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Dosier 17-1: Prácticas artísticas y creativas: ¿se puede transformar el mundo?

FECHA LÍMITE: 20 DE JUNIO DE 2021 

Durante 2019 una ola de protestas se extendió por el mundo, un mundo donde lo distante se experimenta como próximo: las protestas de Hong Kong se emparentan con las de Santiago. En Colombia, la ola de protestas se manifiesta en noviembre. Ahora Santiago se acerca bastante a Bogotá. La “primera línea” de allá da las pautas para construir la “primera línea” de acá, desde las estrategias de defensa en el espacio urbano hasta el diseño material y gráfico de los frágiles escudos. La efervescencia de la protesta a escala global hace sentir que la lucha es una, se comparten los mismos motivos y afectos: los coros en las calles, las cacerolas en las ventanas, las mismas pañoletas. Todo el espacio se estrecha en las pantallas táctiles de los móviles y los ordenadores. La premisa vertical del tao se torna horizontal: el “como es arriba es abajo” se convierte en el “como es aquí es allá”: la vecindad del dolor, la rabia y la indignación.

Esta vecindad comparte estrategias de movilización, desde los pósters y grafitis, hasta la escenificación del cuerpo en la calle. Algunas veces con la capacidad de extenderse de manera global, como ocurrió con la performance del colectivo feminista chileno Lastesis titulado Un violador en tu camino, realizado por primera vez el 20 de noviembre de 2019 en Valparaíso. Allí se entrecruzan la performance escenificada en la calle, el viralizado en redes y el reapropiado, de nuevo, en las calles de varias ciudades, adaptado y traducido a distintos idiomas como el mapuche, el portugués, el griego, el hindi, el turco, el árabe y el quechua cusqueño. En otro registro, algo semejante ocurrió en Colombia con la circulación de una imagen en octubre de 2019, “¿Quién dio la orden?”, movilizada por la #CampañaPorLaVerdad, que buscó señalar públicamente a los responsables de miles de ejecuciones extrajudiciales realizadas por miembros del Ejército nacional. El mural fue borrado inmediatamente por la Brigada 13. Como en muchas acciones de censura, la borradura hizo aún más visible el mensaje al viralizarse en redes. Esa imagen, la pura imagen, volvió a hacerse cuerpo en las calles, estampada en camisetas, pañoletas y carteles que acompañaron las protestas de noviembre. La imagen se censura, pero se sale del control del censor.

Es claro lo que una imagen puede movilizar y activar, a pesar de su modestia. La imagen modesta es la imagen pobre sobre la que reflexiona Hito Steyerl, puede ser también una imagen para la investigación forense, tal como lo hace Forensic Architecture (Eyal Weizman) en la reconstrucción de casos de violación de derechos humanos mediante las imágenes capturadas por un smartphone o una cámara de seguridad. Imágenes de baja resolución, mal encuadradas, con pésima luz y audios inaudibles. No obstante, son el indicio de algún crimen. Los videos que muestran a unos policías asfixiando a George Floyd hasta la muerte encienden una ola de protestas con la consigna #BlackLivesMatter, que unió a Mineápolis con Bristol, donde se derribó la estatua del traficante de esclavos Edward Colston. Una forma de corregir la historia desde la perspectiva de los vencidos que se extiende por distintas partes del mundo, hasta El Morro de Tulcán, en Popayán, donde manifestantes de la etnia misak derribaron el monumento ecuestre al conquistador Sebastián de Belalcázar, señalado de genocida.

Esta práctica, la de derribar monumentos, ha estado unida a otra: la de transformar la idea misma de monumento mediante las designaciones monumento negativo, contramonumento, monumento de papel, monumento móvil, antimonumento, etc. Esta transformación va acompañada de un movimiento que va del artefacto (el monumento como tal) a la recuperación de las prácticas (la memoria viva). Hay algo en común en algunas de ellas: son de carácter efímero, inmateriales o invisibles, en lugar de lo vertical se mantienen a ras de suelo o en el subsuelo, de ahí que la mirada ya no se dirija al cielo sino al piso o al empedrado, así que es necesario inclinarse o aguzar el oído para percibir aquello que ha desaparecido del campo visual. Cuando el monumento negativo busca que nos inclinemos, hace que dirijamos nuestra mirada hacia la historia de los vencidos.

Bien sea la performance de Lastesis, el mural “¿Quién dio la orden?”, la masiva decapitación de monumentos y la emergencia de monumentos negativos, la protesta social no se circunscribe hoy día a los territorios nacionales. Su naturaleza es la desterritorialización propiciada por las TIC, cuya lógica oscila entre las pantallas y las calles, entre lo virtual y lo real. En esos intersticios, operan los cuerpos y las imágenes del arte y la creación. Un fenómeno reciente sobre el que necesitamos saber y aprender más. La convocatoria de este dosier busca comprender la diversidad de prácticas artísticas y creativas unidas a la protesta social. Formas de movilización a escala global que manifiestan continuamente los fallos del mercado y el Estado.

 

Posibles ejes de investigación:

 

Música:

 

  • La música en las manifestaciones públicas (protesta, flash mob, coros)
  • Música y activismo
  • Música y subversión
  • Umbrales sonoros, música y poder
  • Censura y propaganda en la música
  • Músicas hegemónicas/músicas resistentes

 

Artes visuales:

 

  • Activismo gráfico y artístico
  • Monumentos negativos (contramonumento, monumento de papel, monumento móvil, antimonumento)
  • Estética forense (Forensic Architecture)
  • Memética (articulación de la protesta mediante distintos lenguajes en redes sociales)
  • Artes visuales y subversión
  • Censura y propaganda en las artes visuales

 

Artes escénicas:

 

  • La performance en las manifestaciones públicas
  • La danza y el teatro en las manifestaciones públicas
  • La multitud en las calles como una manifestación sensible del cuerpo expresivo
  • Censura y propaganda en el teatro, la danza y la performance
  • Escena y subversión

 

Cine y audiovisuales:

 

  • Cine y video como espacios de creación y denuncia
  • La calle como foro, superficie plástica, escena de la resistencia o espacio para la colectivización de la expresión

 

 

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