UNAM y de la Ciudad de México, co-creadoras del relato sonoro; a Alexis Rivero-Romero, Isaac Rhodart Hernández Zamorano, Leonardo MartínezTorres y, en general, al equipo del Laboratorio de Estudios Transdisciplinario sobre el Ambiente (LabETA), así como a Tania Alejandra Tovar Rodríguez por su acompañamiento, apoyo y retroalimentaciones; a Gabriela de Castro Cancelado y a Luis Gabriel Mesa Martínez por su lectura cuidadosa y valiosos comentarios.

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Notas

* Artículo de reflexión derivado de la investigación doctoral que actualmente realizo en el programa de Maestría y Doctorado en Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

1 Las palabras arvense y ruderal son términos botánicos para las especies silvestres cuyas poblaciones “se desarrollan exclusiva o primordialmente en ambientes antropogénicos” (Espinosa-García y Sarukhán 1997, 15).

2 La contaminación, como la propone Tsing (2023), se refiere a “la transformación a través del encuentro. Los individuos autónomos no se ven transformados por sus encuentros: los utilizan para maximizar sus intereses, pero permanecen inmutables a su influencia” (57). Contaminación, y no solo colaboración, para no romantizar las relaciones y desarmar relatos que apelen a la pureza como motor de acción. La contaminación no es lo malo y la colaboración lo bueno. “La contaminación crea diversidad” (59). “La evolución de nuestros ‘yoes’ ya está contaminada por historias de encuentros; ya estamos mezclados con otros antes de empezar siquiera una nueva colaboración. Y lo que es aún peor: estamos mezclados en los proyectos que nos hacen más daño. La misma diversidad que nos permite entablar colaboraciones surge de historias de exterminio, imperialismo y demás” (67).

3 Por ejemplo, Vargas García y Varela Trejo (2024) sostienen que “la palabra ‘multiespecie’ responde a la existencia de otras palabras que nos hablan de mundos vivos y de entramados constitutivos: yawe para el pueblo patawatomi, ubuntu para los pueblos del África bantú, la Pacha mama/mapu en los pueblos andinos, el ayni boliviano, en fin; nombres que aluden a las íntimas conexiones entre los seres, a la existencia compartida y a la vitalidad interdependiente y frágil” (163).

4 De manera sintética, el temperamento, en sentido musical, es diferente del concepto de afinación y se refiere a un procedimiento de “ajuste del tamaño de los intervalos que conforman la octava” (Padilla 2021). En otras palabras, los cambios en las razones o proporciones entre los tonos (notas) de una escala tienen consecuencias en las consonancias y disonancias que aparecerán en el momento de disponer simultáneamente elementos (tonos) de esa escala. Jugar con las relaciones entre tensiones tiene consecuencias en las estructuras (escalas, acordes) resultantes y también en la percepción. La afinación, por otro lado, “es un proceso en el que, partiendo de un sonido de referencia, se logra que las alturas de los sonidos mantengan una relación predeterminada entre sí. Ese sonido debe ser igual a alguno de los sonidos estándar de referencia (por ejemplo, La 440 Hz)” (Padilla 2021).

5 Al respecto, Valdés-Rodríguez et al. (2020) advierten que “las raíces de las plantas atenúan las cargas por exceso de agua al extraer la humedad del suelo y disminuyen la erosión, al aumentar la capacidad de infiltración y evitar los escurrimientos. Adicionalmente, las raíces refuerzan el suelo porque su presencia lo convierte en un material compuesto por fibras que incrementan su resistencia al corte” (2).

6 Por ejemplo, una bala con ricina fue usada para matar en 1978 a Georgi Markov, un colaborador de la BBC, acusado de disidente del régimen comunista de Bulgaria (“Georgi Markov, el periodista de la BBC que fue asesinado con un paraguas envenenado” 2016).

7 En 2014, un hombre del estado de Misisipi fue sentenciado a veinticinco años de prisión por enviar cartas con ricina al expresidente Barack Obama y otros funcionarios. En otra ocasión, una carta que contenía ricina y que estaba dirigida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue interceptada antes de llegar a la Casa Blanca (“Qué es la ricina, la sustancia letal encontrada en una carta dirigida a Trump” 2020.

8 La higuerilla aparece en el listado de plantas prohibidas por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para su uso en infusiones, tés y suplementos alimenticios (Diario Oficial de la Federación 1999).

9 “Reivindicar significa recuperar y, en este caso, recuperar la capacidad de honrar la experiencia, cualquier experiencia que nos importe, como ‘no nuestra’, como experiencia que nos ‘anima’, porque nos hace testigos de lo que no somos nosotros” (Stengers 2025).

10 “D’Orbigny (1945) en su obra ‘Viaje a la América Meridional’ destaca la presencia del ‘ricino’ o ‘palma-christi’ y lo ubica en los sitios donde los indígenas [en Suramérica] fijaban su residencia momentánea durante las campañas militares. Aludiendo además que ‘[…] es un indicio que no engaña nunca, es el compañero fiel del hombre en sus migraciones, lo sigue a todas partes y que no brota lejos de él. Es necesario que este prepare la tierra donde esa planta debe vivir’” (Keller et al. 2018, 25).

11 “En comunidades guaraníes contemporáneas de Misiones y Corrientes (Argentina) la especie [Ricinus communis] es denominada amba’y, y es muy frecuentemente cultivada en el entorno de las viviendas como árbol de sombra y para aprovechar sus virtudes medicinales […]. Interlocutores guaraníes Mbya de la comunidad Pindoty, San Ignacio, Misiones sugieren que por el solo hecho de cultivarse esta especie en el contexto hogareño los niños aprenden más tempranamente a erguirse y caminar […]. Amba’y: el árbol de las varas para erguirse” (Keller et al. 2018, 26-28).

12 Como propone Despret (2025), “tomemos en serio el concepto de ‘afín’ que se refiere al límite de la red de afinidad, ad finitum”.

13 La cavitación es “un proceso en el que se forman burbujas de aire que se expanden y colapsan en el tejido vegetal encargado de transportar agua, sales minerales y otros nutrientes, principalmente desde la raíz” (Cruz Rosas 2023).

14 De acuerdo con Bardet (2021): “Hacer, entonces, una pregunta por las tonalidades, una transversalidad radical (de raíz horizontal) con la que y desde la cual tejer juntos el tono muscular que varía los modos de apoyo/soporte, el tono de la voz que varía con los huecos hechos para los silencios de escucha, el tono del pe(n)sar que varía con los modos de su consistencia. ¿Cuál es, entonces, la consistencia de esas ‘imágenes’ espesas, intangibles, que emergen en esas relaciones de sostén y apoyo hápticos que no nos ‘representan’ quizás tanto, sino que nos hacen refugios para nuestras pieles y nuestros imaginarios?” (121).

15 Al respecto, Rolnik (2019b) sostiene: “La desarticulación entre ambas esferas de combate, macro y micropolítica, solo contribuye a la reproducción infinita del statu quo. Más grave aún es cuando se establece entre sus agentes una conflictiva polaridad, en la que hay una demonización recíproca en torno a lo que sería la supuesta ‘verdadera actitud revolucionaria’ […]. Nuestro desafío está, pues, en superar en nosotros mismos la nefasta dicotomía entre micro y macropolítica, buscando articularlas en todos los campos relacionales de nuestra cotidianidad y de nuestros movimientos insurreccionales colectivos” (130-131).

Información adicional

CÓMO CITAR: Lomelí-Bravo, Fernando Javier. 2026. “Un relato sonoro con higuerillas (Ricinus communis)”. Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas 21 (1) : 134-157. https://do.org/10.11144/javeriana.mavae21-1.rshc

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