CONVOCATORIA ABIERTA, VOL 14-2

Arte y Transformación social

Editora invitada: Jimena Andrade

 

 

 

Proponer un dosier planteado desde la perspectiva de la “transformación social” implica una responsabilidad directa e ineludible con el momento histórico y político al que nos debemos. Teorizar sobre la noción de arte y política se debe asumir desde la capacidad práctica de acción de donde emerge y se fortalece por esta teoría. Si nos proponemos una apuesta política desde el arte, ¿qué hacemos, en este sentido, en términos prácticos? y ¿desde cuáles acciones emergen estas ideas interpretativas? Recordamos aquí a Antonio Negri (2005) con cariño: “Cada terreno teórico de interpretación debe emerger desde una capacidad práctica de acción”.

 

A partir de la firma del acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno colombiano, el país vive un periodo de inevitable transformación social y subjetiva. Este periodo inició con los diálogos de paz en La Habana —desde el 4 de septiembre de 2012 hasta el 24 de agosto de 2016— y la posterior firma del primer acuerdo antes del plebiscito el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena. El mismo que después, en sus 310 páginas (posteriores al resultado del plebiscito del 2 de octubre de 2016), estipula pautas referentes a la reparación de víctimas desde la entrega de sus bienes, el desarrollo agrario, la solución al problema de las drogas ilícitas, la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), la ideología de género, el desarme de los guerrilleros y su reinserción social y participación política.

 

La pauta del acuerdo de paz que se refiere al desarme de guerrilleros y reinserción a la vida civil nos deja ante el proceso de tránsito de guerrilleros a las zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN), en las que se concentraron para iniciar, sobre todo, la dejación del 100 % de armas personales de excombatientes el 27 de junio de 2017 (uno de los compromisos primordiales del proceso de paz). Fue un hecho importante en la historia colombiana, que manifiesta la voluntad política del movimiento antes armado y se plantea una posibilidad en el futuro en lo referente a la implementación del acuerdo de paz. Hoy los excombatientes se concentran en los espacios territoriales de capacitación y reincorporación (ETCR) que generan apuestas autogestionadas como alternativa a la reincorporación a la vida civil. Un hecho que producía la mayor incredulidad, escepticismo, y que fue minimizado en su importancia por parte de la sociedad civil en las ciudades, donde el conflicto comunicación desempeña un papel importante y crea una profunda crisis subjetiva en lo que se refiere a esta realidad.

 

Hoy que esperamos en Colombia la implementación del acuerdo de paz frente al nuevo Gobierno, la pregunta como artistas y miembros de la sociedad civil puede ser la siguiente: ¿Cómo estamos contribuyendo con nuestros quehaceres a la implementación del acuerdo? Al respecto, la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (CHCV), creada en el marco de los diálogos de paz en La Habana en agosto de 2014 y que hoy cumple un papel crítico en lo que viene como sociedad, se propuso como insumo fundamental para la Comisión de la Verdad. Pero que el acuerdo se convierta en realidad depende de la acción de los colombianos. Y, claro está, del arte mismo. De manera que no sobra preguntarse por el papel que el arte cumplió en este proceso, por lo que el arte está haciendo y podría hacer para consolidarlo.

 

Según Mabel Tapia,[1] la función estética, como producto de la modernidad, se ampara en un componente ideológico normativo que está en el centro histórico de lo que comprendemos como arte. Lo que en el arte produce cambios en el estado de las cosas desactiva su función estética y pasa a llamarse práctica artística, esto no quiere decir que niegue la estética o plantee un discurso antiestético; simplemente, el papel, el rol (casi pedagógico), que el arte desempeñaba como formador de “juicio” o “actitud estética” no puede ser activado con estas prácticas, ni se las puede abordar a partir de valores estéticos, pues la desactivación de la función estética determina configuraciones que no responden a maneras establecidas que conforman el repertorio simbólico reproducido y difundido dentro del mundo del arte. Desde una perspectiva historiográfica, la posibilidad de una desactivación de la función estética en el campo del arte, en su mayoría, se da en episodios que aparecen desde mediados de la década de los noventa cuando las prácticas políticas se reconfiguran: toma como momentos históricos 1994 con el zapatismo, 1995 con Hijas e Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (Hijos) en Argentina y 1999 con movimientos altermundialistas. A partir de la década de los noventa, ciertas prácticas artísticas, que buscan cambios en el estado de las cosas, suspenden la función estética que el aparato histórico-ideológico ha instaurado desde la creación de la estética como disciplina en 1750 por Alexander Baumgarten, Aesthetica.

 

Al responder a las realidades nacionales que atravesamos en un proceso de posacuerdo, como artistas, podemos contribuir, fundamentalmente, a la construcción de paz desde lo simbólico y lo político, por lo que la presente convocatoria está pensada para artistas que desde sus prácticas contribuyen en las formas de construcción de paz. Esto puede pasar, desde la acción directa con desmovilizados o víctimas, hasta la manera en que desde la cotidianidad se piensan e implementan estos procesos macro, por medio de agenciamientos o acción directa. Así, este dosier convoca a pensar en el papel que el arte ha cumplido, cumple o puede llegar a cumplir en los procesos de transformación social. La sumatoria de experiencias, nacionales o internacionales, nos permitirá referenciar y apropiarnos de otras maneras de hacer que puedan tener resultados fácticos en nuestro aquí y ahora.

 

Desde la socialización y puesta en circulación de múltiples miradas y acciones, nos podemos permitir construir nuevas realidades, en las que, incluso, los errores son un insumo vital. Esperamos una participación que reflexione y potencie el margen de maniobra dentro de la coyuntura histórica. Colombia, con sus urgencias, nos pide pensar artistas que desde sus prácticas musicales, escénicas o visuales contribuyan en las formas de construcción de paz en un sentido amplio.

 

>> Posibles ejes de investigación y reflexión:

 

Activismo: teoría, historia y práctica

Autogestión

Canción protesta

Cine militante

Circo social

Comunidades

Contra historia creativa

Danza inclusiva

Derechos Humanos

Líderes sociales

Memoria

Movimientos sociales

Pedagogía

Poética de la transformación

Propaganda: usos y abusos

Reparación

Resistencia cultural

Resolución de conflictos

Teatro de liberación

Teatro del oprimido o Teatro foro

Terapia

Víctimas

Representación(es) del (los) conflicto(s)

 

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[1] Seminario De-formación, Centro Cultural de España en México, septiembre de 2014. Mabel Tapia es argentina, colabora con instituciones y curadores, investigadora de arte contemporáneo y miembro de la Red Conceptualismos del Sur que actualmente coordina.

 

Referencias

Negri, Antonio (2005). "A Constituição do Comum". 24 e 25 de outubro de 2005. Brasil: Universidade Federal do Rio de Janeiro

 

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